“China propone otra globalización”

Carola Ramon Berjano es Doctora en Economía por la Universidad de Londres. Miembro del Comité de Asia y del Comité de América Latina en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Es Profesora en la Universidad del Salvador, Universidad de Belgrano, Universidad de Buenos Aires, Universidad Católica Argentina, Universidad de Córdoba, Universidad de Lanús, Universidad de San Andrés, entre otras. Sus materias a cargo versan sobre Asia  y en particular China, el desarrollo económico del gigante asiático y las relaciones comerciales de Beijing con el resto del mundo.

 

-¿Es correcto pensar a la Iniciativa de la Ruta de la Seda (BRI, por sus siglas en inglés) como el nuevo gran salto delante de China?

 

-No, ese enfoque me parece una perspectiva errónea. La Iniciativa de la Ruta de la Seda es malinterpretada en algunos abordajes. En principio, es una iniciativa que excede su proyección económica internacional. Entonces, por un lado, China busca desarrollar a nivel doméstico las regiones del oeste del país, postergadas en su agenda de crecimiento en relación con las regiones del este que crecieron rápidamente como consecuencia de las reformas de apertura de los años ochenta.

 

Recapitulando, el BRI tiene que ver con el programa mismo de desarrollo económico nacional chino y, a su vez, está vinculada con su proyección internacional. Pero, insisto, la Ruta de la Seda tiene una impronta doméstica que suele ser minimizada en algunos análisis y excede lo meramente comercial. Por otro lado, la Ruta de la Seda plantea varias conectividades: comercio, finanzas, políticas de persona a persona, infraestructura.

 

China busca volver a una idea de intercambio de culturas, de intercambio de conocimientos, un diálogo semejante al que se da daba entre distintos pueblos durante la primera Ruta de la Seda. Luego, entiendo al BRI como un marco bajo el cual se da, o se proyecta, una nueva manera de globalización y un nuevo multilateralismo bajo características chinas.

 

-¿Qué implica ese modo de relacionamiento, una nueva gobernanza global?

 

-Post Bretton Woods tenemos una globalización de tipo angloamericana con instituciones multilaterales de créditos nacidas en dicha etapa. Hoy, en cambio, a mi entender, comienza a tomar forma una globalización con características chinas y la Ruta de la Seda es clave en el marco global propuesto por China. Repito, el BRI no es sólo infraestructura, no es solo comercio. Por ejemplo, el Banco Asiático de Infraestructura Inversiones, impulsado por Beijing, da cuenta de ello porque es una institución equiparable a los organismos de crédito surgidos con Bretton Woods como el Banco Mundial.

 

-Entonces, ¿China busca un nuevo orden global?

 

-A ver, empezaría diciendo que para entender a China, hay que vislumbrar sus cambios. Desde los años 80 el país creció muchísimo, no sólo en su desarrollo interno. El país asiático logró hitos impensados en la escena internacional: por ejemplo, alcanzó la presidencia del G20. Entonces, la Ruta de la Seda se inscribe en esa perspectiva, consolidar y proyectar el ascendente rol de Beijing en el tablero global. Pero, proyectar no quiere decir imponer.

 

-¿Por qué remarca eso? ¿La Ruta de la Seda no es nuevo Plan Marshall, como marcan ciertas investigaciones?

 

-No. China detesta esa comparación. Primero, porque no es un plan de reconstrucción. La Ruta de la Seda se estructura en pilares como el desarrollo sostenible y el diálogo. Es decir, China no trata de competir con las instituciones del Bretton Woods, lo que intenta más bien es proponer esquemas alternativos.

 

-¿Qué respuestas han dado los países de América Latina a la Iniciativa de la Ruta de la Seda?

 

-América Latina reacciona a las iniciativas de China de la misma manera desde el día uno: de forma divergente y pendular. Hasta el momento China ha escrito dos Libros Blanco con respecto a su mirada de la región, uno en el 2008, el último en el año 2016. América Latina nunca respondió de forma unívoca a esos planteos.

 

Hay países de la región que han suscripto un tratado de libre comercio con Beijing, caso Chile, Perú y Costa Rica. Otras naciones han pactado una asociación estratégica integral, como lo hizo Argentina. Son respuestas desarticuladas y bilaterales, no te tipo regional. Con respecto a la Ruta de la Seda sucede algo semejante, no hay una correspondencia par a la propuesta china entre los países latinoamericanos. Uruguay y Chile, por ejemplo, firmaron un compromiso de adhesión al BRI. Pero, Brasil, Argentina y México no suscribieron su membresía – a pesar de dar su apoyo. En total, 19 naciones de América Latina y el Caribe firmaron el memorándum de entendimiento a la Ruta de la Seda.

 

-Precisamente, las tres economías más grandes de la región no han dado su aval pleno a la iniciativa china. ¿Incide la presión diplomática de EE.UU. en ese hecho?

 

-Creo que incide bastante. Por ello estos países necesitan tener una política con EE.UU. y con China que sea razonable, y que sea de largo plazo, y no atada a las presiones de coyuntura. Concretamente, Estados Unidos busca influir en los grados de acercamiento de las naciones latinoamericanas con China pero, en todo caso, hay una responsabilidad de los gobiernos zonales en asumir esa influencia. Creo que el desafío de los países de la región pasa por lograr un balance estratégico en la relación con las dos potencias, Estados Unidos y China.

 

-¿Qué políticas de convergencia chinas visibilizan la nueva globalización pretendida por Beijing?

 

-Primero, distingamos una cuestión, a pesar de ser la segunda economía en importancia a nivel global, China aún es algunos aspectos un país en vías de desarrollo. Su índice de PBI per cápita es de un país en vías de desarrollo, a pesar de que en los últimos años 700 millones de chinos dejaron de ser pobres. Por eso, el actual presidente Xi Jinping propugna el denominado objetivo de los dos centenarios. Eso implica la eliminación de la pobreza para el 2021, y alcanzar el hito de una sociedad armoniosa y desarrollada para el 2049. Entonces, China se autopercibe como un país en vías de desarrollo.

 

-Una categoría que no parece corresponderse con sus status global.

 

-No es tan así. China aún tiene enormes disparidades internas. Gracias a 40 años de reforma y desarrollo pudieron sacar a 700 millones de la pobreza, pero estamos hablando de una población de 1400 millones de habitantes. En 1978 solo el 18% de la población residía en ciudades, hoy en día el segmento urbano alcanza al 58% del país. El avance es significativo, pero aún indica que alrededor de 600 millones de personas viven en áreas rurales.

China siempre dice que así como ellos se desarrollaron de forma pronunciada en sus últimos 40 años también pretenden que el resto del mundo alcance un desarrollo semejante mediante acuerdos de cooperación y mecanismos de diálogo. De nuevo, la Iniciativa de la Ruta de la Seda es parte nodal de ese compromiso.

 

-¿El tejido de infraestructura de la Ruta de la Seda busca asegurar el aprovisionamiento de materias primas de China? ¿Es el BRI un diseño a favor de China como metrópoli?

 

-Ese suele ser un esquema de análisis de aproximación a China, pero no lo comparto. Argentina posee déficit comercial con China, pero podría exportar más a Beijing, en todo caso también hay responsabilidad nuestra. Brasil y Chile, por ejemplo, tienen superávit comercial con China. Beijing no desea explícitamente una Argentina primarizada en su economía, somos nosotros los que no generamos valor agregado. Y eso pasa también porque no termina de haber una comprensión cabal del consumidor chino, o de la demanda china. Argentina debería hacer una búsqueda sobre en qué nichos de la economía asiática se puede posicionar. Eso nos permitiría diversificarnos y agregar valor a nuestra canasta exportable, tanto en China como en el resto de Asia.

 

-Pero, ¿No es un objetivo de difícil concreción dada la asimetría contra una economía que compite con bajos salarios?

 

-China ya no tiene salarios deprimidos. El país evolucionó es más de un sentido. Hoy el sector servicios ocupa más espacio que el sector agrícola en la economía de ese país. China pasó de ser una economía rural, a una urbana, y ahora es una economía digital. China tiene más usuarios de internet, 800 millones, que la Unión Europea y Estados Unidos juntos. Se trata de una economía donde el ciudadano no utiliza casi dinero físico, todas las transacciones, por lo pronto en las ciudades, se hacen con billetera electrónica. El salto cualitativo que ha dado China es enorme. Pasó de ser una economía intensiva en mano de obra, a ser intensiva en capital.

 

Ciudades como Shenzhen, que eran intensiva en mano de obra durante los años 80, hoy se la conoce como el Silicon Valley de China. Huawei está asentada en esa ciudad. Insisto, el cambio en su modalidad productiva ha sido enorme. Por eso, si no comprendemos esas transformaciones, tenemos el peligro de leer a China en base a mitos que hoy no tienen anclaje.

 

-Volvamos a la idea de la nueva globalización propugnada por China, ¿Qué agendas internacionales impulsadas por Beijing abonan ese horizonte?

 

-En realidad, China no impulsa un nuevo modelo. A la misma globalización que conocemos China está interesada en incorporar algunas particularidades. Por ejemplo, hay una visión china de cooperación, el llamado win-win.

 

-¿Observa real la pretensión ganar- ganar en los esquemas chinos de vinculación?

 

-Sí, lo entiendo fidedigno, no comparto la visión de China como potencia deliberadamente depredadora. Claro, que buscan acrecentar sus negocios. El problema en todo caso es cuando la contraparte china no sabe aprovechar la cuota estratégica de su win en el enfoque propuesto. Repito, hay que saber negociar con China. Ellos tienen una cartera de crédito grande, entonces hay que saber aprovechar ese flujo para lograr un crecimiento no ficticio de nuestras economías. Es decir, habrá que analizar en el marco del BRI cuáles son los sectores de la infraestructura regional necesarios a reforzar. Latinoamérica debe elaborar una estrategia propia para no reproducir con China la división centro- periferia y no permitir por parte de ellos un abordaje neocolonialista. Insisto, tanto a nivel latinoamericano, como a nivel subregional, habrá que analizar cuáles son los capítulos claves de la infraestructura comercial donde deberíamos aprovechar la iniciativa china.

 

-En ese sentido, ¿La respuesta de la región sigue de igual de inconexa a pesar del giro político dado en nuestros gobiernos?

 

-Exacto, Latinoamérica no elaboró ni elabora, ahora, una estrategia conjunta para vincularse con China.

 

-¿El Foro CELAC- China puede resolver esa cuestión?

 

-No veo a la CELAC como un bloque con mucho dinamismo. En todo caso, la desarticulación entre los gobiernos para aproximarse a China también se da dentro de la CELAC. Hagamos un mapa más chico de ese bloque, observemos al Mercosur y su vínculo con Beijing. Paraguay, por lo pronto, tiene relaciones diplomáticas con Taiwán. Brasil y Argentina aún no firmaron su adhesión a la Ruta de la Seda, pero Uruguay sí firmó. Entonces, en un conjunto de cuatro actores ya se ven puentes de entendimiento distintos con China.

 

-La Ruta de la Seda plantea seis corredores comerciales. ¿Hay una intención de sortear las rutas de comercio diseñadas por los EE.UU.?

 

-Son seis corredores terrestres, y uno marítimo. Sí, esas conectividades le permiten a China trazar una ruta alternativa. Por ejemplo, al estrecho de Malaca por donde pasa buena parte del flujo comercial petrolero. Pero, ese no es el objetivo principal de la Ruta de la Seda. Vuelvo a lo dicho al inicio, China busca primer desarrollar la franja oeste del país, que venía más postergada. Se trata de regiones muy complicadas en lo geográfico. Y ahora se trata de jurisdicciones alcanzadas por ferrocarriles y la llegada de nuevas rutas. Es impresionante lo que han hecho.

 

Pero, la Iniciativa de la Ruta de la Seda excede el contorno geográfico de esos corredores. Por ejemplo, China anunció que América Latina es parte del BRI aunque ninguno de esos trazos comerciales comprende a la región. Xi Jinping dijo que América Latina es la “extensión natural de la Ruta de la Seda marítima” en el Primer Foro de la Ruta de la Seda realizado en Beijing en mayo del 2017.

 

Y, nuevamente, los objetivos del BRI son múltiples: fomentar el diálogo entre países, ampliar los marcos de cooperación, trazar nuevas vías comerciales. También está presente un capítulo que ellos llaman people to people; por eso, están fomentando mucho intercambio académico, sobre todo con los países de Asia Central. El Banco Asiático de Inversión y Desarrollo también es una faceta importante de la Iniciativa de la Ruta de la Seda. En definitiva, China busca tener la mayor adhesión de países a la convocatoria. Cuánto más países estemos en el BRI, mejor, razonan. En ese sentido, a los países socios de la Estrategia Abierta del IndoPacífico, una entente que en principio busca rivalizar con China en construcción de infraestructura, Beijing también les hizo extensiva la participación a ser parte de la Ruta de la Seda. Segun China la Iniciativa implica cooperación y una propagación del desarrollo y por tanto es de carácter inclusivo.

 

-¿La estrategia de aproximación china implica también una apuesta a extender su poder blando?

 

-Claro. El gran problema que tiene China hoy pasa por la mala percepción que tiene Occidente sobre ellos. Es una percepción distorsionada porque está construida, precisamente, con parámetros occidentales. Asociar la Ruta de la Seda al Plan Marshall es parte de esa confusión de paradigmas. Hay que dejar de ver a China con una visión nublada y tergiversada. Es el desafío, entonces, de China, mostrarse al mundo tal cómo son. Ni mejores, ni peores, sencillamente diferentes. Para nosotros, a su vez, es clave comprenderlos porque no se puede negociar con un actor del que desconoces su estrategia y su cultura.

 

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