"Con Paradise Papers quedó expuesto el poder VIP"

Emilia Delfino, periodista del diario argentino Perfil, recientemente acreedora de un prestigioso premio regional por su trabajo “Awada made in China”, recibió a principios de este año una convocatoria de trabajo muy especial.

 

En ese momento, la propuesta realizada por su colega argentina Marina Walker, una de las referentes del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés), implicaba, tras la revelación de los Papeles de Panamá, volver a meter los ojos y la cabeza en el intrincado mundo offshore. La filtración de la que hoy habla el mundo, Paradise Papers, implicó meses de trabajo colaborativo entre los más prestigios periodistas de investigación del mundo. Emilia Delfino tuvo la grata oportunidad de ser parte de esa experiencia. En el siguiente diálogo, Delfino específica porque, según su juicio, el nuevo destape informativo global es más sensible a casos anteriores similares.

 

-Me gustaría que comentes cómo es tu vínculo de trabajo, y en qué consiste, con el Consorcio Internacional de Periodistas (ICIJ, por sus siglas en inglés).

 

-Me gustaría recalcar que el Consorcio tiene vínculo con periodistas, y no con medios. En marzo de este año Marina Walker, una periodista mendocina (la segunda en jerarquía dentro del ICIJ) que está hace años radicada en Washington, me comentó que había sido seleccionada para trabajar en la investigación que hoy es mundialmente conocida como Paradise Papers. Obviamente, acepté. Yo venía siguiendo, desde mi trabajo en Perfil, la trama offshore revelada en otras filtraciones como SwissLeaks o los Papeles de Panamá. Así que era un lindo desafío y un honor, por supuesto, ser parte del equipo argentino de ICIJ que lidera el colega de La Nación Hugo Alconada Mon.


-A tu juicio, ¿Qué cuestiones de la trama financiera argentina quedó rebelado con los Paradise Papers?

 

-A ver, los Papeles de Panamá tuvieron mucho impacto porque señalaron ciertos negocios de la familia presidencial que no eran conocidos públicamente. La nueva filtración, si bien no apuntó al Jefe de Estado, sí reveló un comportamiento comercial de Luis Caputo (ministro de Finanzas) no sabido y, en ese sentido, puso sobre el tapete la actuación de un ala del gobierno que debe ser observada con cuidado por los sensibles conflictos de intereses que pueden afrontar.

 

-¿Consideras que, en relación a otros países, la filtración de los Paradise Papers en Argentina tuvo menos impacto político y periodístico?

 

-La investigación, claro está, alcanza más a la clase económica que a la clase política. En ese sentido, Paradise Papers, quizás, cuente con menor impacto por dos motivos. Primero, porque el poder económico concentrado está muy blindado y eso garantiza una cuota menor de exposición pública y, segundo, porque cierto sentido común instalado en el imaginario social tiende a perdonar ciertos pasos fallidos del sector privado. Tendemos a justificar a los famosos, a los ricos. Contamos con ese defecto como sociedad, no solo en Argentina.

 

Esa cuestión lo explica muy bien Susana Ruiz (especialista de la red global Oxfam). Ella dice que a las organizaciones de la sociedad civil españolas les cuesta explicar a la opinión pública por qué es necesario que las multinacionales paguen sus impuestos. Y eso las fuerza a realizar campañas muy imaginativas y de impacto para lograr tener un lugar en la agenda de discusión. Y no se trata de un tema menor: porque si la punta de la pirámide social no honra sus compromisos fiscales la presión tributaria tiende, lógicamente, a desplazarse hacia abajo, hacia los más necesitados.


-A tu juicio, ¿Por qué son tan atractivas las zonas offshore para las grandes fortunas?

 

-En su momento, los Panamá Papers, en relación a anteriores filtraciones significativas como los Swiss Leaks, destaparon un tsunami de información que revelaba cómo el poder real se nutre de las zonas opacas bancarias y contables para resguardar su dinero y secretos. En ese sentido, Paradise Papers viene a profundizar el conocimiento sobre las estrategias de evasión offshore y, puntualmente, lo que hace es desnudar cómo el poder político y, especialmente el económico, hacen realmente negocios en el mundo. Paradise Papers, centralmente, ponr luz sobre la estrecha relación que poseen las multinacionales con las guaridas fiscales

 

Gracias a Paradise Papers, no sólo quedaron al descubierto las maniobras de un estudio jurídico de peso como Appleby, cuya casa matriz está en Bermudas pero con sedes y contactos en todo el mundo, sino también los pasos en falso de sus clientes, corporaciones de primer nivel global. A diferencia del listado de clientes del estudio contable Mossack Fonseca, que saltaron a la palestra pública con los Panamá Papers, las personas o firmas que contratan a Appleby son más top o VIP. Se trata de una casta empresarial superior a la conocida con el caso Mossack Fonseca. Son grandes empresas con perfiles públicos como Nike, Apple, Uber, Twitter, Facebook, Glencore.

 

Además, Paradise Papers dejó expuesto a distintos estamentos del poder económico: hay involucrada gente del agrobusiness, brokers financieros, capitanes de la industria. En definitiva, la nueva filtración creo que toca a actores políticamente menos involucrados pero muy expuestos desde lo económico; expone, centralmente, a jugadores económicos cuyas decisiones influyen diariamente en nuestras vidas porque inciden en los precios de las cosas y en los impuestos que pagamos.


-¿El periodismo colaborativo global es una luz de oportunidad dentro de un contexto crítico para la profesión?

 

-Considero que sí. En la investigación del LavaJato también tuve la oportunidad de trabajar en conjunto con colegas de América Latina y del África. Ambos proyectos me parece que dieron una bocanada de aire en un contexto sumamente crítico para el periodismo. Una crisis que toca la moral de la profesión. En general, algunos colegas tienen una mirada despectiva de la palabra moralidad porque la consideran una categoría que tiende a la sobreactuación. Pero, en todo caso, sostengo que los estándares de calidad de la profesión están bastardeados. Y la credibilidad de los medios también está mayormente puesta en duda por la sociedad, en algunos casos de forma justificada creo.  

 

Entonces, en proyectos como Paradise Papers, donde coinciden periodistas que comparten ciertos estándares de calidad profesional, y donde fundamentalmente, pese a las distancias, hablamos el mismo idioma en cuanto al respeto y la colaboración, son una luz de oportunidad para demostrar que en las buenas investigaciones importa el qué y no el quién. En este caso, da lo mismo, para nosotros, si las revelaciones apuntan a funcionarios macristas o kirchneristas.
 

-En relación con los Papeles de Panamá, ¿La nueva filtración es más significativa, agrega datos nuevos del entramado offshore?

 

-Considero que es más significativa. En principio, reveló más información. Paradise Papers destapó 13,4 millones de documentos internos. La investigación está nutrida por los registros comerciales de 19 jurisdicciones secretas y, además, logró acceso a la base de datos interna del estudio Appleby entre 1950 y 2016. Esa base incluye mails, registros comerciales, trámites ante las autoridades monetarias de los gobiernos donde están emplazados los paraísos fiscales, comunicación interna con su cartera de clientes.

 

Entonces, el desafío de trabajo es mayor porque se trata de un volumen de información muy grande y sensible, que es necesario cotejar con expertos en la materia por sector, ya se trate de cuestiones contables, administrativas o financieras. Repito, Paradise Papers requiere de una investigación más sofisticada porque Appleby es un estudio más sofisticado en relación a casos anteriores. Se trata de uno de los estudios contables offshore más importantes del mundo y, por lo tanto, exige un nivel de comprensión mayor a la precipitada por los Papeles de Panamá.

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