Make China Great Again

 La República Popular China inició en el año 2013 su mayor estrategia geocomercial: la denominada Iniciativa de la Ruta de la Seda o Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés). El nombre alude al milenario camino utilizado por mercaderes de productos valiosos de entonces, como especias y piedras preciosas, en trayectos que unían Asia con Europa y parte de África con una conectividad lenta, acorde a la época. Beijing toma ese mojón cultural, la unión entre los pueblos a partir de un comercio armonioso, para ilustrar con un tono amistoso un proyecto de seis corredores económicos, entre ellos uno marítimo, apalancado en el tendido de infraestructura a gran escala.

 

El BRI es una iniciativa china con carácter multilateral. Sin embargo, el diseño de la hoja de ruta pluricontinental y buena parte del financiamiento de los puertos de gran calado, rutas biocéanicas y tendidos de trenes de alta velocidad que conlleva la Nueva Ruta de la Seda están ideados por Beijing. Eso no quita que el tercer gran hito reformista chino –el ingreso a la OMC y la declaración de las Zonas Económicas Especiales junto al BRI constituyen los pilares del aperturismo chino post era Mao Tse Tung- pretenda ser una gran concertación económica y cultural, así lo plantea la diplomacia oriental, en la que los proyectos puedan dialogados por los actores estatales en un marco de cooperación.

 

La profesora Carola Ramon Berjano, Doctora en Economía por la Universidad de Londres, miembro del Comité de Asia y del Comité de América Latina en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), una de las sinólogas de más renombre en el Cono Sur, caracteriza el espíritu de la política exterior china volcada en el BRI como “el intento de hacer emerger un nuevo marco de globalización”. Por el contrario, otros académicos leen a la Nueva Ruta de la Seda como la estrategia central china para erigirse como la principal “metrópoli” de un nuevo tablero que interconecta a Eurasia, África y América Latina, zonas donde Beijing busca hacer crecer su voz. Por eso, algunos analistas califican al BRI como “un nuevo Plan Marshall”. “Los diplomáticos chinos detestan esa consideración. La Iniciativa de la Ruta de la Seda no tiene sólo una dimensión económica”, especifica Ramon Berjano.

 

El presente informe busca, en principio, presentar las cifras y datos económicos más significativos asociados a un proyecto geocomercial de dimensiones colosales. El BRI, a medida que vaya enraizándose, reorientará buena parte de los flujos comerciales hacia un eje territorial donde no está asentada el tutelaje de la diplomacia estadounidense. Esa mención nos lleva a el segundo punto del presente documento: mencionar las ineludibles tensiones geopolíticas precipitadas por una Nueva Ruta de la Seda que entra en colisión con los intereses del bloque occidental hegemónico, un triángulo compuesto por Estados Unidos, la Europa atlantista y parte de Asia. Por último, nos parece esencial hacer un detalle sobre la manera desintegrada, y a su vez ambigua, en la que América Latina está respondiendo al convite hecho por la segunda economía del mundo.

 

Monumental

 

En abril del presente año se realizó en la capital china el II Foro de la Iniciativa de la Ruta de la Seda. El presidente la potencia asiática presentó al BRI con un carácter afable, el citado proyecto está imbuido en sus palabras con una misticidad ancestral. Dijo Xi Jinping en Beijing frente a un auditorio compuesto por delegaciones de 150 países, noventa organizaciones globales más la presencia de los Jefes de Estado o Gobierno de Rusia, Austria, Azerbaiyán, Belarús, Brunei, Camboya, Chile, Chipre, República Checa, Djibouti, Egipto, Etiopía, Grecia y Hungría: “Un antiguo filósofo chino observó que las plantas con raíces fuertes crecen bien, y los esfuerzos correctamente enfocados aseguran el éxito (…) El flujo de bienes, capital, tecnología y personas potenciará el crecimiento económico y creará un amplio espacio para ello. Como dice un refrán chino, la incesante entrada de ríos hace que el océano sea profundo. Sin embargo, si se cortara tal afluencia, el océano, por grande que sea, eventualmente se secaría”.

 

En términos concretos la Iniciativa de la Ruta de la Seda comprende el tendido de seis corredores de infraestructura. A continuación, mencionamos las estaciones jurisdiccionales claves de dichos tendidos. 1-Corredor económico China – Pakistán: Conectará la región occidental china con el puerto de aguas profundas de Gwadar, en Pakistán, que accede a la Ruta Marítima en el Mar de Arabia. Eso le otorgará mayores libertades de abastecimiento a China, y lo pondrá en otras opciones de conectividad fuera de la órbita de monitoreo y control norteamericana. 2- El Corredor Económico China-Mongolia-Rusia: unirá las regiones del noreste de China con las ricas fuentes de recursos energéticos en Mongolia y Siberia mediante la construcción de una moderna red ferroviaria. 3-El Corredor Económico China-Península de Indochina: la región presenta economías en expansión, donde viven 600 millones de habitantes. 4- Corredor Euroasiático: La conexión con el corazón de Europa se realizará a través del Nuevo Puente Terrestre en una ruta de 10 mil kilómetros que conecta China con Europa a través de Rusia. El proyecto contempla la construcción de tres grandes proyectos ferroviarios que acercan los mercados de las provincias chinas más occidentales con las principales ciudades de Europa. 5-El Corredor económico China - Asia Central - Asia Occidental: Esta vía se desplegará atravesando cinco países de Asia Central hasta alcanzar el Mediterráneo. 6. El Corredor Bangladesh-China-India-Myanmar: completa el grupo de corredores y es el único multimodal al contemplar tramos terrestres y marítimos.

 

“Desde su origen, el BRI se amplía para unir a China con Asia Central, Rusia y la Europa del Báltico, además del golfo Pérsico y el mar Mediterráneo, a través de Asia Central y el Oeste Asiático. También busca conectar las costas chinas con Europa, desde su paso por el Sudeste Asiático y el océano Indico, rutas estratégicas para el comercio. También se proyecta incluso hacia el cuerno de África, y, según la declaración emitida en la Cumbre CELAC-China 2018, la Iniciativa de la Franja y la Ruta tiene potencialidad para recalar en América Latina”, detallan los investigadores Matías Caubet, Irma Henríquez y Lucas Pavez en el paper “Los Impactos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en el Desarrollo Territorial y Económico Interno en la República Popular China”.

 

“La especialista Paulina Garzón sostiene que el anuncio de este plan es el más ambicioso proyecto de interconectividad transfronteriza en la historia de la humanidad. La autora habla de La (nueva) Ruta de la Seda y el Cinturón Económico como un pilar fundamental de la estrategia china denominada going global. El BRI consiste en el establecimiento de dos rutas, una terrestre y otra marítima, que conectan China con Europa, África y Asia Sur- Este. En esas dos rutas se construirán puertos, carreteras, trenes, aeropuertos, proyectos energéticos, oleoductos y gaseoductos, refinerías, zonas de libre comercio, entre otro tipo de infraestructura. El BRI incluye a más de 70 países, costará alrededor de 1 trillón de dólares y se ejecutará en un plazo de 30 a 40 años”, pone en números la Iniciativa china el investigador Juan Cruz Margueliche en un pasaje del documento del Centro de Estudios Chinos del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI) titulado “China: una nueva estrategia geopolítica  global: la iniciativa la Franja y la Ruta”.

 

“A la mayor iniciativa geoeconómica del momento se han unido 58 socios, entre ellos potencias mundiales como Alemania, Francia, Reino Unido, España y Brasil, quedando únicamente al margen Estados Unidos por considerarlo una amenaza a su posición de hegemonía mundial. La magnitud de BRI es espectacular en todas sus dimensiones: el objetivo es conectar 68 países de Asia, Europa y Norte de África que, conjuntamente, representan el 35 por ciento del comercio global, donde viven unos 4,4 billones de personas, el 70 por ciento de la población mundial, aglutinan el 55 por ciento del PIB mundial y el 75 por ciento de las reservas energéticas globales”, precisa Margueliche.

 

Tensiones

 

El nuevo tejido de infraestructura propuesto por China, más allá del debate explicitado sobre su carácter cooperativo o unilateral, en la Ruta de la Seda desafía el orden geopolítico diseñado por Estados Unidos. A continuación, incorporamos la voz de especialistas sobre las tensiones sino- norteamericanas que han emergido con la propuesta del BRI.

 

“Las metas a 2050 sintetizan uno de los objetivos fundamentales de China en el mediano plazo: convertirse en una potencia líder a nivel global. Una de las piezas fundamentales para alcanzar esa meta es la apuesta geoeconómica por la construcción del BRI, que la interconecta con Asia, Europa, Oceanía y África del Este –de lo que no se descarta su extensión hacia América Latina-, ubicándola en el centro del tablero económico global, y dándole vías terrestres y marítimas para vender sus productos y adquirir las materias primas y recursos energéticos necesarios para continuar siendo la fábrica del mundo”, advierte el investigador colombiano Eduardo Pastrana Buelvas.

 

“Para algunos autores China es un país que presenta grandes problemas internos que podrían estallar en cualquier momento. El país se enfrenta a crecientes presiones internas a causa de la ralentización del crecimiento económico, la burbuja inmobiliaria, las carencias medioambientales y sociales, así como de la falta de rentabilidad de empresas estatales y los consecuentes despidos masivos en las industrias tradicionales. Todo ello empuja a China a buscar nuevos motores que reactiven su economía y aflojen tensiones. Desde el punto de vista geoestratégico, China no quiere depender de una salida por mar en un contexto de conflictos territoriales con fuerte presencia de EE.UU. (actualmente, el 80% de las importaciones energéticas chinas pasan por el estrecho de Malaca). Con este fin, busca diversificar sus rutas y socios comerciales, abriendo nuevos mercados de consumo para productos que no encuentran cabida en el saturado mercado doméstico. De esta manera la Nueva Ruta de la Seda podría ser una válvula de escape”, advierte Juan Cruz Margueliche.

 

“Los seis corredores parecieran tener claras intenciones geoestratégicas: evitar los estrangulamientos al desarrollo de China y la geoestrategia angloamericana de rodear-contener a China. El lanzamiento en 2013 del BRI coincide con la incorporación de Japón al TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), junto a Vietnam, Singapur, Malasia y Brunei en la región Asia Pacífico, además del interés mostrado por la India, Corea del Sur, Taiwán y Bangladesh”, plantean los especialistas Gabriel Esteban Merino y Nicolás Trivi.

 

Por otro lado, Merino y Trivi establecen que: “Los corredores rompen los estrangulamientos de China, además de avanzar sobre la región pivote geopolítico mundial: un tren a través de Myanmar proporciona una ruta hacia el mar que elimina el punto de congestionamiento del estrecho de Malaca en Singapur (centro financiero global aliada a Occidente). Por otro lado, un corredor junto a un nuevo puerto en Pakistán proporciona acceso directo al Océano Índico y al Golfo Pérsico, desde donde sale el 40% del petróleo comercializado en el mundo, gran parte del cual va hacia China. De igual forma, tanto el corredor China-Mongolia-Rusia como el corredor Nuevo Puente Terrestre de Asia permiten una conexión directa con Europa, una salida al Mediterráneo y una integración Euroasiática continental. Ello rompe el eje-tapón que separa territorialmente Asia-Pacífico y Europa, que otorga la superioridad estratégica al polo de poder que controla el mar”.

 

China y la región

 

Por último, presentamos los aspectos más significativos en el diálogo abierto entre la región latinoamericana y China a partir de la agenda del BRI. Por el momento, la respuesta de América Latina a Beijing ha sido dual: algunas economías medias y pequeñas han adherido de forma plena a la iniciativa. Sin embargo, los países con mayor peso en el arco interamericano –Brasil, Argentina y México- no se han suscripto como socios a la Nueva Ruta de la Seda, aunque sí han manifestado su intención de incorporarse en el mediano plazo. Esa posición diletante, advierten los investigadores, es producto en buena medida de las presiones estadounidenses ejercidas para que la región no firme una alianza estratégica con China.

 

“El Presidente de Chile fue el único mandatario latinoamericano en concurrir al II Foro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, realizado en Beijing el 26 de abril de 2019. Sus palabras ofrecieron la perspectiva con la cual se ve esta propuesta desde esa región del mundo y, especialmente, desde Chile, país sede de APEC (Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico) 2019 y de la COP25 sobre cambio climático, en noviembre y diciembre”, interpreta un informe del Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina (RIAL), unidad de estudios apoyada por la CEPAL e integrada por académicos y ex mandatarios de la región como Ricardo Lagos de Chile, Martín Torrijos de Panamá, José María Sanguinetti de Uruguay, y Leonel Fernández de República Dominicana.

 

Dijo Sebastián Piñera en el Foro de Beijing: “Una de las grandes ventajas de la Iniciativa de La Franja y La Ruta es que trabaja sobre áreas muy específicas y sobre proyectos muy concretos. Es muy parecido a lo que hemos estado haciendo en América Latina con la Alianza del Pacífico, con la creación de PROSUR; se trata de establecer y crear espacios amplios de colaboración, en base a acuerdos que permitan mejorar la capacidad de desarrollo de nuestros países y de mejoría de la calidad de vida de nuestros pueblos”.

 

“Los diplomáticos chinos se han referido a la región latinoamericana como una extensión natural de la Ruta de la Seda Marítima, siendo sus países actores indispensables en su construcción. Así fue como se refirió al proyecto el presidente Xi Jinping durante la primera reunión con el presidente de Argentina, Mauricio Macri en 2017”, se lee en el documento citado de la RIAL.

 

“Los intereses geopolíticos y geoeconómicos de China en América Latina y el Caribe  pueden sintetizarse en cinco: 1) La generación de un ambiente geoestratégico favorable para su autodenominado ascenso del Asia-Pacífico como el nuevo espacio económico del siglo XXI; 2) El aislamiento de Taiwán del reconocimiento de la sociedad internacional; 3) La búsqueda de acceso a grandes volúmenes de materias primas, necesarias para su desarrollo; 4) La necesidad de encontrar más mercados para sus productos, principalmente, para aquellos con valor agregado; 5) La inversión en áreas de interés estratégico, desde una perspectiva geoeconómica, para facilitar la extracción de materias primas para China, por ejemplo, en infraestructura física o para la provisión de servicios por parte de China en las décadas siguientes, como en el caso de la infraestructura digital para brindar internet y servicios de telecomunicación, a fin de fijar estándares internacionales”, plantea Eduardo Pastrana Buelvas, Profesor Titular de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá.

 

Los analistas internacionales Solange Seijas y Vicente Teruggi advierten, por su parte, que: “En materia de política exterior hacia la región, la República Popular China impulsa un marco amplio de cooperación con los países latinoamericanos, buscando puntos de convergencia en el escenario global. Es así que también está interesada en consolidar el principio de una sola China, cuestión fundamental para la dirigencia oriental a la hora de desarrollar sus relaciones con los diversos países del mundo y en particular con la región latinoamericana, ya que nuestro continente alberga la mayor cantidad de naciones que aún siguen reconociendo a Taiwán como nación independiente”.

 

A su vez, Seijas y Teruggi enumeran las obras de infraestructura de gran porte que se verían desplegadas en la región a partir del BRI: “Gran parte de las obras necesarias para la proyección de la BRI en América Latina están focalizadas en la creación de rutas bioceánicas para el traslado de mercaderías de un lado del continente al otro a menor costo y en menos tiempo. Una de las obras de mayor interés para los impulsores de la BRI es la Hidrovía Paraná-Paraguay, ya que permite transportar eficientemente productos entre la Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, desde y hacia el océano Atlántico, ya que es un canal de comunicación entre toda la región. También es de especial interés los corredores bioceánicos que le posibilitan a la Argentina y Chile conectarse hacia el Atlántico y el Pacífico, acortando los tiempos de comercialización intra y extra continente”.

 

Americas Quarterly -una influyente publicación de Estados Unidos enfocada en América Latina- observa que a pesar de que, en un primer momento, América Latina no formaba parte de la iniciativa china de forjar la nueva Ruta de la Seda, en el último tiempo “varios países latinoamericanos se han sumado a este entendimiento comercial y de cooperación. El último de ellos, Perú, que suscribió un memorando de entendimiento, siguiendo el camino de Panamá, Uruguay, Ecuador, Venezuela, Chile, Uruguay, Bolivia, Costa Rica y Cuba”.

 

Por otro lado, los investigadores Matías Remes Lenicov y José Quesada recalcan que “El proyecto BRI se inserta en América Latina como resultado del financiamiento en infraestructura en un rango de 170 a 260 mil millones de dólares durante la próxima década, y varios países han señalado su interés de desarrollar mega-proyectos de infraestructura transfronteriza que vincule a la región con China. Existen varios proyectos alineados a esa estrategia, como por ejemplo el tren bioceánico (Brasil-Perú), el Túnel de Aguas Negras (Argentina-Chile), la reconstrucción y equipamiento del ramal ferroviario de argentina y la propuesta de Chile de la construcción de un cable de fibra óptica Tras-Pacífico. Además, Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Perú y Venezuela han presentado sus aplicaciones para ser miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura”.

 

A su vez, Remes Lenicov y Quesada detallan lo siguiente: “Durante estos años, el comercio bilateral (es decir, entre China y América Latina) pasó de 15.765 millones de dólares en el 2001 a 224.103 millones de dólares en el 2016, representando un crecimiento de 14,2 veces y una tasa promedio de 19,4% anual, una cifra considerable si se tiene en cuenta que el comercio de América Latina y el Caribe con el mundo creció aproximadamente a razón de 10% durante el mismo período. Aunque el impacto global de China en la región es importante, la mayor parte del comercio se concentra en unos pocos países. Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú, y Ecuador, juntos representan el 98% del total de las exportaciones”.

 

Recapitulando, la Nueva Ruta de la Seda expresa el interés de la República Popular China por generar un marco de acción multilateral económico donde su voz como potencia emergente resuene como un actor clave. Por el momento, el BRI contiene elementos de la diplomacia comercial china expresado en otras iniciativas estratégicas de la potencia asiática: apelación a un diálogo entre iguales, compromiso en forjar una agenda win/win, interés por generar marcos de apertura económicos. Las lecturas sobre la real intención china en erigirse, o no, como una potencia depredadora y colonialista pueden ser varias, y son todas respetables. Sin embargo, hay un hecho en el que sí no hay ambigüedades: América Latina carece de una estrategia común, sólida y con un horizonte a largo plazo para responder a la propuesta de acercamiento impulsada por China.

 

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