"Petróleo y violencia unen a Maduro y la oposición"

 

 

Edgardo Lander, promotor de los primeros Foros Sociales Mundiales, sigue pensando que otro mundo es posible pero, eso sí, entiende que ese cambio democrático y popular a favor de las mayorías es muy difícil hacerlo realidad en la actual Venezuela. Sociólogo de la Universidad Central de Venezuela, especialista en desarrollo y políticas medioambientales, Lander advierte que hay una apetencia transversal en ciertos sectores del oficialismo y de la oposición para darle una salida autoritaria a la actual crisis del país caribeño.

 

“Los dirigentes más reaccionarios del antichavismo no quieren superar en votos al proceso bolivariano, lo que desean es enterrar la viabilidad del modelo en el imaginario social; por eso, no buscan una salida ordenada, sino más sangre y caos económico. Por el contrario, en el Palacio Miraflores, el ala más identificada con el aparato militar del Ejército está convencida que sólo podran doblegar a sus contendientes si doman a su antojo el aparato institucional”, compara Lander en diálogo desde Caracas con SES América Latina.

 

-¿La tensión abierta entre oficialismo e oposición en Venezuela es un tema recurrente? ¿Cuál sería la novedad del actual escenario político? ¿Una alteración en la relación de fuerzas? ¿El interés y la posibilidad real del nuevo tablero regional por modificar el rumbo del país caribeño?

 

-Considero que dos hechos acontecidos en el último tiempo en forma simultánea, la muerte de Chávez y su consecuente pérdida en el liderazgo del proceso bolivariano más la abrupta caída en el precio internacional del petróleo, han ahondado con mucha fuerza la crisis política y económica que venía arrastrando el proceso bolivariano. Indudablemente, desde que asumió (Nicolás) Maduro el Ejecutivo, la composición electoral del país ha dado un giro brusco. El actual presidente obtuvo una victoria por escaso margen. En cambio, la oposición articulada alrededor de la MUD viene de conseguir un aplastante triunfo de dos tercios contra uno en los últimos comicios legislativos.

 

Por eso, se suceden los actuales y peligrosos vacíos de poder institucional. El Tribunal Supremo de Justicia intenta restarle competencias a la Asamblea Nacional y, a su vez, el gobierno está demorando sin mucha argumentación el calendario electoral regional y la instrumentación del referéndum revocatorio.Entonces, la actual parálisis institucional está intensificando los niveles de violencia política. Pero, a mi entender, hay muchos actores políticos interesados en no encontrar una salida pacífica a la crisis. La oposición más conservadora busca sepultar al chavismo, desea su destrucción a largo plazo como fuerza partidaria. A su vez, los sectores del oficialismo más ligados con la estructura militar del Estado consideran que la fortaleza del proceso radica en cerrar aún más los canales de expresión institucional. Primero, porque temen una derrota en las urnas y, segundo, porque buscan cerrar la investigación de hechos de corrupción donde están involucrados.                                          

 

Lamentablemente, Venezuela vive un riesgo creciente de la violencia. Un escenario agravado por la gran tenencia de armas que existe en la población, ya que la gente en las grandes ciudades busca defenderse de la delincuencia o hacer valer sus ideas a los tiros.

 

-¿Hay posibilidades de que se exprese un programa democrático, soberano y medianamente popular si se consuma una victoria de la oposición teniendo en cuenta el perfil sumamente conservador de la MUD?

 

-Lo veo difícil y por varios motivos. A diferencia del golpe perpetrado en el 2002, donde la oposición logró tumbar momentáneamente al chavismo en lo militar pero no en lo político, hoy el proceso bolivariano ha sido derrotado moralmente. El creciente autoritarismo del gobierno y el notable desmejoro en las condiciones de vida ha repercutido en el ánimo de la población. Eso no sucedía durante las distintas presidencias de Chávez, más allá de sus errores. Entonces, antes, sí había cierta brecha ideológica e institucional en la oferta partidaria. Hoy ambos bandos tienden a parecerse mucho en ciertos aspectos como el poco apego a lo institucional o en la política petrolera.

 

-¿Cuáles son los padres de esa derrota moral referida? ¿El intervencionismo internacional, la miopía interna, la marcha estructural de la economía global?

 

-Lo central en la derrota político moral del chavismo pasa por el retroceso de ese mundo popular que supo gravitar con fuerza dentro del proceso bolivariano y por la decepción que causa en la gran mayoría del pueblo el deterioro cotidiano de la inflación, la escasez de alimentos y la inseguridad.

 

-Hoy el precio del crudo está en declive. ¿Hasta dónde pudo o quiso el chavismo diversificar su economía para sortear el impacto de la histórica matriz monopetrolera del país?

 

-Si analizas los discursos del chavismo, hubo intención de hacerlo. En cambio, si observas con detenimiento sus políticas públicas, no se comprueba dicho corrimiento. Durante el proceso bolivariano, el 96% de la canasta exportadora nacional estuvo concentrada en el rubro petrolero. Es más, el afán cortoplacista de aprovechar el ya extinto boom de las commodities para solventar las políticas sociales, ha provocado un verdadero desmantelamiento del aparato productivo e industrial.

 

Por otro lado, recordemos que en uno de los hitos de la planificación económica, el denominado Plan de la Patria del año 2002, se pone como objetivo central convertir a Venezuela en una potencia energética mundial y para ello el gobierno se automoviliza para duplicar la producción diaria de barriles de petróleo, hasta llegar a las seis millones de unidades. Da la casualidad que en el último programa partidario electoral de la oposición, la MUD coincide en proponerse como objetivo alcanzar la producción diaria de seis millones de barriles de petróleo. Ahí hay un gran eje programático que cruza al chavismo y a la oposición.

 

-¿La falta de Chávez se siente por un retroceso en la mística o por un vacío de políticas?

 

-Se siente en varias cosas. Chávez tenía un gran sentido para darle dirección a las políticas percibidas de mala manera por la población, tenía un gran sentido para olfatear cuando algo venía mal rumbeado. Hoy ese capital no existe en Miraflores. El gobierno no transmite que los actuales padecimientos económicos son un obstáculo a superar si no que presentan a la actual coyuntura como un momento normal y sustancial al modelo bolivariano.

 

Por otra parte, con el anterior presidente, convivían diferentes tendencias políticas dentro del oficialismo porque Chávez lograba sintetizarlas a la hora de instrumentar un rumbo. En la actualidad, en cambio, Maduro busca más uniformidad y no es proclive a reconocer errores muy manifiestos como el bajísimo precio de la gasolina, que potencia la dependencia del crudo, y el sobrevaluado patrón monetario, cuyo desajuste es aprovechado por el mercado negro y los sectores monopólicos que especulan con la necesidad alimentaria y de alimentos.

 

-¿El actual tablero regional, hegemonizado por fuerzas muy contrarias al chavismo, puede constituirse como un árbitro neutral de la crisis venezolana?

 

-No creo que la intervención de la OEA sea neutral. (Luis) Almagro no ha dicho ni media palabra del golpe en Brasil. A su vez, los gobiernos conservadores sudamericanos no se movilizan, creo yo, por el caso venezolano por una vocación democrática si no bajo un interés ideológico. Por ese motivo, la tensión abierta entre la región y el país pone a la izquierda venezolana en una situación incómoda: porque no se trata de defender a la patria, pero tampoco a vecinos que distan de ser un modelo a seguir.

 

 

 

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