“Hay que unir a las fuerzas democráticas”


La nena, menuda y de rulos desordenados y silvestres, arrebata el micrófono a mamá. Manuela D’Avila, periodista brasileña y reciente candidata a Vicepresidente por el Partido de los Trabajadores (PT), intenta dar una conferencia de prensa en la cumbre continental realizada por la unidad académica CLACSO en el club Ferro Carril Oeste a mediados de noviembre.


D’Avila llegó a Buenos Aires para hablar sobre comunicación y política pero, centralmente, a dar cuenta de un hecho de impacto regional: el triunfo del ultraderechista Jair Bolsonaro. Feminista y de izquierda, D’Avila también hablará en la señalada ronda con periodistas, de la que SES América Latina participa, sobre los desafíos políticos abiertos al movimiento de mujeres en su país tras la victoria electoral de un presidente misógino y conservador. Manuela D´Ávila dice que la política en su país siempre es más desigual para las mujeres porque la crianza y la carrera partidaria transcurren en paralelo. D´Ávila advierte eso pero es interrumpida, nuevamente, por esa niña de pelo ensortijado, su hija. Ambas visten una remera de color negro con la misma consigna estampada: “Lute como una garota”.


-Una de las noticias de la última elección fue el declive de los partidos de centro. ¿Ese hecho es positivo para ustedes? Recapitulando, por un lado, el comicio reforzó el rol opositor del PT pero, a su vez, dotó a Bolsonaro de una hegemonía apabullante.


-El desplazamiento del centro político no es ni lo más importante ni lo más grave acontecido en los últimos comicios, lo central es que no hay más una derecha democrática en Brasil. Suele decirse que la discusión pública está cruzada entre la izquierda y la derecha, pero para mí hay una tensión más gravitante: la polarización que se da entre los dirigentes que, más allá de nuestras diferencias, defendemos el sistema democrático, y los políticos que reniegan de la democracia.


-Bolsonaro, montado a un discurso nacionalista, prometió un proyecto de desarrollo. Algo así como Make Brasil Great Again, una versión propia del discurso de Trump. ¿Ve factible esa promesa?


-La prioridad de cualquier tipo de proyecto de desarrollo para Brasil debería comenzar por intentar reducir la enorme desigualdad del país. Nuestra nación es una de las más desiguales del mundo en el capítulo de ingresos. De acuerdo al índice Gini, somos un país con una brecha social tres veces más aguda que un país europeo de desarrollo medio. Repito, es imposible el crecimiento económico, el desarrollo de la industria o una revolución energética cuando no hay planes para contener al porcentaje mayoritario de la población, que está compuesto por negros y mujeres. ¿Y cuál es la promesa de Bolsonaro para los afrodescendientes y para las mujeres? Balas, represión y cárcel. No es casualidad, entonces, que las mujeres seamos las más movilizadas contra la amenaza que implica el nuevo gobierno porque, repito, las somos las más afectadas en los planes de austeridad, que fueron aplicados por (Temer) y, próximamente, serán profundizados por Bolsonaro.


-El PT fue criticado por varios analistas por su política de alianzas para la última elección, a la que consideraron estrecha. ¿Qué opina de ese comentario y cómo sigue a futuro el campo político progresista de su país?


-Primero, sobre los comicios, yo pertenezco a una fuerza política, el PCdoB, que precisamente pudo y se sintió cómoda forjando un programa común con el trabalhismo. Así que no puedo hablar de sectarismo en el PT. El propio Lula nos invitó a caminar juntos a varios partidos en su último discurso antes de ser detenido. Segunda cuestión, creo que será imprescindible articular dos estrategias de unidad a futuro. Necesitamos un plan para aunar a todas las fuerzas populares que seguramente vamos a oponernos al rumbo económico y social de Bolsonaro. Pero, también, debemos consensuar un frente común, más amplio que el anterior, entre todas las fuerzas democráticas que rechazamos las bravuconadas dictatoriales de Bolsonaro.


-¿Hay riesgo de que Bolsonaro instaure un régimen político de tipo militar?


-No hay posibilidad de volver a sufrir un gobierno dictatorial, eso no. Sin embargo, es muy difícil anticipar qué tipo de administración armará Bolsonaro porque es tan agresivo como pendular en sus declaraciones.


-Pero, aunque no instaure una dictadura, ¿hay riesgo de que Bolsonaro lesione seriamente el Estado de derecho?


-Precisamente, he escrito un documento de 15 páginas sobre ese tema para presentar acá (se refiere a la cumbre de CLACSO). Ya sean fuertes o suaves, los consensos democráticos conseguidos están en riesgo con la próxima presidencia de Brasil. ¿Qué observo? Como sociedad hemos perdido, incluso, una gramática común para referirnos a las cosas más fuertes que nos suceden. Todo está en crisis. Un ejemplo, suelen preguntarme si la cuestión moral pesó mucho en la última elección. No es algo muy simple de responder. En todo caso, creo que lo que primó es la incertidumbre. Por eso, las palabras de Bolsonaro tienen efecto porque, como dije, ya no contamos con una misma narrativa para ponerle nombre a nuestra crisis, y a nuestra democracia.


-El Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, advirtió que una de las razones del declive progresista regional se inscribe en la debilidad de los cambios sociales registrados en el Cono Sur a inicios de siglo. En ese sentido, ¿Cuáles cree que fueron las principales debilidades evidenciadas por los gobiernos del PT?


-Puedo, o podemos, hacer muchas críticas. Porque no somos perfectos, como cualquier fuerza o frente partidario. Pero, indudablemente, hay un contexto global y regional, marcado por la crisis o recesión capitalista post 2008, que afectó a los gobiernos trabalhistas. No lo digo como excusa, o para salir del paso. A ver, militó en un espacio, el PCdoB, que hace un siglo plantea una abierta lucha contra el capitalismo. Pero, el capitalismo es un sistema muy hábil, muta todo el tiempo, plantea siempre escenarios cambiantes. Y, entonces sí, el PT, como otros gobiernos populares de la región, quizás no han empujado cambios lo suficientemente estructurales para, no solamente modificar los condiciones de vida de la población, si no para enamorar justamente a esa población, generalmente postergada. Por eso, entiendo, hay un ciclo electoral hegemonizado por las fuerzas conservadoras. Indudablemente, hay coyunturas de crisis capitalista, como la actual, donde si los sectores populares no somos lo suficientemente sólidos para contener y dar una salida, la gente se aferra a más capitalismo, aunque esté sea agresivo y autoritario.


Retomando la pregunta. Bolsonaro ha sido más hábil en un ciclo marcado por las penurias económicas. La gente sueña con consumir más. Eso una marca cultural muy honda. No sólo en Brasil, si no en todo el mundo. La gente, por poner un ejemplo, anhela tener una marca de zapatilla específica, y que no se la roben además. Bolsonaro les ha prometido ese sueño, sin especificar cómo, y a qué costo. Ese es el truco de la nueva derecha, saber cabalgar la actual crisis capitalista.


-Menciona el protagonismo en ascenso de las mujeres en la vida pública brasileña. ¿El movimiento feminista brasileño es uno de los primeros componentes de lo que se supone será la constitución de un nuevo frente de articulación popular?


-Primero, en relación a la anterior pregunta, me gustaría recalar lo siguiente: nuestro pecado original, como bloque popular, es no haber estado lo suficientemente unidos para frenar el ascenso de la ultraderecha. Y cuando menciono eso lo hago para advertir que debimos haber reunido a los líderes sociales, o a los ciudadanos, que no se encuentran contenidos por ningún partido político. Entonces, sí, el movimiento de mujeres, pero también el activismo, independiente podríamos decir, que tuvo una participación muy decidida en el tramo del ballotage, deberían ser actores en la nueva etapa política que se abre en Brasil.


Otra reflexión sobre el rol de las mujeres en nuestras sociedades. En nuestros países, pero sobre todo en Brasil, el peso de la organización diaria de la familia recae en la mujer. Es así. Los niños siempre están al cuidado de la madre, la tía, o la abuela. El hombre suele no ser interrumpido en su jornada laboral por la crianza del hijo. Y ese dato es el núcleo central de la desigualdad en mi país. En Brasil, la mitad de las mujeres no poseen trabajo cuando nace su hijo. Por eso, creo en el protagonismo de las mujeres, pero no solo para abordar temáticas como la violencia doméstica, que es muy cruel y prioritaria. La violencia no es el único de nuestros padecimientos. La mujer también tiene que hablar de trabajo, de educación, de salud, de modelo industrial.


-Lo pregunto en tu carácter de periodista, ¿Bolsonaro tejió una estrategia comunicacional novedosa? ¿Qué enseñanzas, en todo caso, debe tomar el campo popular latinoamericano sobre el caso Bolsonaro?


-Efectivamente, el fenómeno de Bolsonaro en la comunicación es muy complejo. En primer lugar, la prensa tradicional ayudó a reforzar la mística antipolítica que estuvo siempre presente en el discurso del nuevo presidente. Conclusión, O Globo es más gramsciano que la izquierda porque tiene muy presente la necesidad de construir hegemonía. Sin embargo, en lo que respecta estrictamente a la elección, los medios tradicionales no ejercieron mucha influencia sobre el voto. Segundo eje, estamos confundidos si leemos a Internet sólo como una plataforma de comunicación. Porque la Internet, creo, no es sólo un medio donde un emisor pretende dar determinado mensaje, también es una asamblea permanente de debate. Resume una nueva etapa de la civilización. Entonces, si coincidimos que Internet es una asamblea cotidiana, no debemos huir de ella, debemos estar presentes en esa mesa de discusión. La derecha brasileña hace años que entendió eso.


Veamos lo qué paso con Whatsapp. El sueño de un periodista es tener credibilidad, ¿no? Pero, quién tiene más legitimidad: un canal de televisión, más impersonal y anónimo, o un mensaje que llega a tu propio teléfono celular. ¿De dónde provienen generalmente esos mensajes? De amigos o familiares. Entonces, Bolsonaro buscó tener presencia en ese canal, ser parte de un flujo de comunicación donde parecía hablar más la voz de mamá que la voz de O Globo. Whatsapp, entonces, es la evolución de Facebook, porque logra una intimidad más fuerte con el sujeto.





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