“Uruguay es un cisne blanco en la región”

El politólogo Gerardo Caetano es uno de los analistas uruguayos más requeridos por los medios de comunicación y centros de investigación zonales que siguen con atención la coyuntura del vecino país. Es Docente en la Universidad Nacional de la República, es parte del Sistema Nacional de Investigadores. A su vez preside el Consejo Superior de FLACSO a nivel continental. Columnista político, historiador de formación, Caetano llegó a Buenos Aires para participar de una mesa de debate organizada por la revista latinoamericana Nueva Sociedad sobre los nuevos desafíos de la izquierda.

 

SES América Latina aprovechó su presencia para inaugurar una serie de entrevistas en las que consultaremos a investigadores tanto de Uruguay o Bolivia para intentar hacer una radiografía del sistema político y del perfil de inserción regional de Montevideo y La Paz y así entender con otros ojos el impacto que tendrán las elecciones presidenciales de octubre en esos dos países.

 

-Uruguay suele ser elogiado por un sistema político equilibrado tendiente a establecer acciones gubernamentales de largo plazo. ¿El Frente Amplio y los partidos tradicionales han establecido políticas de Estado?

 

-Lamentablemente la respuesta es no. La pregunta suele ser una errónea percepción externa que no se confirma en la realidad. Y lamento llegar a esa conclusión porque Uruguay es un país ideal para decir lo contrario a lo que acabo de afirmar. Los partidos políticos principales podrían haber alcanzado un consenso para prolongar ejes en cuatro o cinco áreas estratégicas: educación, medio ambiente, integración, ciencia y tecnología. Sin embargo, no se concretaron ese nivel básico de coincidencias entre los principales partidos. Lo cual es un problema porque para que Uruguay pueda pegar un salto la clase política debería hilar un fuerte denominador común. Y repito las condiciones están. En el sentido de que hay partidos fuertes, los cuadros técnicos de esos partidos tienen grandes acuerdos. No es falta de libretos, es ausencia de voluntad política.

 

-¿Qué factores alientan esa dispersión?

 

-Veo que la política está en campaña permanente, los partidos están siempre en modo proselitista, y en los gobiernos persiste el desinterés en acordar políticas comunes con la oposición.

 

-¿No hay fuertes coincidencias entre oficialismo y oposición en el perfil de inserción regional que debe cumplir Uruguay?

 

-En ese eje debería haber ciertas coordenadas de acuerdo y sin embargo ni siquiera ocupa un lugar relevante en el debate de la campaña. En general no lo ha sido. Me parece insólito porque un país pequeño, que no tiene estrategia aislacionista posible, debería priorizar la discusión en torno a los grados necesarios de apertura económica. Simplemente basta ver el mapa para advertir que somos un país de pequeña escala, sobre todo poblacional, entre dos gigantes. No podemos llevar adelante una política anti regional, del mismo modo debemos evitar encerrarnos en la región porque si no quedamos prisioneros de Brasil y Argentina.

 

-¿Por dónde debería transitar entonces la agenda regional de Montevideo?

 

-Ejes importantes: radicación regional, apertura controlada, ver a la plataforma zonal como un soporte para negociar en mejores condiciones hacia el mundo. La región no puede ser un mercado volcado a la sustitución de importaciones, no nos conviene un regionalismo cerrado. Pero, adolecemos de grandes acuerdos. Ni siquiera hay una coincidencia plena en el Frente Amplio sobre política exterior.

 

-¿La tensión es entre el sector de José Mujica contra la corriente de Danilo Astori?

 

-A ver, el mujiquismo es muy pragmático. Mujica es un genuino integracionista, su visión de la región entiende a la Argentina en un grado de hermandad. Ha sido el presidente más pro argentino de Uruguay. Ha llegado a decir que con Argentina más que hermanos somos gemelos. Lo hace porque es su interpretación de la historia. Sin embargo, durante su mandato padeció los cortocircuitos comerciales que existieron cuando Cristina Fernández era presidenta.

 

-¿Lo padeció?

 

-Sí, porque percibió la tensión bilateral como un gran desencuentro. Argentina instrumentó medidas muy proteccionistas en esa etapa que afectaron a nuestra economía. Volviendo a lo que estaba diciendo me parece necesario obviar un fuerte posicionamiento nuestro contra los TLC. Y eso que, en su momento, con la primera presidencia de Tabaré Vásquez, me pronuncie junto a otros intelectuales en contra a firmar un acuerdo libre aduanero con Estados Unidos. Entendíamos que Washington en ese momento buscaba poner una cuña en el Mercosur, ese era su interés dado el tamaño de nuestra economía. Nos parecía una tormenta perfecta. Uruguay no debe ser un Gibraltar en el Río de la Plata. Finalmente se acordó un TIF, que es un acuerdo de menor rango. Hoy los paradigmas tecno-económicos son otros. Me parece errónea esa postura anti aperturista.

 

-¿Cuál es la mirada de la oposición al respecto?

 

-La diferencia es que los Partidos Blanco y Colorado no incorporan ningún matiz o resguardo al momento de fomentar un perfil abierto de inserción. Ellos proponen hacer TLC bajo cualquier condición con todos los actores o bloques estatales bajo la idea peregrina de recuperar la soberanía económica. Por eso proponen un TLC con China. También impulsan salir de las fronteras del Mercosur, adherir al llamado Grupo de Lima, respaldan posturas intervencionistas para solucionar la crisis venezolana.

 

-¿El acuerdo con la Unión Europea no es parte de la agenda electoral?

 

-No, de ninguna manera. Quizás porque hace años que Uruguay propone y adhiere a ese pacto comercial. Más allá de los detalles del acuerdo con Bruselas, y por ahora hay opacidad, yo diría que para Uruguay es una buena salida porque somos algo así como una pequeña isla progresista en el actual arco regional. A pesar de que comerciamos con casi 160 mercados tenemos aún problemas de inserción. Por ejemplo, nuestro principal socio comercial es China, y eso implica limitaciones porque competimos por insertar nuestros productos contra países que no pagan aranceles para ingresar a Beijing.

 

-¿Cuál es la visión desde Uruguay del delicado momento de Argentina y Brasil?

 

-Se sigue con mucha preocupación todo lo que sucede en la región. Que nuestros dos vecinos más importantes estén gobernados por (Jair) Bolsonaro y (Mauricio) Macri no es una grata noticia. El derrumbe de la economía argentina es muy grave para nuestro país. Y la oposición uruguayo vendió el modelo argentino de rebajar impuestos y perseguir sindicatos. Entonces hay una expectativa sobre el cambio de gobierno aunque como decía el recuerdo no es bueno sobre cómo fue la relación bilateral con el kirchnerismo. Percibo que Alberto Fernández es distinto. Sin embargo, hizo declaraciones ingratas cuando se refirió a Uruguay como un paraíso fiscal cuando dio a entender que Antonini Wilson fugó sus dólares en Montevideo.

 

-¿Uruguay es más restrictivo ahora con el movimiento de capitales?

 

-El Frente Amplio avanzó firmemente en esa agenda. Por eso insisto me pareció una reflexión política poco sensata de Fernández. Igual creo, como decía, que Alberto Fernández cultiva una buena mirada de la región. Incluso en el inicio de su campaña visitó a Mujica. Si Fernández reorienta al país en una perspectiva regional integracionista va a encontrar en Uruguay a un socio importante. Somos una economía pequeña pero somos un país que califica porque un Mercosur sin la mediación uruguaya no es creíble. Entonces los países grandes de la región deberían cuidar la relación con nosotros para lograr un bloque más equilibrado. A futuro opto por un acuerdo zonal que evite la mirada fondomonetarista de Macri pero también los sesgos mercado- internistas que marcaron por momentos las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

 

-¿Por qué surgieron partidos nuevos en la oferta electoral uruguaya?

 

-Lo que ocurre es que Uruguay no es ajeno al giro regional a la derecha. ¿Eso cómo se configura? Bueno que una política muy previsible y cauta como la uruguaya hoy está sujeta a la aparición de cisnes negros entre la clase política. Por ejemplo (Juan) Sartori (compitió en las internas del Partido Blanco) es un empresario devenido en político que ni siquiera nunca había votado en una elección. Y estuvo cerca de ganar.

 

La candidatura de (Guido) Manini Ríos es un grave problema. A inicios de este año fue Comandante del Ejército producto de una equivocada gestión ministerial impulsada por el ex guerrillero fallecido Huidobro, quien era partidario de gestar una reconciliación con los sectores nacionalistas de las Fuerzas Armadas. Finalmente fue removido pero el Frente terminó creando un monstruo. No solo es un nostálgico de la Dictadura, además su retórica desborda los marcos institucionales y democráticos. Hoy lidera un partido de ultraderecha al que todos los sondeos le adjudican un interesante caudal de votos. Manini Ríos quizás consiga tres Senadores y diez diputados, eso va a implicar un escollo legislativo para el Frente Amplio en caso de que revalide ser gobierno en unos comicios que emergen como muy competitivos para el oficialismo.

 

-Tras tres gobiernos consecutivos, ¿Cuál es la buena herencia que deja el Frente Amplio a la próxima administración?

 

-Enrique Iglesias (ex funcionario uruguayo en organismos internacionales como el BID) critica a la oposición cuando machaca sobre la pesada herencia frenteamplista. Y lo cito a Iglesias, uno de los uruguayos más influyentes en la comunidad internacional, porque nadie puede acusarlo de tener sesgos oficialistas.

 

En Uruguay está ocurriendo algo previsible, en los últimos cinco años nuestra economía no creció tanto. Estamos en un contexto de desaceleración económica pero a pesar de eso las gestiones del Frente siguen mostrando fortalezas. Hay debilidades, tenemos una desocupación importante, cercana al 10%. Hay déficit fiscal importante en nuestra medida, en torno al 4.7%. Hay baja de inversión aun cuando la pastera UPM consolidó un proyecto de tres mil millones de dólares. Hay desaceleración del consumo interno. Pero, insisto, nunca dejamos crecer. Hace dieciséis años que lo hacemos de forma sostenida, con picos y mesetas como la actual. Pero nunca tuvimos recesión durante las tres gestiones frenteamplistas.

 

Y Uruguay navega entre arrecifes porque la economía argentina es muy influente para Uruguay, lo mismo la brasileña. Y hemos podido sobrevivir a una situación donde nuestros dos grandes vecinos transcurren un mal momento comercial. Por eso es oportuno recalcar cuál fue la herencia recibida por el Frente Amplio, la pobreza en Uruguay llegó a ser del 40%, y hoy orilla el 8%. Para la CEPAL somos el país más igualitario de América Latina. El salario de los trabajadores creció un 55% durante los últimos tres gobiernos. La primera presidencia de Tabaré recibió un ratio de deuda que sobrepasaba el cien por ciento de nuestro PBI, hoy con un producto bruto interno que se ha cuadruplicado tenemos un nivel de deuda que es administrable, tenemos pagos de deuda por afrontar razonables para nuestra caja.

 

Creo que Uruguay es un cisne blanco en la región. Puede mostrar índices sociales de los que adolece otros gobiernos del Cono Sur. Y a nivel equilibrio macroeconómico creo que hay una buena gestión. En eso (Danilo) Astori cumplió un papel preponderante, y eso que ha recibido fuertes críticas internas. Entonces no tenemos el perfil económico del 2014 pero tenemos una economía sólida. Y en términos generales el Frente ha conseguido construir una sociedad más justa.

 

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