“El pago de deuda es similar al 2001”

Pablo López, Director del departamento de Economía de la Universidad Nacional de José C. Paz, tuvo la espinosa tarea de negociar, pautar un mínimo entendimiento, con los llamados Fondos Buitre cuando se desempeñó como secretario de Finanzas en el anterior gobierno nacional.

 

SES América Latina convocó a López a leer el presupuesto 2019, que acaba de tener media sanción parlamentaria, en términos técnicos y políticos para poder tener una mirada más nítida de la hoja de ruta económica del año próximo. Un intento de acercamiento tanto al contexto global, la presión consentida de los organismos internacionales a la Casa Rosada, como a la letra chica del presupuesto, que tendrá aparentemente notables recortes en el segmento del gasto público.

 

-¿El segmento tributario del Presupuesto 2019 ahonda la tradicional matriz regresiva de nuestro país, o simplemente mantiene las brechas existentes?

 

-La novedad tributaria mayor, quizás, sea la reciente modificación en el derecho a las exportaciones. Entiendo, igualmente, que esa incorporación se ha dado de manera ambigua. Porque, claro, las retenciones son, en principio, un esquema de gravamen saludable porque toca a los sectores concentrados. Pero, a su vez, ese corrimiento es nimio en comparación al significativo quite impositivo recibido por las patronales agropecuarias de parte del actual gobierno argentino apenas asumió su cargo el presidente Mauricio Macri.

 

Sobre el impuesto a los bienes personales, aparentemente, habría un incremento. Eso es positivo pero, nuevamente, en términos generales no alcanza a revertir la matriz regresiva del sistema tributario argentino. En todo caso, la novedad más importante del nuevo presupuesto aparece en el capítulo de los recursos no tributarios, en despecho de los recursos tributarios.

 

Eso sí, algo muy preocupante es que la nueva hoja de ruta presupuestaria faculta al Ejecutivo a liquidar activos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS- caja previsional) para hacer frente a determinados gastos. Esa medida implica básicamente privatizar la participación estatal accionaria, que se da vía FGS, en importantes empresas del capital privado nacional.

 

-El gobierno argentino advierte que el nuevo presupuesto busca conseguir la llamada meta fiscal de Déficit cero. Ahora, bien, ¿los elevados pagos por intereses de deuda, que van a triplicar por caso el monto destinado a la educación pública, son computados al momento de proyectar la promocionada magra planificación de gastos?

 

-Es una buena pregunta porque existe algo de confusión pública en el debate de dicho tema. Cuando el gobierno se plantea el objetivo de Déficit cero está comunicando una restricción del denominado déficit primario. Esa cuenta surge de restar a los ingresos del Estado, tributarios y no tributarios, el capítulo del gasto público, pero sin contar la suma de dinero al pago de intereses de deuda. La paradoja, en todo caso, es que cuando se incorpora ese segmento, y se llega al llamado resultado financiero, da como número final un déficit total de cuatro puntos del producto.

 

Ese déficit es semejante al punto de partida que encuentra la administración Cambiemos cuando asume en diciembre de 2015. La diferencia es que el actual déficit va a estar concentrado en el acarreo del pago de la deuda. Otro número, el pago de intereses de deuda del próximo período alcanza el 15% del gasto total de la administración pública, una situación similar a la ejecutada por el gobierno de la Alianza previo a la crisis económica del 2001.

 

-¿Por qué los gobernadores apoyaron el presupuesto 2019? ¿Esa aprobación está basada en cierto calculo político o en una situación fiscal más favorable de las jurisdicciones federales?

 

-Considero contradictoria la decisión tomada por los gobernadores. ¿Por qué digo eso? La característica principal del presupuesto es que todas las partidas del gasto, cuando uno lo mira en términos reales y considerando la inflación, bajan considerablemente. Entonces, estamos ante un presupuesto de ajuste. Incluso, y de ahí la critica a los gobernadores, en el capítulo de transferencia de recursos que el Estado nacional hace a las provincias. Por eso, reitero, habría que preguntarle a los jefes provinciales porque apoyan un plan de ajuste que recae sobre ellos mismos.

 

Por otro lado, no veo que las provincias tengan las cuentas ordenadas. En todo caso, hay una situación dispar entre las gobernaciones y todas siguen dependiendo fuertemente de los recursos girados por el Tesoro nacional. Evidentemente, el consenso alcanzado entre Nación y Provincias es fruto de la presión política y el ahogo financiero. Recordemos que muchas provincias adquirieron deuda en moneda extranjera y las jurisdicciones federales no cuentan con ingreso en divisas. Por eso, insisto, la situación económica de las provincias más bien es apremiante.

 

Por último, el achique de recursos de Nación a las provincias vuelve a estar justificado, como paso en la década de los noventa, en la llamada descentralización de recursos, un modo amigable de nominar el ajuste y el retiro del Estado.

 

-¿Las condicionales exigidas por el Fondo Monetario Internacional a la Argentina tienen, a tu entender, un carácter más político que técnico?

 

-Las exigencias se dan en los dos planos. Hay un condicionamiento general para sesgar la política económica del país. El Fondo básicamente pide una reducción del tamaño del Estado, busca disminuir la influencia pública en las reglas de juego comerciales, y aconseja abrir la economía a los capitales extranjeros. Esas directrices responden, obviamente, a un molde ideológico y político. Luego, todo lo mencionado tiene su correlato en determinadas directrices técnicas.

 

-Desde tu experiencia de negociación con los Fondos Buitre, lo que te ha dado quizás un panorama más detallado del tablero financiero global, ¿existen fuertes pujas internas en el Fondo entre la posición de EE.UU. y la europea al momento de firmar acuerdos como el pactado con Argentina?

 

-En términos generales, observo que el Fondo Monetario no cambió a grandes rasgos su accionar con respecto a los lineamientos manifestados desde los años 80 con los países del sur. Marco esa línea de tiempo porque, previo a esa década, el Fondo pautaba sus prestamos pero sin exigir a cambio grandes condicionalidades. Más que nada el FMI monitoreaba los balances de pagos de las administraciones, las cuentas externas de las naciones con las que alcanzaba algún tipo de acuerdo.

 

En ese sentido, con el reciente acuerdo firmado, Argentina cede cuotas de soberanía más drásticas a las evidenciadas a inicios de siglo, durante la crisis del 2001. Por ejemplo, Cambiemos acepta reformar la Carta Orgánica del Banco Central. Quizás, desde el lado del Fondo, hay un esfuerzo del organismo por suavizar su imagen internacional a partir de la publicación de papers donde plasman cierta autocrítica por sus recomendaciones y fallidas previsiones durante el último crac económico argentino.

 

Volviendo a la pregunta, creo que el Fondo expresa mayormente la posición y el interés de los Estados Unidos; además, me parece erróneo caracterizar a Europa como un bloque porque en su interior conviven posturas que, a veces, pueden divergir.

 

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