"Holanda es la guarida fiscal más grande del mundo"


La particularidad de su nombre, Rodrigo Fernández, poco común para un ciudadano holandés, se debe a que es hijo de exiliados chilenos. Ese hecho más su uso del castellano le facilitaron a Fernández ser uno de los impulsores, y puentes con Europa, de la iniciativa People 20, la red académica y de la sociedad civil que hizó su conferencia inaugural a mediados de julio en Buenos Aires.

Rodrigo Fernández, especialista en economía financiera, reparte su jornada laboral entre la Universidad de Lovaina y el observatorio holandés SOMO (Centre for Research on Multinational Corporations), una plataforma especializada en seguir los malos pasos dados por las corporaciones de su país, ya sean tributarios o en cuanto a impacto ambiental. SES América Latina aprovechó la estancia del especialista holandés en la capital argentina para conocer la permisiva relación de Bruselas con las zonas offshore del bloque regional; además, de incorporar su mirada sobre cómo repercute en la eurozona la inminente cumbre del G20.


-¿Qué es SOMO?


-Su nacimiento está relacionado con el surgimiento de las últimas dictaduras en el Cono Sur. Esa trágica situación motivó a investigadores académicos y activistas de Holanda a esclarecer y denunciar los negocios entre las multinacionales de nuestro país con los gobiernos militares latinoamericanos; en ese momento, ese vínculo estaba sostenido, principalmente, por la compañía petrolera Shell.


Luego, en las décadas posteriores, SOMO incorporó otros temas de trabajo, como las cuestiones relacionadas a las políticas de elusión fiscal, impacto ambiental y problemática de los derechos humanos generadas por los abusos de poder que se arrogan las corporaciones fronteras afueras de la metrópoli.


-¿Y tu trabajo en SOMO en cuál de esos puntos está centrado?


-En una agenda de investigación que aún no mencioné: justicia económica. Fundamentalmente, en ese tópico investigamos la arquitectura financiera global y el carácter de los tratados de inversión suscriptos por las multinacionales. Sobre todo estudio los desafíos que presentan ítems como el de guaridas fiscales, lo que se denomina shadow banking -banca secreta- y la regulación del sistema financiero al conjunto de la comunidad europea.


-¿Cuáles son los desafíos más urgentes que tiene la Unión Europea en esos capítulos?


-Tenemos mucho trabajo por delante. Pero, empecemos por casa. Holanda, por ejemplo, es una de las principales guaridas fiscales. Sí observamos los flujos de inversiones directas, Ámsterdam es el paraíso fiscal más grande del mundo.


-¿Cómo llegas a esa conclusión?


-Como decía, la inversión directa anual es de 4 trillones de dólares, un monto superior al recibido por Estados Unidos y China en dicho segmento económico. Junto a Luxemburgo e Irlanda, Holanda es una gran aspiradora de flujos de inversión. Pero, el dinero no se emplaza en proyectos productivos, el dinero así como entra, sale. Holanda es utilizada como un mero hecho de jurisdicción contable. A diferencia de las guaridas fiscales, donde los flujos de evasión o elusión suelen ser asentados, Holanda es utilizada entonces por las corporaciones como un eslabón intermedio contable.


Eso es importante remarcarlo porque los paraísos fiscales funcionan en un mecanismo de redes, cada eslabón o jurisdicción cumple determinada función. Holanda activa, entonces, la limpieza tributaria.


-¿Cómo funciona ese mecanismo de elusión?


-Una multinacional puede asentar tanto activos como deuda en Holanda. Un ejemplo, sí Canadá quiere hacer una inversión en Mongolia puede registrar su capital en una compañía de buzón en Ámsterdam -es decir, en el registro de beneficiarios finales- y esa compañía fantasma hará, finalmente, el desembarco en el país asiático. Esa triangulación, donde las ganancias del holding serán asentadas en Holanda, permitirá a la compañía canadiense una jugosa rendición del capital ya que Holanda no ejerce una fuerte presión fiscal a las grandes multinacionales.


Holanda logra jugar ese rol en la economía global gracias a la enorme cantidad de tratados de inversión bilateral o multilateral que tiene suscriptos. Incluso, previo a la II Guerra Mundial, mi país era un eslabón clave en la evasión fiscal planificada por las grandes corporaciones. Pensemos que somos un país pequeño pero que asienta a grandes multinacionales: Unilever, Phillips, Shell. Por eso, una política de Estado de Ámsterdam siempre estuvo enfocada en asistir a dichas compañías y facilitar su inserción internacional.


A su vez, para marcar una línea histórica, desde los años 80, hay un gran consenso tácito firmado por el ministerio de Finanzas, el Banco Central y los principales partidos políticos, ya sean liberales o demócrata cristianos, en sostener una arquitectura legal permisiva con la elusión y evasión fiscal privada.


-A su vez, ¿La Unión Europea es permisiva con la política holandesa que mencionas?


-La Comisión Europea, el órgano con más poder regulatorio dentro de la eurozona, está presidida por funcionarios que provienen de guaridas fiscales. El número uno -Jean Claude Juncker- es de Luxemburgo, y el número dos de Holanda. Es más, hasta hace poco, el número tres en la escala jerárquica era británico; es decir, provenía de otro país en contar con respaldo de una zona offshore. Como se verá, más que tensión, hay confluencia de intereses.


Esa buena relación queda comprobada cada vez que la Unión Europea realiza su lista de paraísos fiscales: donde esos países -Holanda, Luxemburgo, Irlanda y el Reino Unido- siempre quedan excomulgados en la nominación. En la última lista de jurisdicciones opacas establecida por Bruselas incluye a Mongolia, Corea del Sur y no a reconocidas zonas offshore como las Islas Caimán.


A su vez, en la eurozona existe una descarnada competencia fiscal entre los Estados para atraer inversiones. A su vez, la intención de Londres de salir definitivamente de la Unión Europea está motivando a Holanda a ahondar aún más la baja presión fiscal que ejerce hacia las corporaciones para mantener su status en la región. Eso, por supuesto, va a estimular a otros gobiernos a tomar un camino fiscal parecido. Es lo que suele denominarse una competencia a la baja.


-Finalmente, ¿Podes contarnos brevemente tu presentación en People 20 en colaboración con investigadores argentinos?


-Sí, comenzaría diciendo que la cumbre del G2O señala que estamos ingresando a un nuevo contexto internacional producido por las consecuencias de lo que fue la circulación del dinero barato en las economías periféricas. Entendemos que el giro monetario realizado por EE.UU., en cuanto a la suba de su tasa de interés, puede producir un shock económico similar a la crisis generada, en su momento, por el estallido de los petrodólares en los años 70.


Los países emergentes afectados en la actualidad están insertos en diversas dinámicas geopolíticas: estamos hablando de Turquía, Europa del Este, Sudáfrica, India. Entonces, la contracción económica va a repercutir en múltiples comunidades. Entonces, considero que hay una urgencia cada vez mayor por crear un sistema multilateral de reestructuración de la deuda. Son ideas que ya se debatieron en su momento, pero que hoy recobrar protagonismo.


Lo mismo sucede con la discusión sobre el control estatal al flujo de capitales. Es decir, para concluir, la magnitud de los cambios producidos en la geografía económica global deberían exigir a los gobiernos del G20 la discusión y puesta en marcha de cambios radicales en la arquitectura financiera internacional.

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