Argentina mejor sin OMC


Por Adrián Falco

Coordinador del Área de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo de Fundación SES

Las organizaciones sociales siempre hemos tenido un rol protagónico en las más importantes gestas durante los últimos años. Es más, muchas de esas grandes movilizaciones, que permitieron finalmente verdaderos cambios de época, surgieron de las entrañas mismas de la lucha social a lo largo del planeta. La lucha contra el ALCA (Área de Libre Comercio para las Américas) en el 2005 fue la prueba fehaciente del poder popular organizado en pos de un objetivo trascendente. Fue, sin dudas, un momento histórico, un encuentro en donde lo trascendental acorraló a lo mezquino y permitió el crecimiento del verdadero espíritu latinoamericano, de las raíces de la patria grande.


Un lugar aglutinante en estos últimos años fue, sin dudas, el Foro Social Mundial. Un espacio convocante, por definición, de la sociedad civil global organizada. Durante sus trece ediciones se consolidó como una referencia para la capacitación, las demandas, las ideas, el pulso real de los procesos sociales mundiales. De allí surgieron agendas de trabajo que han tenido variada suerte en su implementación pero que han estado, evidentemente, siempre a la vanguardia de las propuestas inclusivas o enfocadas a la integración, al desarrollo y al crecimiento de la región.

La clave de ese espacio, y de todos aquellos conformados para plantear voces y acciones disidentes al discurso hegemónico fue la convergencia en la disidencia. Una manera sui generis de asociar agendas y movilizaciones que permitió plantear desde diferentes enfoques problemáticas desestimadas en las agendas de la llamada gobernanza global.


De esta manera, la demanda de paz social incluyó el reclamo por las deudas externas convertidas en deudas eternas para los países del sur, la migración de cientos de miles de hombres, mujeres, niños y niñas que escapaban del horror de la miseria y del hambre buscando otras formas de vida, el rol de las empresas multinacionales y su labor exenta de una mirada respetuosa por los derechos humanos, el rol de los organismos internacional que imponen las reglas del juego global a nivel económico y financiero como el FMI y el Banco Mundial.


En diciembre de este año, Buenos Aires será la sede de la 11ª Conferencia de la Organización Mundial de Comercio (OMC). La Argentina será el primer país sudamericano que acoge la Conferencia Ministerial bienal.


Estamos a semanas de ser anfitrión de una reunión trascendental por diferentes razones. En primer lugar, la cita estará atravesada por la engañosa dicotomía de “derechos sociales o libre comercio”. El comercio a nivel internacional direcciona, en función de fuertes intereses comercial, la matriz de desarrollo regional. Pero, no solo lo que debe producir, sino también lo qué se debe consumir, qué tipo de empleos, escuelas y sistemas de salud edificar a tono con las dinámicas económicas dominantes. De ahí la importancia, de ahí la relevancia de esta reunión.


Las organizaciones y movimientos sociales que serán parte de este evento de envergadura no parten de cero, existe una base de pensamiento crítico fortalecido en encuentros, foros, documentos, análisis, intercambios, historias. El puntapie inicial es pensar otra forma de organizar la economía a nivel global. No es una quimera, no es una utopía, es la única manera de romper con la lógica actual del capitalismo depredador. Rescatar nuevas experiencias de asociación, de formas de producción e intercambio que respeten la interculturalidad, que vivan en armonía con la naturaleza y que sostengan como bandera la posibilidad de una vida realmente digna para todos y todas. Un buen vivir, un mejor vivir.


La agenda de las organizaciones sociales debe contemplar un amplio abanico de desafíos hacia el futuro. Tenemos que ser capaces de explicar el impacto social de los acuerdos de libre comercio, ser capaces de reunir y ampliar una masa crítica de organizaciones que identifiquen que el problema del libre comercio no es un tema de académicos o economistas. Si no que es un problema que nos interpela como sociedad en el sentido en que nos da la chance de responder la pregunta sobre qué desarrollo queremos y para qué.


Tenemos que ser capaces de mostrar la contracara del discurso oficial con claridad meridiana, con intervenciones creativas que empujen al resto de la sociedad a sumarse abiertamente a nuestras luchas. Hoy la libertad entendida por el gran capital es la libertad de empresas, la libertad de comercio, la libertad de trasladar capitales de un lado a otro del planeta con un solo click. Nuestra libertad es, sustancialmente, diferente pues se basa en el respeto por la vida por sobre todas las cosas.


Movilizaciones, acciones colectivas, información, intervenciones callejeras. Ese debe ser nuestro mensaje en diciembre en Buenos Aires.


América Latina mejor sin OMC, América Latina mejor sin TLC, Argentina mejor sin TLC.






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