“Bolsonaro querrá privatizar todo”

Graciela Rodríguez se exilió en Brasil cuando la última dictadura militar argentina forzó su exilio. Hoy reside en Río de Janeiro, cuna política del candidato presidencial Jair Bolsonaro. Parte de la Red Brasileña por la Integración de los Pueblos (REBRIP) y coordinadora del Instituto EQUIT, una organización feminista abocada a estudiar el impacto del modelo económico en las mujeres, Rodríguez visitó su país de origen para participar del Encuentro Nacional de Mujeres.

 

En diálogo con SES América Latina, la referente de EQUIT detalla aspectos desopilantes de la engañosa campaña comunicacional de Bolsonaro. Por ejemplo, cuenta que el líder del Partido Social Liberal mencionó un supuesto “kit gay” entregado por el lulismo en las escuelas para fomentar la opción cultura gay. En otro sentido, más a futuro, la activista de REBRIP vaticina la puesta en marcha de un programa económico más privatizador al ejecutado por el actual presidente Michel Temer en caso de un triunfo electoral de Bolsonaro el próximo domingo.

 

-¿Quién es y cuáles sectores sostienen, siempre en términos políticos, a Jair Bolsonaro?

 

-En principio, es un militar retirado que hace 27 años se desempeña como diputado federal. Ha sido un legislador inexpresivo, aparecía usualmente en los medios como una figura folclórica, casi payasesca, realizando declaraciones homofóbicas o muy conservadoras en lo económico. Su base electoral estuvo asentada en el apoyo de la familia militar asentada en el distrito de Río de Janeiro, la jurisdicción donde comenzó su carrera.

 

En términos de coyuntura política, Bolsonaro tuvo el acierto de ocupar el vacío de representación ahondado por el golpe político iniciado en 2013 con el ilegítimo juicio político a Dilma Rousseff. Y, fundamentalmente, Bolsonaro logró afincar su liderazgo sobre los sectores medios altos con un discurso muy furibundo contra la política tradicional. Además, el golpe blando contra el lulismo puso en escena a organizaciones de derecha con fuerte presencia en la movilización callejera. Un dato nuevo para el paisaje de Brasil, ya que los sectores conservadores priorizaban el Congreso u otras instituciones más cerradas como su base de operaciones.

 

-Entonces, ¿Un ciclo político, o más bien antipolítico, iniciado en el 2013 decanta en el fenómeno electoral presente?

 

-Claro, como decía, una serie de hechos inusuales: el rechazo, sobre todo de los sectores acomodados, a la dirigencia política tradicional más el surgimiento de una nueva derecha juvenil y blanca con ansias de disputar la calle a los actores sociales progresistas de Brasil constituyen, quizás, el embrión de Bolsonaro candidato y virtual presidente.

 

En paralelo, esa nueva coyuntura abrió una disputa hacia el interior del campo político de la derecha para dirimir quién sería, finalmente, el sucesor de (Michel) Temer en la presidencia. De forma inesperada, como ya sabemos, Bolsonaro se impone, a pesar de contar con pocos recursos partidarios, casi que su candidatura fue un proyecto familiar, por sobre el PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), la tradicional fuerza de la élite local, fundamentalmente porque la opinión pública, creo, le facturó a ellos su alianza con el mandato tan impopular de Temer. Recapitulando, el golpe antidemocrático abierto en el 2013 más la administración subsiguiente, sin réditos económicos por mostrar a la población, precipitaron un clima de odio y de profundo antipetismo, de antilulismo.

 

-Existieron lecturas contrapuestas sobre cómo impactó, en términos electorales, la movilización feminista #EleÑao en la primera vuelta electoral. ¿Cuál es tu lectura de esa jornada, ayudó a reforzar el voto petista o, por el contrario, logró potenciar la ola conservadora activando la fobia a la ideología de género?

 

-Muy por el contrario a los análisis que leyeron a #EleÑao como un hecho político favorable a Bolsonaro, en el sentido de haber activado supuestamente a un sector ultraconservador inmovilizado hasta ese momento, la salida a la calle de miles de mujeres ayudó a la candidatura de Haddad en llegar al balotaje. Es decir, esa interpretación de la movilización de mujeres como funcional al sistema fue otra fake news elaborada por el comando de Bolsonaro porque, nuevamente, construyeron esa lectura en base a datos falsos o tergiversados.

 

En realidad, Bolsonaro crece electoralmente en el último tramo de la campaña gracias a el apoyo explícito y oficial de la poderosa Iglesia Evangélica. Incluso, la consultora IBOPE confirmó en una medición el significativo caudal en votos a favor de Haddad otorgado por el segmento del padrón femenino representado en las consignas del #EleÑao.

 

-¿Qué sesgos puede tener el plan económico de Bolsonaro: va hacia un modelo financiero hiperdesregulado o intentará construir un nacionalismo comercial a lo Donald Trump?

 

-Él, en lo personal, no lo debe tener muy claro: porque, repito, es un tipo muy primario, poco lúcido, precario al momento de elaborar un discurso. Sin embargo, su probable ministro de Economía Paulo Guedes ha advertido que profundizará la privatización de activos públicos estratégicos. Guedes fue muy explícito en un reportaje que tuvo una notoria repercusión: “Si fuera por mí, privatizaría todo”.

 

Centralmente, considero que Bolsonaro va a alinear a Brasil en la división económica promovida por Trump para la región: que, básicamente, es protección comercial para los EE.UU. y apertura aduanera para el resto de Latinoamérica. Es decir, una globalización asimétrica y mentirosa en la supuesta promoción nacionalista. El otro punto clave del programa de Trump para su patio trasero pasa por apuntalar la economía digital y la industria 4.0. En ese esquema va a sobrar cada vez más mano de obra en América Latina porque esa matriz productiva no necesita incorporar trabajadores. A su vez, ese esquema de integración regional va a requerir de una mayor expoliación de recursos naturales del Cono Sur, sobre todo minerales. Y ahí Brasil tiene mucho por ofrecer por sus enorme biodiversidad en la zona del Cerrado y la Amazonía.

 

-¿Cuáles son las particularidades, tanto en su composición como demandas, del movimiento de mujeres de Brasil?

 

-Al igual que otros movimientos sociales brasileños, el colectivo feminista se institucionalizo bastante durante el lulismo. Una vez iniciado el proceso del golpe el movimiento de mujeres, ya sin contar con el respaldo de políticas públicas, comenzó a nutrirse con una población más joven, tomó el color y el apoyo de la comunidad afro e inició caminos de lucha con más presencia callejera.

 

¿Cuáles son los padecimientos más graves? Como en toda la región, la brecha salarial entre hombres y mujeres es muy grande en Brasil. Una mujer negra, incluso, puede llegar a tener un sueldo un 40% menor en comparación a la remuneración recibida por un varón como contrapartida de un trabajo equiparable en horas y formación técnica o profesional. Otro rasgo común del mercada laboral femenino es su componente mayoritario informal, siempre incorporadas a trabajos temporarios y con un requerimiento de menor formación técnica por parte de los empleadores.

 

En cuanto a la violencia doméstica sufrida por las mujeres siempre ha sido una problemática existente en el país. Indudablemente, y así lo marcan algunas estadísticas y hechos con trascendencia mediática, el violento discurso de Bolsonaro hacia las mujeres está fomentando la agresión física hacia las compañeras o esposas en los hogares del Brasil. Él es profundamente misógino y patriarcal; y también su entorno familiar y de asesores.

 

-Al ocupar una oposición central al modelo, ¿El movimiento de mujeres podría, como lo fue el MST, al agrupar al campesinado pobre en su momento, un eje aglutinador de la resistencia contra Bolsonaro?

 

-Con seguridad, así lo creo. Es decir, la justificación del programa privatizador y promotor de los que se conoce como desposesión de los territorios por parte de Bolsonaro está basado en una fuerte retórica moralista y conservadora. Cuando Bolsonaro ataca a las minorías sexuales y a las mujeres también pregona un sostenido programa de ajuste y flexibilización. Las dos partes del modelo están atadas por el mismo hilo, es un candidato que ataca verbalmente la subjetividad de las personas porque anhela debilitar la resistencia social del pueblo.

 

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