“Tenemos el control de divisas de Suiza”

 

La coalición Tax Justice Network elabora todos los años un ranking de opacidad financiera. En el último listado Suiza aparece como el campeón mundial de ese lesivo capítulo fiscal. Precisamente, la evocación del país europeo conocido en el mundo por sus relojes y sus cuentas bancarias secretas, es mencionado por el abogado argentino Sebastián Soler, especialista en derecho financiero, cuando compara la política argentina en el control de fuga de divisas. “En Argentina hay absoluta libertad para el movimiento de capitales. Ese dato, en contra de lo que pregona el gobierno, nos hace una plaza más vulnerable en el mercado financiero”, sostiene Soler, subgerente general y asesor de la presidencia del Banco Central durante la gestión de Mercedes Marcó del Pont (2008-2010) y columnista en temas económicos del portal informativo El cohete a la luna, que dirige el reconocido periodista Horacio Verbitsky.

 

-¿El Banco Central argentino monitorea con celo la entrada y salida de dólares? ¿Qué tipo de políticas públicas debería darse el país para resguardarnos de una fuga de divisas?

 

-Argentina atraviesa un debate interesante. Está claro que hay una política lábil de (Federico) Sturzenegger (presidente del BCRA) en el control de divisas. Primero, a los exportadores ya no se les exige, como sucedió históricamente, que liquiden sus dólares en el país en determinado plazo de tiempo. Esa es una política de Estado que fue abandonada. El límite temporal exigido por el gobierno a los exportadores fue variando durante los distintos gobiernos, pero siempre existió esa prerrogativa pública. Hoy esa exigencia ya no existe y eso, por supuesto, incide en los números del país porque, como todo sabemos, tenemos un déficit estructural en la adquisición de divisas. Y ese flujo de dólares lo necesitamos para pagar los bienes importados que son imprescindibles para nuestro aparato productivo.

 

Segunda cuestión, el Banco Central no discrimina si las divisas ingresadas por los ciudadanos extranjeros están dirigidas a una inversión productiva para ampliar una planta fabril, por poner un ejemplo, o si en cambio esos dólares buscan generar una ganancia montada en la bicicleta financiera. En el primer caso, lo lógico es no cobrar una tasa impositiva por esa entrada de dólares, a cambio de establecer un piso temporal de permanencia en el país. Porque siempre son bienvenidos los dólares que vienen a fortalecer la inversión productiva. En el segundo caso, durante la presidencia de Marco del Pont nosotros solicitábamos a los inversores especulativos que inmovilizarán un treinta por ciento de su capital en cuentas locales y, además, también establecíamos plazos de tiempo mínimos para poder retirar ese flujo de dólares hacia el exterior. De esa forma nos resguardamos de los movimientos especulativos. Esa regla desapareció.

 

En tercer lugar, el gobierno también liberalizó la compra de dólares para el conjunto de los ahorristas. Por eso, en Argentina hay absoluta libertad para el movimiento de capitales, el gobierno actúa como si fuéramos Suiza.

 

-El gobierno de Mauricio Macri muestra el aumento de las reservas del Banco Central como un logro de su gestión. Algunos analistas, sin embargo, consideran que una buena parte de nuestras reservas están compuestas por bonos de deuda. ¿Cuál es tu mirada en ese punto? ¿Somos un país más fuerte en dólares con respecto a la gestión anterior?

 

-Las reservas del Banco Central andan en los 62 mil millones de dólares. Es un número significativamente superior al número de reservas que se sumaban al momento de asumir Macri. Ahora, al momento de leer las reservas del Banco Central siempre tenemos que hacer la siguiente consideración: una cosa son los dólares de libre disponibilidad, que son nuestros porque son divisas que no le debemos a nadie, y otra cosa es la cuota de reservas provenientes de las inversiones en dólares de los ahorristas. Es decir, los depósitos en dólares que el ciudadano pone en determinado banco privado o público siempre suman a las reservas.

 

Más allá de lo señalado, considero que la cuestión más estratégica que debe plantearse el Estado es qué política debemos darnos como país para que crezcan el volumen de las reservas. Argentina, entre los años 2003 y 2015, tuvo superávit comercial. La excepción se dio durante el último tramo del gobierno de Cristina (Fernández), donde el acopio de los sojeros, que apostaban a una fuerte devaluación, afectaron nuestra capacidad de contar con dólares genuinos. En conclusión, anteriormente, el nivel de reservas del Banco Central era más bajo pero estaba apalancado en dólares genuinos, provenientes de que exportábamos más de lo que importábamos. En la actualidad, eso no sucede: tenemos déficit comercial.

 

Entonces, ¿Cómo es posible que crezcan tanto las reservas? Sucede que el país se está endeudando a un ritmo de 30 mil millones de dólares por año, la mayor parte en moneda extranjera. Entonces, tenemos más reservas pero a futuro esa fortaleza puede menguar sí perdemos acceso al mercado del crédito internacional. Esa es la vulnerabilidad que observo. Y no es un dato menor porque la demanda interna de dólares, tanto para ahorro como para turismo o para importar bienes de capital, no tiene techo. Por eso advierto que una restricción externa puede afectar severamente las reservas del Banco Central.

 

-Dentro de ese posible contexto global adverso que mencionas, ¿En qué medida una significativa suba en la tasa de interés de la FED estadounidense puede afectar la política monetaria argentina?

 

-A ver, Cambiemos gobernó durante dos años con una tasa internacional en dólares muy baja. Ahora, fue oficializada una suba de la inflación en los Estados Unidos. Una cuestión que impacta, directamente, en la suba de la tasa de interés. Hoy, el interés de un bono del Tesoro de EE.UU. a diez años subió a 2.91 por ciento. Es decir, ya está casi al tres por ciento.

 

-Un negocio con mucho magnetismo porque Estados Unidos tiene la máquina de hacer dólares.

 

-Exacto, cualquier inversor del mundo ve esa tasa y migra al norte porque un bono del Tesoro norteamericano equivale prácticamente a un billete real. El bono de los EE.UU. es un bono que se paga y, entonces, opaca a otras colocaciones en deuda. Entonces, sí la inversión menos riesgosa del mundo garantiza una ganancia anual del tres por ciento, que en montos grandes de dinero implica un negocio fabuloso, cuánto va a exigir un inversor equis para colocar su capital en un lugar como Argentina, que hoy aparece como una plaza riesgosa. La respuesta la da el mercado: en los últimos meses, el país más castigado por el mercado internacional fue la Argentina. Mientras en el resto de la región, México o Brasil, el promedio de aumento del costo del interés para colocar deuda fue de entre 5 o 6 puntos, en la Argentina llegó a los diez puntos. Ese dato también es muy preocupante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Entradas destacadas

?Quién paga la crisis del Covid-19¿

June 3, 2020

1/8
Please reload

Entradas recientes

April 16, 2020

Please reload

Archivo
Please reload

Seguinos
  • Facebook Basic Square
  • Twitter Basic Square
  • YouTube Social  Icon