“Solo el Partido Judicial puede frenar a Lula”

Adão Villaverde es diputado lulista por el Estado más trabalhista de Brasil: Río Grande do Sul. En su ciudad más importante y capital distrital el Partido de los Trabajadores ganó su primera elección importante hace casi tres décadas. Además, en Porto Alegre comenzó el significativo foro continental de izquierda donde el PT oficiaba de anfitrión.

 

Villaverde participó semanas atrás en el segundo Encuentro Parlamentario Regional por la Justicia Fiscal organizado por Fundación SES y la red latinoamericana Latindadd. A poco de comenzar la campaña electoral para las comicios presidenciales de 2018, Villaverde accedió a hablar com SES América Latina sobre los nuevos desafíos del lulismo, y de Lula, en un escenario político brasileño incierto por la evidente inestabilidad política y social.


-La popularidad es baja, su vínculo con la corrupción ha sido transmitido por televisión e, incluso, sectores de la élite como la red O Globo desaprueban la gestión, ¿Cómo logra Michel Temer seguir en el cargo en un contexto regional donde los presidentes son removidos por cuestiones menos sensibles?


 

-Efectivamente, la situación en Brasil es muy delicada. La democracia en mi país ha sido atacada desde que el juicio político infame contra la compañera Dilma (Rousseff) logró cumplir el deseo de los sectores que no respetan el mandato de las urnas. Además, ya con Temer en el gobierno, los sectores populares han perdido derechos sociales históricos; es decir, no me refiero sólo a la quita de beneficios impulsados durante el lulismo, el ajuste de Temer recortó garantías conseguidas hace más de medio siglo y que suponen un piso de igualdad mínimo para acortar la clásica brecha social de mi país.


 

En principio, los grandes medios de comunicación, el sector esclavista de la élite, aferrado a un trato aristocrático contra la plebe, y el Poder Judicial más activo en el trabajo sucio político lograron su objetivo principal: perpetrar el golpe blando contra Dilma. Acto seguido, los golpistas comenzaron su gestión con dos promesas: combatir la corrupción y mejorar la economía. Pero, no lograron ninguna de las dos cosas. Lo que es, sumamente, lógico. Primero, el gobierno y sus aliados conforman una confederación federal de corruptos. Gran parte de los funcionarios, o de sus empresarios amigos, ya han sido denunciados, o incluso están siendo procesados, por malversación de fondos públicos. Segundo, la economía no levanta vuelo. Al revés de lo prometido, la proyección comercial de Brasil se está devaluando.


 

Entonces, sí, Temer sigue en el cargo pero, a corto plazo, ya que las elecciones son en octubre, entiendo que él, ni sus aliados, lo harán. Todas las encuestas confirman a Lula en el primer lugar en la intención de voto. Por todo lo que referí, la corrupción estatal sumado a la pérdida de derechos más el declive económico, hacen que el humor social comience a decirle basta a Temer.

 

Por eso, la élite de Brasil apuesta a frenar a Lula con una ofensiva jurídica, sostenida la acusación por prebendas ya conocida, porque es la única carta de poder que les queda. Con los votos ya saben que pierden. Para nosotros, el Partido de los Trabajadores, la causa contra Lula es una prolongación del golpe destituyente contra Dilma. Pero, no bajaremos los brazos. Lula está muy activo, lidera caravanas por todo el interior de Brasil. Ya estuvo por el nordeste y la zona centro, y en el inicio del año nos va a tocar a los del sur poder escuchar su voz.


-El gobierno de Temer, al igual que la administración argentina, apuestan a la firma de un TLC regional con la Unión Europea. ¿Esa expectativa sigue firma a pesar de los últimos tropiezos en la negociación?


-Sí, claro, perciben el acuerdo como una gran oportunidad de negocios. Y, en ese sentido, Lula ya se pronunció sobre ese Tratado y otros aspectos similares de la marcha económica. Es decir, Lula ya advirtió que no repetirá las alianzas fallidas con el empresariado local desarrolladas durante sus dos mandatos. Porque desde el PT creíamos necesario un diálogo táctico con el sector más “nacional” de las corporaciones, y lo seguimos creyendo estratégico. El problema es que debimos y debemos hacer un filtro más selectivo en ese diálogo.

 

Mucha de la casta empresarial enriquecida con Lula, activa en el impeachment contra Dilma, y hoy dispuesta a la firma de un pacto comercial con Europa, no tiene nada de nacional. En fin, desde el Partido de los Trabajadores estamos convencidos que, si llegamos nuevamente al Planalto, debemos encarar reformas más estructurales de la economía. Tanto en la agenda del derecho a la tierra, en el capítulo financiero y, por supuesto, en la cuestión tributaria, un campo donde reluce muy fuerte la desigualdad en mi país.


-Precisamente, ese tema es uno de los nudos del Encuentro por la Justicia Fiscal, ¿Por qué hace esa referencia sobre la inequidad impositiva en Brasil?


-Porque el sistema de impuestos en Brasil es sumamente regresivo. Los pobres pagan en impuestos más que los ricos. Eso es una constante en toda la región pero en mi país se vive con más crudeza que en otras naciones vecinas. Por eso, el nuevo programa del PT también toma esa cuestión partiendo, claro, de una autocrítica por lo no hecho durante nuestros gobiernos. Vuelvo a lo anterior, tanto en la economía como en el capítulo específico tributario, un nuevo gobierno del PT con Lula debe ir hacia transformaciones más estructurales que sean, y eso es fundamental, fuertemente apoyadas y administradas de alguna manera por los movimientos sociales.


En resumidas cuentas, no podemos permitir a futuro que una administración como la de Temer borre de un plumazo conquistas medianas y profundas que costaron mucho esfuerzo conseguir. Eso lo estamos viendo en el tema petrolero, un eje muy sensible y estratégico en Brasil porque somos un país rico en hidrocarburos. Bueno, Temer está expandiendo con distintas leyes la privatización de PetroBras, ya no controlamos ni las fases de exploración, ni el precio del barril de crudo ya sea para nuestro mercado interno o para exportarlo.

 

-Última pregunta, ¿Cómo puede actuar la política para generar un escudo público contra la evasión fiscal de las corporaciones?


-Muchas de las propuestas compartidas en el Encuentro (Regional Parlamentario por la Justicia Fiscal) por otros legisladores me parecen sumamente convenientes. Por eso, estimo que debemos avanzar hacia una alianza continental que puje por una reforma fiscal en todos nuestros países. Debemos conformar, si se me permite la figura, un Frente Amplio latinoamericano por la justicia fiscal. Es un buen camino para reducir la desigualdad estructural de la región.

 

Si logramos avances en ese aspecto podremos asociar, entonces, el pago de impuestos, siempre requerido como un mandato de los gobiernos a la población, como una vía para contar con mejores hospitales, escuelas e infraestructura. Es una pelea difícil pero, seguramente, mucho menos cuesta arriba si forjamos una convergencia regional en el propósito de una reforma fiscal con justicia social.


 


 

 

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