“Latinoamérica necesita otra cumbre”


Mañana comienza la octava edición de la Cumbre de las Américas. Un espacio gubernamental impulsado, en su momento, por la Casa Blanca. Sin embargo, el actual mandatario norteamericano no concurrirá a la cita. Es la primera vez que acontece esa ausencia. Las particularidades del concláve no terminan ahí: muchos de los gobernantes que se congregarán en Lima proceden de administraciones, caso Brasil o Honduras, que no han llegado al gobierno por un camino electoral limpio. Incluso, otros Jefes de Estado de la región, siguen salpicados por las significas filtraciones offshore revelados recientemente por la prensa internacional. A pesar de todos estos antecedentes, uno de los ejes de trabajo claves de la Cumbre pasará por debatir "los desafíos de la corrupción".


Como suele suceder, en paralelo a la convocatoria protocolar, organizaciones sociales y partidos populares críticos del neoliberalismo volvieron a coincidir en Lima en la denominada Cumbre de los Pueblos. SES América Latina habló con uno de los organizadores de dicho evento, Anahí Durante, dirigente de Nuevo Perú, la referencia de la izquierda parlamentaria más importante de ese país.


-¿Por qué consideraron necesario impulsar una Cumbre de los Pueblos, por afuera de la convocatoria protocolar que reúne a todos los Jefes de Estado de las Américas?


-La cumbre de presidentes se presentó como un espacio excluyente en las últimas convocatorias. Pero, más ahora, con la particular situación política de Perú. Porque se daba la paradoja que el lema central de la convocatoria a la VIII cita interamericana era la lucha contra la corrupción. Y el anfitrión era Pedro Pablo Kuczynski (PPK), un mandatario envuelto en múltiples denuncias. Entonces, ya de por sí, el espacio de la cumbre venía bastante viciado.


Además, Perú, como país anfitrión, venía incorporando la intervención en la situación política venezolana como uno de los ejes de acción, con la clara intención de librarse de sus problemas internos. En ese marco, es que las organizaciones sociales, recogiendo lo que ya se había hecho en Panamá y otros países, deciden organizar la cumbre de los pueblos como una alternativa a una cita que vemos como excluyente e ilegítima. Es increible que gobiernos acusados por graves actos de corrupción, o administraciones golpistas como el Ejecutivo hondureño, pretendan dar salida a los problemas de la corrupción y la democracia.


-Varios funcionarios de la región tienen activos sin declarar en zonas offshore. ¿La Cumbre de los Pueblos incorporó a su agenda de discusiones la problemática de las guaridas fiscales?


-Los ejes temáticos de nuestra Cumbre son bastante amplios, aunque hay un énfasis geopolítico en los intercambios entre las delegaciones participantes porque la arremetida neoliberal nos fuerza a detenernos en ese punto. En relación a la pregunta, un panel de la cumbre donde participaron Gabriela Rivadeneira (legisladora ecuatoriana) y Atilio Borón (politólogo argentino) hacían hincapié en el cruce entre los modelos económicos imperantes y la trama de la corrupción. Entonces, ellos advertían que las exoneraciones tributarias a las grandes empresas colisionan abiertamente con el concepto de Justicia Fiscal, que es otra manera de estimular el desfalco público.


-¿Cuál es la situación particular de Perú sobre la elusión y evasión fiscal generada por los grandes actores económicos?


-Nosotros, desde Nuevo Perú, contamos con una referente parlamentaria como Marisa Glave que viene poniendo mucho empeño en el Parlamento en los temas fiscales. Ella ha impulsado la formación de una comisión legislativa para que monitoree las exoneraciones tributarias a las grandes empresas asentadas en el Perú. Sucede que en nuestro país existen un conjunto de amarres legales impuestos por la Constitución fujimorista del año 1993. Por ejemplo, la compañía aérea LAN Perú, que ahora es LATAM, es una empresa que goza de amplios beneficios impositivos. Una prerrogativa ilógica ya que es un holging líder en el rubro y, por lo tanto, no requiere evidentemente ningún tipo de apoyatura estatal para afianzar sus negocios en el país.


Algo similar sucede con las multinacionales mineras que desarrollan su actividad extractiva en el interior del Perú: no pagan impuestos al Estado, y para ello aducen argumentos frágiles. Y, luego, el Estado, en este caso Perú, se excusa en no impulsar programas sociales por falta de recursos. Pero, esa debilidad pública tiene uno de sus orígenes, claro, en la injusta política de recaudación tributaria. Por último, desde Nuevo Perú, estamos proponiendo que los candidatos a ocupar un cargo público deban cumplir con el requisito de no contar con activos radicados en zonas offshore.


-¿Cuál es la situación política de Perú tras la renuncia forzada de Kuczynski y la asunción de un Jefe de Estado carente de una fuerza partidaria nacional que lo sostenga?


- (Martín) Vizcarra viene de ser el vicepresidente de PPK, así que prima la continuidad del modelo. En general, se vive una tensa calma. Padecemos una crisis latente, pero aún no explosiva. El cambio de presidentes no se vivió con miles de personas volcadas en las calles. Vizcarra, efectivamente, viene de gobernar una región pequeña de Perú. A su vez, los partidos conservadores han pactado tácitamente una tregua para que el nuevo Jefe de Estado inicie su gestión sin muchos cortocircuitos legislativos. Nosotros, en cambio, desde Nuevo Perú, planteamos que la salida de Kuczynski no resuelve el problema estructural de nuestro país. Mucha de la clase dirigente que viene gobernando el Perú está implicada en graves delitos de corrupción o en actos vinculados al mundo narco, eso último es muy evidente en el seno del fujimorismo. En conclusión, Vizcarra prolonga la crisis del país: que es económica, y también de legitimidad de la clase política.


-Ya que lo mencionas, la corrupción es uno de los ejes de la agenda oficial de la Cumbre de las Américas. Sin embargo, con el ex presidente brasileño Lula Da Silva preso, esa trama parecería estar apuntalada desde los estamentos del poder hacia las fuerzas populares de la región. ¿Qué lectura hacen del tema desde la Cumbre de los Pueblos?


-Es muy fuerte, por lo menos en mi país, el fuerte flujo de capitales privados volcado en las campañas políticas. El ex presidente Ollanta Humala (hoy preso por la trama Odebrecht) recibió tres millones de dólares en el momento de su postulación electoral, una cifra llamativa. Las campañas, entonces, se vuelven una maquinaria de dinero; y ese dinero, de alguna manera, está influyendo en la voluntad popular. Pero, claro, el retorno de esa clase política impulsada por las corporaciones hacia el sector privado no deja mucho margen de acción: esas empresas terminan siendo beneficiadas por las decisiones de los gobernantes.


De esa manera, el Estado comienza a ser visto como un botín. Donde cada licitación pública es sobrevalorada para poder desviar recursos o premiar favores. Acá, por ejemplo, se comprobó que la construcción de la carretera interocéanica fue presupuestada cinco veces más que su valor. Y, en el medio, obviamente, un montón de actores se quedaron con una parte del desfalco.


En líneas generales, en el Perú la corrupción es el lubricante que aceita la gestión pública, y ese mecanismo se implantó con mucha firmeza, por primera vez, con el inicio de la dictadura neoliberal fujimorista. La permanencia de ese dispositivo ha anestesiado a la opinión pública peruana. Por eso, es muy frecuente escuchar en boca de la gente: “roba, pero hace obras” ,en alusión a determinado dirigente político.


-¿Cómo ha repercutido el anuncio, tanto de Nicolás Maduro como de Donald Trump, sobre su no concurrencia a la cumbre?


-En el caso de Maduro, el gobierno peruano montó una estrategia de comunicación muy significativa como para mostrar su presencia en el país como una cuestión que afectaba, prácticamente, a la seguridad nacional. Entonces, la ausencia del mandatario venezolano es transmitida como un alivio por parte de los grandes medios oficialistas.


Luego, la no llegada de Trump es un evidente fracaso de la diplomacia regional. El gobierno, antes con Kuczynski, ahora con Vizcarra, no confrontó gratuitamente con Caracas. Su objetivo era estar en sintonía con Washington. Por lo tanto, la decisión del líder de la Casa Blanca, aunque no se reconozca públicamente, desdibuja el encuentro de muchos Jefes de Estado alineados con la política estadounidense.


-Hace 13 años los gobernantes de la región le dijeron NO al ALCA en una Cumbre de las Américas. El perfil de los actuales gobernantes dista mucho de esa foto. Sin embargo, hoy no parece haber una casa que albergue a los movimientos populares de la región. El Mercosur está en sintonía con la librecambista Alianza del Pacífico y la UNASUR o la CELAC están en una fase de baja intensidad. ¿Cómo se puede rearticular al sur en dicho contexto?


-Ese es un tema bien urgente. Efectivamente, la crisis de los gobiernos progresistas ha repercutido en la debilidad de las articulaciones continentales que nos congregaban. Considero que a la UNASUR no la han terminado de enterrar. Perú, lógicamente, hace mucho que no participa activamente en ese organismo de integración. Entonces, quizás, los movimientos populares debemos comenzar exigiendo a nuestros gobernantes que no abandonen espacios multilaterales comunes como la CELAC o la UNASUR.


Porque, claro está, y ahí tenemos una gran diferencia con los partidos que hoy lamentablemente son en muchos casos gobierno en Latinoamérica, la integración no es solo comercial. En todo caso, debemos esforzarnos por generar convocatorias populares, pero de carácter más permanente. Estamos frente a una ofensiva conservadora muy fuertes, y la dispersión sólo nos hace más débiles.

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