“El decil más poderoso acumula el 68% de la riqueza”


La red global Oxfam emite todos los años un exhaustivo y detallado informe sobre la desigualdad en el mundo. La organización suele hacer público los significativos números sobre la brecha social reinante durante su participación en el Foro Económico de Davos. “La tendencia sobre concentración de la riqueza va en aumento en todas las regiones del planeta; en América Latina la situación se agrava por las medidas de austeridad que están implementando gobiernos de mucho peso en la región como Argentina y Brasil. En líneas generales, de acuerdo a nuestra investigación, la concentración va in crescendo, según nuestros números cada 48 horas nace un nuevo multimillonario en el mundo”, detalla Rosa Cañete, responsable del programa de lucha contra la desigualdad y la captura del Estado de Oxfam en América Latina y el Caribe, los alcances del trabajo Premiar el trabajo, no la riqueza.


-Ustedes suelen dar malas noticias a inicios de cada año. En el 2017 advirtieron que las ocho fortunas mayores del mundo poseían tanta riqueza como la mitad más pobre del mundo. ¿Qué tendencia registra su último informe?


-La tendencia es a mayores niveles de concentración. Nuestro última investigación comienza advirtiendo que el 1% de la población más rica del mundo acaparó el año pasado el 82% de la riqueza producida. En América Latina la situación es similar: el 10% más rico de la población ya concentra el 68% de la riqueza total, mientras el 50% más pobre solo accede al 3.5% de la misma.


Por otro lado, observamos que la riqueza de los milmillonarios latinoamericanos creció en 155 mil millones de dólares el último año, dicha cantidad de riqueza sería suficiente para acabar casi dos veces con toda la pobreza monetaria por un año en la región. Por último, también me gustaría destacar que en América Latina y el Caribe el 16% de los trabajadores asalariados y el 28% de los trabajadores informales se encuentran en situación de pobreza.


-¿Cuando hablan de “riqueza” la referencia es al patrimonio o al ingreso de las personas?


-Para nosotros la riqueza es la suma de todos los activos, ya sean financieros o inmobiliarios de alguien en particular, y, por supuesto, menos sus deudas. Es un concepto lo más abarcador posible. Pero, más allá de los números, la conclusión es evidente: estamos en presencia de un sistema económico que no es viable y que sólo da resultados a una élite económica cada vez más reducida. Los propios informes del FMI y el Banco Mundial lo confirman.


Incluso, los organismos internacionales de crédito se manifiestan últimamente muy preocupados por la falta de crecimiento. En ese sentido, concurrimos a Davos porque advertimos que los gobernantes y empresarios reunidos en Suiza son parte del problema de la desigualdad y, por lo tanto, los convocamos a ser parte de la solución en dicho flagelo.


-¿Qué es la tasa Robin Hood que proponen para revertir la asimetría global en ingresos?


-Junto a otras organizaciones de la sociedad civil movilizadas por la justicia fiscal impulsamos la necesidad de contar con una tasa a las transacciones financieras o tasa Robin Hood. Otra posible propuesta es intentar gravar con una tasa del 1.5% a las grandes fortunas del mundo. Es más, según nuestros estudios, estimamos que la recaudación obtenida con un impuesto global del 1,5% a las fortunas de los milmillonarios se podría escolarizar a todos los niños y niñas.


-¿Ese debate no próspera por falta de voluntad política o por ausencia de un marco institucional que aborde la cuestión financiera en el mundo?


-Hay un poco de todo. Oxfam considera que el ámbito más democrático para avanzar en la discusión tributaria es las Naciones Unidas, porque en esa instancia multilateral cada país cuenta con un voto. En ese sentido, la propuesta de contar con un Tax Body en la ONU para construir consensos públicos comunes contra las zonas offshore nos parece una buena iniciativa.


-En su informe es muy notorio el problema de la desigualdad de género en el ámbito laboral.


-Esa brecha es alarmante. En América Latina la brecha salarial entre hombres y mujeres ya es del 16 por ciento. Además, en nuestra región, las mujeres trabajan casi el doble de horas que los hombres en trabajos no remunerados. Esa inequidad podría reducirse si los Estados avanzarán en programas de protección social que redistribuyan las cargas del cuidado hogareño a niños, ancianos o a personas con discapacidad, una tarea que suele recaer en manos de las mujeres.


Nuestro informe puso mucho hincapié en la cuestión de género. Y para ello nos propusimos conocer personalmente a las mujeres que padecen los tratos más injustos en el actual mercado laboral. Por eso, en las páginas de nuestro documento están las historias de las mujeres que trabajan en fábricas textiles vietnamitas, lejos de sus hogares y sin ver a sus hijos durante meses, a cambio de salarios de pobreza. También registramos a las mujeres que trabajan en la industria avícola de los Estados Unidos, obligadas a llevar pañales porque no tienen descansos para ir al servicio. Y también escuchamos las mujeres que trabajan en hoteles de Canadá, víctimas de acoso sexual y obligadas a mantenerlo en secreto por miedo a perder su empleo.


- ¿El tablero mundial sobre desigualdad es homogéneo? ¿Hay regiones donde puedan destacarse políticas públicas sólidas contra la brecha social?


-En América Latina observamos en la última década, diría entre los años 2002-14, que los gobiernos impulsaron interesantes medidas para disminuir la concentración de ingresos. Doy un ejemplo: en el año 2010 el gobierno de Ecuador estableció que las compañías que reportaran grandes dividendos debían fijar, previo al reparto de utilidades, un salario digno a los trabajadores. Eso permitió que el país andino el salario mínimo fuera poco a poco equiparándose con el salario de dignidad que hoy garantiza el pago de una canasta básica para una familia tipo.


Lamentablemente, las últimas políticas de austeridad implantadas en la región, que ya fracasaron notoriamente en los noventa, están ahondando el caudal de ingresos en la población. Según los números de nuestro último informe la pobreza en América Latina trepó del 28 al 30 por ciento en los últimos doce meses. Evidentemente, ese no es el camino para reducir la desigualdad.



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