“Guillier debería cerrar el legado de Pinochet”


Hugo Gutiérrez llega a Plaza de Mayo en plan turista cuando una gigantesca movilización contra la reforma previsional impulsada por el gobierno de Macri comienza a llenarla de ruidos y colores.


Gutiérrez, diputado oficialista chileno, pregunta a SES América Latina por la identidad política de esas distintas columnas partidarias. “Los rojos quiénes son, y esos azules a quién responden”, insiste Gutiérrez. El legislador trasandino por la región norteña de Tarapacá, abogado y activo participe en la agenda de derechos humanos y contra la corrupción política, visitó la capital argentina para participar del II Encuentro Regional Parlamentario contra la Justicia Fiscal que organizó a inicios de diciembre la Fundación SES y la red Latindadd. A pocos días del ballotage chileno, Gutiérrez aceptó dialogar sobre la significativa coyuntura chilena.


-¿Por qué afirmó durante su intervención en el Encuentro que su país vive una eterna transición desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet?


-Voy a tratar de resumirlo porque se trata de un tema largo. La dictadura militar pinochetista se dotó de una institucionalidad basada, fundamentalmente, en una Constitución política neoliberal que transformó al Estado chileno en un Estado subsidiario. Es decir, de un Estado que no se hace cargo de los derechos económicos, sociales y culturales. Entonces, los distintos gobiernos chilenos que tuvieron responsabilidad ejecutiva desde el fin de la dictadura delegaron esa tarea en manos del mercado. La educación, arancelada mayormente en mí país, es un ejemplo significativo de lo que estoy hablando.


Entonces, la transición político democrática iniciada en marzo de 1990 honró buena parte de esa institucionalidad moldeada durante el Terrorismo de Estado de Pinochet. Además, lo que es muy relevante, la racionalidad económica forjada en Dictadura también fue respetada por los partidos mayoritarios chilenos. En conclusión, esos dos pilares, lo institucional y el andamiaje económico, se han mantenido estables desde el período referido. Por eso, sostengo, o mejor dicho mucho sostenemos, que la transición político chilena aún no se cerró.


Además, la transición política chileno también ha sido incapaz de cerrar la representación política anti-democrática pautada por la Constitución de Pinochet. Eso generó que la composición parlamentaria chilena no pueda superar la frontera marcada por los dos grandes conglomerados política, la Concertación (hoy la entente progresista se denomina Nueva Mayoría) y el bloque conservador que, actualmente, se llama Chile Vamos.


Sin embargo, la presidenta (Michelle) Bachelet ha intentado en su segundo período al frente del Ejecutivo dotar al país de una nueva Constitución política que le cambie el carácter al Estado chileno. Por eso, es tan relevante la elección del domingo. Si triunfa (Alejandro) Guillier los chilenos tenemos una oportunidad de clausurar el Estado subsidiario vigente.


-El resultado de la primera vuelta en Chile tiene sesgos contradictorios. El candidato de la derecha Sebastián Piñera tuvo respaldo en sectores sociales postergados; a su vez, la nueva izquierda del Frente Amplio tuvo un caudal de votos inesperados, lo que coloca a Guillier con buenas posibilidades de triunfar. ¿Cómo lo explica?


-En principio, y eso está relacionado con lo que venía señalando sobre las reformas impulsadas por Bachelet, la nueva composición del Parlamento, con el ingreso de nuevas fuerzas políticas, es más representativa gracias a los cambios efectuados a la ley electoral durante el gobierno de Bachelet. De alguna manera, el fin del sistema binominal en Chile también fortaleció la emergencia de un tercer bloque político, el Frente Amplio.


Para mí, aunque se trate de una fuerza a la que no pertenezco, el surgimiento del Frente es una feliz resultante porque eso da cuenta de la nueva realidad chilena. Porque mi país es insustentable en términos de representación con dos bloques políticos. La existencia, entonces, de más frentes parlamentarios va a precipitar un mejor diálogo político con los movimientos sociales y entre los distintos partidos.


-Han sido muy significativos los casos de corrupción que envolvieron transversalmente a todo el arco político de su país. ¿Qué expresa esa situación y con qué tipo de políticas públicas podría revertirse?


-Considero que la impunidad existente en el campo de los delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura generaron un estado de desvergüenza en nuestra democracia tutelada. Creo que no haber castigado como correspondía a los responsables de violaciones a los derechos humanos trajo aparejada también una sensación de impunidad para los grupos económicos; que sienten, en definitiva, que tienen margen de maniobra para hacer cualquier tipo de trapisondas.


-Supongamos que el domingo gana el candidato oficialista. ¿Cuál debería ser la agenda de gestión para acortar las deudas sociales y políticas que mencionaste?


-Indudablemente, debería comenzar por convocar al pueblo de Chile a un referéndum constituyente. Y, ya una vez en asamblea constituyente, el nuevo presidente tendría que impulsar una batería de leyes sociales, y también fiscales, que entierren definitivamente el legado de Pinochet. En caso contrario, seguiríamos empantanados en la larga transición política que he mencionado.



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