“Los delegados del FMI eran sicarios”


Stelios Kouloglou es eurodiputado en representación de Syriza, el partido de izquierda oficialista griego. Escritor, director de cine y periodista, Kouloglou estuvo en Buenos Aires para participar de un foro del G20 pero, centralmente, el legislador europeo aprovechó la estadía para tender lazos con organizaciones sociales y partidos políticos críticos de las negociaciones comerciales que aún gestionan diplomáticos de la Unión Europea y el Mercosur. SES América Latina habló con el europarlamentario heleno para conocer el nivel de injerencia de la Misión del FMI en Atenas que durante años monitoreo con rigor las cuentas domésticas de su país.


-¿Cuál fue el perfil político y el nivel de intervención de la Misión del Fondo en Atenas durante la fiscalización del acuerdo pactado con Grecia?


-Como probablemente saben Grecia sufrió una bancarrota económica en el año 2010. En ese contexto, Atenas acudió al Fondo para solicitar una línea de crédito. A cambio, el organismo exigió medidas de austeridad económica muy fuertes: eso derivó en recortes de salarios, suspensión de pensiones y, a su vez, precipitó un agresivo aumento de impuestos.


-¿Qué tipo de impuestos?


-Tributaciones de todo tipo, que afectaron a distintas capas sociales: tanto a la gente más pobre pero también a sectores con un pasar cotidiano más cómodo. Los impuestos a la propiedad o a los ingresos fueron elevados. Pero, también, fueron más consistentes las gravaciones indirectas porque hubo más impuestos especiales a determinados sectores, como el tabaco. El gobierno buscaba pretender consolar a la población advirtiendo sobre el carácter circunstancial de las medidas y prometía erradicarlas en caso de una pronta recuperación económica, que ellos anunciaban como inevitable en consonancia con el Fondo. Pero, eso no ocurría, y los impuestos, presentados como temporales, quedaban de forma permanente. La inevitable recesión de todo ese paquete económico de austeridad generó un retroceso de 25 puntos en el PBI griego entre los años 2010 y 2012, el desempleo trepó al 30 por ciento, y se estacionó en 40 puntos entre la población más joven.


Luego, en el año 2015, Syriza llega, llegamos, al gobierno con el horizonte de ir poniéndole fin gradualmente a las condicionalidades del Fondo en nuestra economía. Pero, claro, no era un objetivo sencillo ya que las líneas de crédito abiertas por el organismo, que necesitamos para cerrar vencimientos de deuda, estaban atados por supuesto a la ejecución de planes de austeridad. Más allá de esa presión, poco a poco, pudimos cumplir los compromisos asumidos con recursos propios. Eso nos permitió anunciar este año que la Misión del Fondo llegaba a su fin en Atenas. No fue fácil, pero lo logramos. Y ese retorno a la autonomía en nuestras decisiones no está permitiendo tomar medidas reparadoras, como el aumento del salario mínimo y el reestablecimiento de las negociaciones colectivas salariales, para ir desmontando el molde de austeridad que ahogó nuestra economía.


-¿Cuál era el perfil político, su presencia en los medios y en la agenda pública, de los delegados del Fondo con asiento permanente en Atenas?


-Ellos se comportaban como sicarios económicos. Los Jefes de la Misión solían tener modales muy bruscos y, claro está, buscaban permanentemente condicionar al gobierno de turno. Y siempre iban por más. Las medidas de austeridad nunca eran suficientes. Las medidas de recorte consensuadas daban lugar, luego, a un nuevo paquete de políticas de ajuste exigidas. Ellos, los delegados del Fondo, extorsionaban al país con la amenaza de bloquear las líneas de créditos consensuadas en caso de no ejecutar las medidas de ajuste requeridas. El mecanismo era el siguiente: en vez de desembolsar el préstamo en un solo tramo, el organismo entregaba el crédito por tajadas, pequeñas porciones que sólo daban lugar a otras si, como ya dije, el gobierno era condescendiente con ellos.


Claro, ellos reconocieron después que se habían equivocado con sus predicciones y recomendaciones. ‘Nos equivocamos con la fórmula de recuperación económica’, se excusaron. Pero, eso sí, hubo autocrítica pero no reembolso de dinero por esa fallida previsión. En ese sentido, el FMI es como el alcohólico que le pega a la mujer. Insulta, cachetea a su esposa, y luego pedí disculpas, pero reincide. Con el Fondo pasa algo parecido. Pero, claro, producto de sus políticas, el Fondo dejó una Grecia devastada, con una desocupación cercana a los cuarenta puntos entre la población más joven.


-Integras la comisión del Parlamento que monitorea las zonas offshore en Europa. ¿Dónde está concentrado hoy el trabajo de ustedes en pos de frenar la elusión y evasión fiscal que se da hoy en la eurozona gracias a los múltiples paraísos fiscales de la región?


-Sí, efectivamente, contamos con una red de guaridas fiscales en Europa: Luxemburgo, Chipre, Malta, Irlanda, la City de Londres. En la prensa internacional y en muchas de las discusiones presentes sobre el impacto de las zonas offshore en los organismos multilaterales el debate suele recaer sobre las nocivas guaridas asentadas en la islas del Caribe. Pero, poco se habla de las naciones europeas con legislaciones opacas en materia tributaria. Claro, los mandatarios de dichos países tienen un asiento en el Consejo de Ministros de la Unión, su voz tiene otro peso en la agenda global.


-¿Cuál es la posición de Alemania, el gobierno más gravitante en Bruselas, al respecto?


-Alemania está más preocupada por mantener su poderío económico regional. Esa asimetría de Berlín sobre el resto está asentada en determinados vectores, sobreproducción y bajos salarios, que son prerrogativas alcanzadas gracias a una negociación o cambio de favores. (Ángela) Merkel hace la vista gorda sobre los paraísos fiscales como Holanda o Luxemburgo y, en paralelo, esas jurisdicciones toleran que Alemania sobrepase el 6 por ciento de superávit fiscal. Un hecho que, además de no respetar el acuerdo regional fijado, afianza el liderazgo económico de Berlín a nivel regional.


Lo significativo del capítulo offshore en Europa es que cada guarida fiscal cumple un rol específico y de esa manera se logra una coordinación a escala regional de elusión y evasión por parte de los grandes actores económicos. Por ejemplo, Bélgica cuenta con una legislación muy laxa con respecto al gravamen de las grandes fortunas; Holanda tiene una política tributaria distendida para proteger las IED (inversión extranjera directa); Luxemburgo es sede de varias multinacionales porque cuenta con una legislación muy beneficiosa para las compañías y, además, asegura una persecución muy estricta contra los posibles filtradores de secretos que puedan surgir en el interior de las corporaciones. Entonces, estamos hablando de un sistema, donde cada nación cumple una función puntual en el segmento de evasión en impuestos.


-¿El ascenso electoral del populismo europeo, y de su incidencia en el debate público, hasta dónde modifica la agenda política y discursiva de Bruselas?


-Un dato nuevo sobre la ofensiva de la ultraderecha europea es que ya no sólo es un fenómeno de la Europa periférica. Partidos xenófobos hoy tienen un protagonismo político importante en los países con las economías más desarrolladas de la eurozona: Italia, Alemania, Francia. Indudablemente, las políticas de austeridad de la troika están generando, aún en los países ricos, un sentimiento de indefensión y desesperanza entre los sectores medios y trabajadores. Ese malestar es el combustible principal del populismo de derecha, tanto en Europa, los Estados Unidos, o ahora en Brasil a partir del triunfo de (Jair) Bolsonaro.


El segundo motivo, creo, del fortalecimiento del populismo radica en la no voluntad de las instituciones políticas tradicionales en pos de reformarse y buscar así un vínculo nuevo con la ciudadanía. Los poderes instituidos de la Unión Europea previeren seguir en su zona de confort burocrática. El Titanic se hunde, pero los funcionarios en Bruselas piden a la orquesta que sigan tocando. Esa es la situación.


-Tras la victoria de Bolsonaro, ¿Qué visión hay en Bruselas sobre la viabilidad en la firma del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea?


-Había una frase muy usada en la Grecia antigua: no hay nada malo sin su contraparte buena. El triunfo de Donald Trump, en ese sentido, trajo una buena noticia, el fin de las negociaciones entre la Unión Europea y los Estados Unidos para edificar el acuerdo de libre comercio más grande del mundo. Probablemente, la presidencia de Bolsonaro logre el mismo efecto entre el Mercosur y Bruselas. Eso a pesar de que la Unión Europea va a seguir insistiendo, incluso Francia, con el acuerdo. Para Bruselas, los negocios son lo primero. Bolsonaro, su discurso y sus políticas de odio y persecución, no son un límite para la eurozona. Eso quedó demostrado cuando Europa busco entendimientos con Sudamérica en tiempos de (Álvaro) Uribe e hizo caso omiso de los crímenes cometidos contra la población civil en el contexto del combate a las FARC.


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