"La OMC arrastra un largo déficit"


Buenos Aires será sede, entre el 10 y 13 de diciembre, de la asamblea anual de la Organización Mundial de Comercio (OMC), el mecanismo multilateral que, supuestamente, está diseñado para ponerle reglas a la globalización.


En principio, la reiterada mala noticia de las espinosas negociaciones del organismo, es difícil establecer pautas comunes porque las decisiones se rigen por consenso, quedaría opacada en Argentina ante un anuncio de envergadura para la apertura comercial global: la firma del demorado acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Jorge Marchini, profesor de economía y Vicepresidente de Fundación para la Integración Latinoamericana (Fila), vislumbra que la gran foto del mitin estará protagonizada por Jean Claude Juncker (presidente de la Comisión Europea) y los Jefes de Estado de Argentina y Brasil, Mauricio Macri y Michel Temer.


-A su juicio, ¿Cuál es la agenda nueva que planteará la Organización Mundial de Comercio en la próxima Cumbre de Buenos Aires?


-A ver, en principio, considero que la OMC viene arrastrando un largo déficit porque sus ideas madre, que podemos reducir en globalización y captura del Estado por parte del mercado, no logran plasmarse de forma definitiva como quisiera organismo. Para que se entienda, aún seguimos discutiendo desde hace 17 años la llamada Ronda de Doha porque la crisis geopolítica empujada por el nuevo orden mundial no permite, claro está, llegar a grandes consensos. Además, más allá de la emergencia de un nuevo balance de poder global, con el ascenso de China como dato central, hacia el interior mismo de la OMC las apetencias de los socios nunca terminan de empalmar.


Es indudable que las asimetrías comerciales, ya sea entre países centrales o periféricos o, incluso, entre las principales potencias, se da de bruces con la narrativa liberalizadora que pregona la OMC. Es decir, la meta del libre comercio colisiona, una y otra vez, con barreras y ámbitos de competencia en las distintas escalas de integración del mercado. Un ejemplo, un pequeño productor textil argentino o brasilero es muy difícil que pueda competir en mercados abiertos contra las grandes marcas europeas que poseen, no solo una escala de producción mucho mayor, sino que tienen la capacidad de deslocalizar su cadena de valor agregado para disminuir ya sean costos impositivos o laborales.


Retomando la pregunta considero que la Cumbre de Buenos Aires abordará los temas sensibles que palpitan en el organismo como la cuestión de las patentes o las tensiones inherentes a la expansión comercial y su impacto en el medio ambiente. Otro hecho importante a destacar es que en la OMC las resoluciones no se zanjan por mayorías y minorías si no por medio del consenso.


Y, naturalmente, por los diferendos que estuve mencionando, la estructura del consenso tiende a ser una estructura de resolución fallida. Pero, claro, el mercado es como el agua y se escabulle en los resquicios institucionales por donde puede filtrarse. Como el liberalismo económico no puede expandirse en el ámbito de la OMC logra su resolución en otros mecanismos multilaterales como los tratados de libre comercio. Y ahí es donde la Cumbre de Buenos Aires cobra sentido.


-¿A qué se refiere?


-A que las grandes corporaciones, y todos los actores económicos concentrados en la agenda del mercado libre, van a poder anunciar, según los datos que están trascendiendo, en la capital argentina un gran logro buscado por ellos desde hace años: la firma de un acuerdo económico entre el Mercosur y la Unión Europea. Es decir, si bien nuevamente la Ronda de Doha no va a poder plasmar su hoja de ruta, y en ese sentido habrá un comunicado oficial que exprese con buenos términos la voluntad de seguir negociando, sí habrá algo para festejar por parte de las grandes multinacionales y las potencias que buscan desregular el comercio.


Porque, no es poca cosa, para las firmas y bancos que controlan los grandes números de la economía global, anunciar que dos importantes bloques económicos, la Unión Europea y el Mercosur, que no tiene el peso del Viejo Continente pero es el corazón comercial de Sudamérica, han logrado un entendimiento liberalizador. Por lo tanto, indudablemente, la gran foto de la cita en Buenos Aires puede llegar a ser Juncker (Jean Claude, presidente de la Comisión Europea) dándose un fuerte apretón de manos con (Mauricio) Macri y (Michel) Temer.


-¿Y qué primera lectura hace del inminente acuerdo con Bruselas?


-Partiría de recordar que todos los países o bloques comerciales que suscribieron acuerdos de libre circulación con la Unión Europea terminaron padeciendo un déficit en los niveles de intercambio. Por el contrario, Europa ha tomado esos tratados para ampliar la calidad, en cuanto a valor agregado, de sus exportaciones. Un hecho, claro está, que redunda en la destrucción de las producciones locales que se asocian con un bloque de mayor tamaño como el Viejo Continente.


Lo preocupante es que nuestras Cancillerías no han realizado estudios de impacto económico para anticipar qué puede pasar, por ejemplo, con la ruta textil del Cono Sur en caso de establecer un intercambio con Europa sin las actuales barreras comerciales. Lo mismo con la industria vitivinícola de Mendoza o los pequeños productores algodoneros de Santiago del Estero.


-¿Por qué la inminencia de la firma del acuerdo con la Unión Europea no genera el grado de movilización y debate que se dio en el país en el prólogo de la finalmente frustrada firma del ALCA?


-Hay muchos factores para explicar el cuadro de desmovilización: Europa es percibido por la población de forma más positiva, más como un par, que Estados Unidos; indudablemente, además, nos envuelve un clima de época más conservador. Pero, me gustaría recalcar lo siguiente: el tratado con Europa es más desventajoso que la oferta del ALCA acercada por Washington en su momento. ¿Por qué? Porque los mecanismos de convergencia comercial vienen profundizando sus esquemas asimétricos con el paso de los años. Es decir, las metrópolis, para ganar cuotas de poder en el mercado global, elevan cláusulas cada vez más deficitarias, en términos de intercambio, a los países periféricos.


Igualmente, el desafío para la región es poder a futuro darse el debate sobre cuál debe ser el modelo de desarrollo y la matriz productiva que favorecen los intereses mayoritarios de nuestras sociedades. Esa discusión no pudo saldarse, incluso, durante última etapa de convergencia marcada la hegemonía de los gobiernos progresistas. Indudablemente, el Cono Sur no logró articular una política de interdependencia económica que saldará nuestro perfil histórico de inserción primarizante, ya sea petróleo, soja o minería, con el mundo.


En definitiva, y eso es importante aclararlo, el libre comercio no es algo nocivo para los pueblos, y menos aún para el desarrollo. Pero la clave, creo yo, es que el libre comercio debe acompañar al desarrollo y no partir de la premisa contraria, que el desarrollo autónomo encalce sí o sí en el libre comercio. Por ese motivo, la agenda y las metas de las élites de la región deben ser contrastadas con la agenda y las metas de las organizaciones sociales, ya sean del Mercosur o de Europa.


-¿Pueden articularse acciones de base entre colectivos sociales que pertenecen a culturas y coyunturas tan diferentes?


-En estos momentos sectores sociales europeos, similares en su composición a los nuestros, ya se están pronunciando y movilizando en contra de los acuerdos marcos del tratado interbloque que vienen trascendiendo a pesar del hermetismo de las negociaciones. Ahora, me parece que el desafío pasa por poder definir de forma más palpable cuál el es horizonte de integración ideal para nuestros pueblos. Porque si los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil nos quedamos solamente enunciando consignas vacías vamos a quedar entrampados en ciertas caracterizaciones falsas que nos hacen las élites.


-Ya mencionamos la resistencia al ALCA, otro hito de la alterglobalización fue Seattle 1999. ¿Por qué tampoco aparece como algo factible la realización de una gran contra cumbre contra la OMC en Buenos Aires? ¿El discurso crítico contra la globalización perdió chispa a nivel mundial?


-Nuevamente, hay múltiples causas para dar una respuesta a esa pregunta. Pero, una cuestión importante es que el discurso crítico contra la globalización comenzó a ser ocupado en los últimos años por la ultraderecha en Europa y en los propios Estados Unidos. La consigna de (Donald) Trump América First y las conquistas electorales conseguidas por los movimientos eurofóbicos están teñidas del mismo reclamo: el neoliberalismo y la complementariedad comercial son las responsables de que cierren las fábricas en nuestros países. Evidentemente, esa falsa concordancia, porque la ultraderecha carga sobre sus espaldas una agenda regresiva, debería obligarnos, como decía antes, a ser más certeros en nuestros horizontes programáticos.


-Uno de los capítulos sensibles que se van a homologar en el tratado con la Unión Europea toca lo que se denomina como protección de datos o comercio electrónico. ¿Es realmente significativo el peso de internet en lo que respecta a los nuevos modos de complementariedad económica y social?


-Sí, el cambio que están precipitando los saltos tecnológicos en todos los ámbitos de interacción social son muy significativos. Ahora bien, lo llamativo es que desde la propia Unión Europea el comercio electrónico es pregonada como una herramienta liberalizadora para los pequeños países.


-¿Cómo la prótesis central del llamado emprendedorismo?


-Claro. Las usinas de los países centrales, de forma muy inteligente, buscan dar a entender que la tecnología es democratizadora y que podría permitir, por dar un ejemplo, a un pequeño productor de Santiago del Estero colocar sus productos en París. Debemos estar muy atentos para contrarrestar ese discurso fantasioso porque la concentración en el sector del comercio electrónico es tan fuerte como en otros eslabones más tradicionales de la producción. Repito, al igual que el libre comercio, los saltos tecnológicos no son malos en sí mismos, el problema es no poder abordarlos con una agenda propia.


-Última pregunta, es evidente que el gobierno argentino presentará la Cumbre de la OMC como una carta de presentación ante el mundo. Del otro lado del mostrador, ¿Consideras que las grandes corporaciones globales ven a la plaza local como un nicho apetecible para acrecentar sus negocios?


-A ver, la ilusión de Argentina como Brasil es volver al mundo, mostrarse serio ante los mercados y, por lo tanto, conseguir la tan promocionada lluvia de inversiones. Porque Macri como Temer saben que no van a conseguir un crecimiento atrayendo solamente, como ocurre ahora, el acercamiento de capitales especulativos. Ellos aspiran a conseguir inversiones productivas reales.


Pero, el problema, derivado de la propia impronta de los actuales modelos de crecimiento en curso en la región, es que se han achicado el mercado de consumidores. Y las corporaciones buscan hacer pie en plazas, precisamente, donde haya la mayor cantidad de gente con plata en el bolsillo. Algo que no está sucediendo, precisamente, ahora en nuestros países. Un hecho muy paradojal para servir de anfitrión de la Organización Mundial de Comercio.




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