"Mossack Fonseca no es el número uno"

 

A diferencia de sus colegas, con los que compartió el trabajo periodístico global para desentrañar los llamados Panamá Papers, la periodista argentina Sol Lauría jugó de “local” en la investigación ya que reside en el país centroamericano, donde es parte del staff del colectivo Connectas. Por lo tanto, además de clavar sus ojos al monitor para leer y releer los miles de documentos filtrados por el caso, Sol pudo linkear los archivos con personajes e instituciones que son parte de su cotidianidad desde que decidió dejar su Santa Fe natal para hacer una experiencia profesional en un país famoso por su danza, sus playas y su ingeniería contable para lavar dinero.

 

Ses América Latina compartió con Lauría el II Encuentro Latinoamericano de Periodistas que la red latinoamericana Latindadd organizó a mediados de mayo en Lima para debatir las implicancias del caso Lava Jato. En el diálogo mantenido, Sol Lauría insiste en remarcar dos puntos centrales del caso panameño: lo irrigado que está la cultura offshore en el país y el paradójico hecho de que, en última instancia, estudios Mossack Fonseca no cometen actos ilegales ya que la estructura jurídica de ese país permite la realización de los movimientos contables que las organizaciones de la sociedad civil movilizadas por la justicia fiscal vienen criticando desde hace años.

 

-Vivís en Panamá desde hace años, ¿Por qué decís que el escandalo vinculado al estudio Mossack Fonseca tocó el orgullo nacionalista de los panameños?

 

-Primero, un poco de historia. La cosa es así, en Panamá la cuestión de la territorialidad impositiva es muy laxa. Por eso, cualquier extranjero que no desarrolle su actividad económica en el país está exento de pagar impuestos aunque, en paralelo,  puede abrir sociedades en Panamá para comercializar con el mundo. En ese sentido, es un sistema muy atractivo para atraer capitales especulativos. Claro está, que no es el único país del mundo en garantizar esa barrera baja de control a las corporaciones. Suiza e Inglaterra también funcionan como jurisdicciones muy amigables a la hora de asentar contablemente ciertos flujos financieros. De hecho, la ley de sociedades anónimas en Panamá es casi un calco de la normativa vigente en el estado norteamericano de Delaware. Hago referencia a esas cuestiones para remarcar que el sistema contable panameño que el mundo conoció a partir de la revelación de los Panamá Papers es totalmente legal.

 

Esas características de zona offshore pueden sorprender. Pero, históricamente, Panamá funcionó como un país de conexión económica y con una impronta muy mercantilista. Antes de la época colonial, los imperios maya e inca solían reunirse por estas tierras para negociar cuestiones comerciales. Luego, en la etapa del reinado español, la Corona asentó en Panamá uno de sus principales puertos comerciales. Ni hablar de lo que significó como hub comercial a nivel interamericano y global la construcción del Canal interoceánico. En síntesis, como dato ilustrativo, vale remarcar que el 90% del PBI panameño está asentado en la cuenta de comercio y servicios. Conclusión: para los panameños siempre resultó natural el modelo de apertura y conexión financiera porque esa es, básicamente, la historia de su país.

 

Los ejemplos abundan: Pablo Escobar iba a lavar plata con asiduidad a Panamá. En las películas, sin ir más lejos, las escenas de lavado de dinero están localizadas en su guion en algún lugar de Panamá. Incluso, veamos la diferencia con sus vecinos, cuando en pleno auge revolucionario en la década de los setenta el istmo centroamericano era un hervidero, la cosa en Panamá estaba bien tranquila porque el sentido común panameño indicaba que las revueltas no eran un buen camino para hacer negocios. Pero, volviendo a la pregunta, creo que el escándalo desatado por la filtración del estudio Mossack Fonseca hirió el orgullo nacional porque no había previamente un gran relato nacional que ordenara el debate y explicará a la ciudadanía con claridad cuál es la relación del país con las finanzas internacionales.

 

-¿Por qué señalas eso?

 

-Muy simple, hay tres cosas que en Panamá no se cuestionan: el sistema financiero, el sistema de sociedades, y la propia constitución del canal de Panamá, que también está muy manchada por la corrupción. Por eso, cuando salta el escándalo de los Papeles de Panamá, la mayoría de la población, si bien estaba al tanto de las maniobras offshore que se realizan en el país, se puso a repetir el relato que vociferaban los grandes medios. Que los grandes poderes globales estaban haciendo bullying contra la nación y que Panamá es un país soberano e independiente.

 

Por ejemplo, una frase usualmente escuchada en la calle era: “Si Estados Unidos también funciona como paraíso fiscal, por qué sólo nos señalan con el dedo a nosotros”. Y, parcialmente, tienen razón. En los rankings mundiales de paraísos fiscales elaborados por los centros de investigación especializados, Panamá nunca aparece integrando el pelotón principal. Estados Unidos o Suiza sí, en cambio no suelen ser naciones escrutadas por el ojo de la prensa mundial.

 

-Ahora que bajó la espuma del escándalo, ¿Cómo es el presente del estudio Mossack Fonseca? ¿Cerraron las persianas, renovaron la plana de cuadros técnicos?

 

-Obviamente está afectado por la investigación, y debe desarrollar mucha menos actividad. Por lo que conozco, muchos clientes de la firma migraron hacia otros bufetes contables. Pero, en lo estrictamente legal, al no hallarse sus actividades por fuera de lo fijado por la ley local, el estudio no recibió ningún tipo de pena jurídica. Una fiscal sí los imputó por su participación en el caso Lava Jato, pero la causa finalmente no prosperó. En general, son muy hábiles para sortear los allanamientos. La fiscal que los procesó me contó que Mossack Fonseca cuenta con una trituradora de papeles muy sofisticada, capaz de volver ilegibles un gran volumen de documentos en cuestión de segundos.

 

Pero, su poder no pasa por contar con una eficiente trituradora de papeles. El poder político y financiero está muy engranado en Panamá. Los abogados que trabajan en esos estudios contables también asesoran o son funcionarios de primer nivel en el gobierno. Y no me refiero sólo a Mossack Fonseca, que ni siquiera es el número uno en el país ya que la firma más grande e influyente es Morgan & Morgan; en general, hay una puerta giratoria que vincula los despachos de gobierno con las oficinas contables más encumbradas.

 

-¿Panamá no cuenta, aunque sea en términos formales, con órganos de control estatal para monitorear sí esas casas contables administran flujos financieros ilícitos?

 

-Hay órganos de contraloría. Lo que sucede, repito, es que los abogados y contadores especializados no cometen ningún delito cuando abren una cuenta operativa en pos de reducir cargas y obligaciones tributarias. Sin embargo, y eso logramos demostrarlo con la investigación de Panamá Papers, estudios como Mossack Fonseca hacen mucho más que abrir una simple sociedad anónima. Ellos poseen un engranaje muy lubricado para mover dinero y pagar sobornos al mismo tiempo, porque las barreras de control naturalmente no se abren por sí mismas. De hecho, el juez brasileño (Sergio) Moro, a cargo de la investigación del Lava Jato, calificó a Mossack Fonseca como una organización criminal.

 

En ese momento, Ramón Fonseca se exculpó diciendo a la prensa que lo estaban convirtiendo en un chivo expiatorio y que, al fin y al cabo, él “era una de las personas con menos responsabilidad” en todo el entramado offshore panameño. Y, nuevamente, Fonseca posee algo de razón. En la investigación que estamos haciendo para determinar cuál es la ruta panameña de conexión con el Lava Jato, ya comprobamos que hay más de cuarenta sociedades locales que han servidos para fugar o lavar dinero proveniente de coimas. Y, en general, esa apertura comercial fue efectuada por muchos estudios, no sólo por Mossack Fonseca.

 

-Pintas un panorama de convergencia y complicidad entre varios actores panameños para garantizar  el panorama offshore. En contraposición a eso, ¿Están surgiendo voces disidentes, ya sea de la sociedad civil o sectores partidarios, con voluntad de revertir ese cuadro?

 

-Sí, lo están comenzando a plantear desde diferentes sectores. Por ejemplo, el colectivo Trasparencia Internacional viene alertando sobre la situación a nivel global. Y, desde lo local, se vienen multiplicando el activismo contra la cuestión offshore. En general, el planteo es: “no puede ser que Panamá sea para el resto del mundo un agujero negro fiscal”. En función de eso, el gobierno acusó recibo y comenzó a activar una serie de cambios legales para reforzar los mecanismos de contralor. Pero, claro, se trata, por el momento, de cambios muy lentos.

 

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