Las lecciones del falso crecimiento

Por Adrián Falco

 

Coordinador del Área de Integración Regional y Financiamiento para el Desarrollo 

 

 

 

 

 

 

 

Si América Latina es la región más desigual del planeta de acuerdo a innumerables estudios que hacen referencia a ello, sin lugar a dudas la subregión centroamericana es de las más vulnerables y por consiguiente de las más desiguales del continente.

 

Si nos atenemos solo al crecimiento del PBI, un indicador que no refleja la situación social de un país, hay excepciones. Por ejemplo Costa Rica, Nicaragua, Panamá y República Dominicana han experimentado un crecimiento insoslayable en los últimos años. Pero, dicha alza no se refleja aun socialmente. Panamá, por ejemplo, cuadruplica el tamaño de su PBI pero los índices de mortalidad infantil en la región indígena de ese país han aumentado de forma paralela.

Para que el crecimiento de un país sea sostenido e inclusivo debe crecer no solo en aspectos económicos, eso está claro. Sin una redistribución de ese ingreso de manera equitativa hacia la población no será posible contar con una estrategia que contenga, en términos de protección social, a todos los habitantes.

 

Para esto es necesario una estrategia política de corto, mediano y largo plazo que atienda cuestiones centrales en Centroamérica. La delincuencia golpea de manera brutal a las clases más vulnerables. Campesinos, indígenas, hombres y mujeres son víctimas del crimen en toda la región. Un “guerra social” que socava las bases de la democracia, de la paz, dos conceptos que hoy están vacíos de sentido en países como El Salvador, Honduras o Guatemala.

La discusión sobre qué tipo de Estado debe ser el adecuado para levantar a Centroamérica debe comenzar por la pregunta sobre qué derechos son inalienables para sus habitantes. Qué derechos no están dispuestos a ceder, qué derechos los constituyen como seres humanos y desde ahí pensar “El Estado”.

 

El 47% de los niños y niñas de Guatemala tiene retraso madurativo por falta de una alimentación adecuada. En los últimos tres años más de 200 mil niños y niñas fueron encontrados migrando solos y solas a México. El Salvador tiene 800 mil niños fuera del sistema educativo y un promedio de escolaridad del 6,6%.

 

Por todo esto y más, en la región se están dando debates en función de cómo hacer para revertir estos cuadros que amenazan con volverse crónicos. Uno de los debates fuertes es el vinculado con las políticas fiscales. Esos cambios no deben abordarse solo desde un aspecto técnico. Deben tratarse también desde diferentes miradas que interpelen el fenómeno para enriquecer, en esa diversidad, su comprensión. Los ámbitos del trabajo (sindicatos, asociaciones, cuentapropistas), los ámbitos educativos (docentes, alumnos, directivos), y los espacios comunitarios (organizaciones sociales, eclesiásticas) deben ser protagonistas del debate.

 

Durante los días 31 de agosto y 1 de setiembre en la ciudad de San Salvador, se llevó adelante un seminario organizado por el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales, Oxfam, Christian Aid y la embajada de Suecia en ese país con el objetivo de debatir sobre una política fiscal para la democracia y el desarrollo.

 

De las muchas conclusiones que pudieron darse en ese espacio de relevancia política para la subregión podemos destacar la importancia de contar con una nueva comprensión social tanto de la política fiscal como de la acción política asociada a esta. La necesidad de atar las políticas fiscales a una agenda que priorice el desarrollo y la democracia en la región. Que contribuya al crecimiento sostenible e inclusivo con un Estado, como mencionábamos más arriba, efectivo en términos sociales y no como socio del gran capital. Está comprobado que los incentivos fiscales no van de la mano con la generación de empleo. Centroamérica puede hablar mucho de esto.

 

Ese crecimiento económico, inclusivo y sostenible debe basarse en la promoción de oportunidades como base central de acción. Promoción de la industria para agregar valor a las exportaciones. Promover el mercado interno y sobre todo formalizarlo. Y por último atender a una demanda recurrente de las organizaciones sociales de la subregión. Integrar Centroamérica política, social y económicamente.

 

El rector de una Universidad Salvadoreña reflexiono ante sus alumnos y advirtió: “No podemos elegir la historia, pero sí podemos elegir desde que valores queremos contarla”.

 

Centroamérica debe movilizarse activamente para tener más crecimiento, más y mejor inclusión y sobre todo poder darle sentido a las ideas por las que tanto han luchado sus habitantes: paz y democracia.

 

 

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