“Hay que recuperar la integración regional”


Ser un político joven con estudios en Europa y padre con trayectoria política es un hecho "simpático" y "renovador" para los medios más influyentes argentinos cuando la persona en cuestión es, por caso, el primer ministro de Canadá. Delfina Rossi, hija del reconocido ex diputado nacional por Santa Fe, graduada de economista en Barcelona y con estudios de postgrado en Londres, no recibió ese trato afable de la prensa local cuando fue nombrada Directora del Banco Nación en el epílogo del segundo mandato de la ex presidenta Cristina Fernández. Los medios hicieron hincapié, precisamente, en que era “demasiado joven para ese cargo”.


"Les molestaba que el Banco más importante del país tuviera políticas populares, no mi edad", reflexiona Delfina en un diálogo abierto con SES América Latina donde aborda el incierto panorama económico global, regional y nacional.


¿Cómo deberían pararse las organizaciones sociales que tradicionalmente han luchado contra los TLCs (Tratados de Libre Comercio) en un momento en el que el libre comercio está a la baja en los países centrales y, por el contrario, el proteccionismo parece el nuevo paradigma hegemónico?


Yo no me atrevería a decir que hay un nuevo proteccionismo. En todo caso, se están protegiendo determinados sectores y determinadas industrias. Me parece, eso sí, que hay un giro de ciertos gobiernos ricos hacia la derecha fascista como aquella de la Alemania Nazi, la de los trabajos alemanes para los alemanes. Es la idea del UKIP -Partido Independentista Británico- cuando plantea que los trabajos británicos son para los trabajadores británicos y, ahora, ante la asunción de Donald Trump se replica la misma prioridad laboral doméstica. El proteccionismo, como se entendía en su momento desde el movimiento antiglobalización, era un proteccionismo en contra de las finanzas globales y a favor de un tipo de industria nacional y productiva que pueda generar un desarrollo social y económico para el conjunto de la sociedad.


La nueva versión de la globalización sigue consistiendo en una globalización de las finanzas, de los servicios, en una liberalización de los servicios financieros, de los servicios por internet, de las mega compañías como Google, Microsoft, Ubert, y darle más poder a Silicon Valley y a Wall Street, que siguen estando plenamente liberalizados y buscando consumidores en todo el globo. Se suma que la relación económica, en el que podía haber países emergentes que se beneficiaran de un intercambio positivo por el valor de las commodities, o con la deslocalización de algunas industrias de los países centrales, se está poniendo en duda.


El nuevo escenario pasa a ser aquel en el que hay nuevamente un mundo bipolar entre Estados Unidos y China, donde tanto los países emergentes como Europa pasan a un segundo plano. El fin de esa globalización, o este nuevo proteccionismo, no tiene nada que ver con el que reclamaba el movimiento antiglobalización donde se pedía un altermundismo; una versión de la globalización que favoreciese a los sectores populares. Este proteccionismo claramente no beneficia al conjunto de los trabajadores de los países emergentes y tampoco de los centrales.


Si uno mira el caso paradigmático de Alemania, que es un Estado corporativista, con los sindicatos negociando como parte de las empresas, también se registra un Estado dual. En donde los “mini-jobs” abundan, donde las jubilaciones no alcanzan y los jubilados tienen que trabajar a tiempo parcial para llegar a fin de mes, donde hay una alta precaridad laboral que se generó en el mismo sistema.


Entonces, ¿La lucha contra los TLC sigue vigente?


Lo triste es que, en los noventa, las organizaciones altermundistas luchaban contra la OMC (Organización Mundial del Comercio); pero, una década más tarde, se pasó a defender a la OMC como ámbito multilateral porque el ataque que se venía eran los acuerdos bilaterales de inversión y, ahora, van a surgir nuevos acuerdos como los de servicios, que no se llamen estrictamente TLC, pero que van en esa línea.



El poder que tienen Silicon Valley y Wall Street es tal (se pudo ver como subía la bolsa de Wall Street cuando ganó Trump), que no entra en la lógica del proteccionismo, porque son mercados que necesitan de la expansión y del consumo. Eso se percibe en lo que crece Amazon, por ejemplo, en el rubro de la venta online. Ahora, por ejemplo, se puede ir a los supermercados y hacer las compras con un celular. La tecnología hace que los servicios sigan estando altamente globalizados, como el sistema financiero. En Argentina se puede sacar un crédito en el exterior en dólares, o en la moneda que quieras, pagarlo vía transferencia bancaria y ni siquiera lo registras en el país, porque no te exigen nada. Y eso que somos un país que viene de cierto proteccionismo.

La nueva versión de la globalización sigue consistiendo en una globalización de las finanzas, de los servicios, en una liberalización de los servicios financieros, de los servicios por internet, de las mega compañías como Google, Microsoft, Ubert, y darle más poder a Silicon Valley y a Wall Street


No creo que con la era post Trump se haya acabado la globalización. Es una forma de xenofobia, racismo y exclusión, cada vez más lejos de un mundo solidario entre trabajadores. La consigna de no a los TLCs sigue vigente en tanto necesitamos un sistema de intercambio a nivel internacional que no lo decidan solamente dos o tres empresas, o que no lo decidan un puñado de Estados ricos cuyos pasos terminan repercutiendo en el resto del mundo por la cláusula de la nación más favorecida de la OMC. Todo regido por el más absoluto secretismo, ya que después nos enteramos solo por Wikileaks cuáles eran esos acuerdos. La idea de los no a los TLCs es un reclamo hacia mayor democracia y hacia un sistema con una gobernanza mundial con otros parámetros.


Por eso, durante los aproximadamente diez años de gobiernos progresistas en Latinoamérica, se intentaron reforzar organizaciones como Naciones Unidas frente al Foro Mundial de Davos o la OMC. O la creación de Unasur, una propuesta para que las decisiones las tomen los gobiernos legitimamente electos y no las multinacionales en torno a los intereses de la región.


No a los TLCs es eso: no a una gobernanza financiera que favorezca al 1%, a lo antidemocrático, a lo que no genera un desarrollo de vínculos genuinos y justos entre países desiguales, no al modelo económico y financiero que se come al medioambiente, y debajo de esa bandera es donde nos tenemos que seguir situando.


¿Qué implica el nivel de endeudamiento que está adquiriendo el gobierno argentino? ¿De qué manera esto se relaciona con el aumento en la fuga de capitales?


Yo creo que hay un mito sobre que la toma de deuda en sí es mala. Creo que si bien la Argentina ha hecho esfuerzos muy notorios para desendeudarse durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, es falso que la emisión de toda deuda pública lleve a una situación de pérdida de soberanía y, en cualquier caso, un proyecto de desarrollo serio y planificado requiere niveles de deuda para poder invertir en infraestructura. Dicho esto, ese no es el escenario en el que se encuentra la Argentina de Macri, sino que se ha venido tomando deuda para financiar un déficit corriente y la fuga de capitales. Cuando mencionaba que se puede pedir préstamos en el exterior y pagar con pesos argentinos también implica una forma de fuga de capitales.


En el informe de cierre de año del BCRA (Banco Central) se registra un incremento de las reservas internacionales pero, en realidad, es por toma de deuda y no hay un aumento genuino por una mayor exportación, sino todo lo contrario. En números reales, la cantidad de préstamos públicos como privados que otorga el sistema financiero en el país cayó. Esto habla de que se levantó el cepo cambiario para facilitar la fuga de capitales de nuestro país mediante un tipo de cambio que les permite a los inversores usarla como tablita cambiaria, en donde casi no tienen riesgo de inversión.


Eso hace que los inversores internacionales puedan tomar deuda en el extranjero, venir acá a colocar el dinero para conseguir las tasas mayores de nuestro sistema y sacarlo con una rentabilidad alta. Y obtienen el beneficio solo de ese juego financiero, limitando la disponibilidad de dólares de nuestro país. Evidentemente, la toma de deuda tiene que ver con la fuga de dólares y la bicicleta financiera que están promoviendo las políticas de Mauricio Macri.


Con la llegada de Dujovne al Ministerio de Hacienda, el gobierno ha puesto en agenda públicamente que tiene en mente una Reforma Tributaria Integral. ¿Ese instrumento puede controlar las maniobras de evasión fiscal y las inequidades tributarias?


Me parece que el ministro Dujovne viene muy en línea con los planteos de Federico Strutzenegger, el presidente del BCRA (Banco Central de la República Argentina); no creo que esa sea la intención de esta reforma tributaria sino disminuir lo que ellos llaman costos laborales, que van de la mano con el esquema de flexibilización que tiene este gobierno en mente. Veo una intención de ir debilitando la estructura sindical del país. Ya han instalado, a través de los medios afines, esa idea de los altos costos laborales; de que cada 100 pesos que gana un trabajador al empleador le sale 150 pesos.


Entonces, considero que van a buscar reducir ese costo para debilitar no solo a la Afip (Administración Federal de Ingresos Públicos) sino a la estructura del Anses (Administración Nacional de Seguridad Social), lo que va a terminar debilitando la seguridad social. Seguramente, después llegará el Fondo Monetario Internacional y recalcará que la seguridad social del país no es sostenible. Lo que abrirá la puertita del monstruito del sistema financiero por medio de propuestas como las AFJP (Aseguradoras de Fondos de Jubilación y Pensión) que volverán a reforzar el esquema de bicicleta financiera y fuga de capitales.


Dudo, entonces, que la propuesta de reforma tributaria incluya temas de justicia fiscal. Si cada vez más se liberalizan los controles y las empresas pueden dejar el dinero de las exportaciones fuera del país, no me parece que el gobierno de Macri vaya en esa dirección.



¿Cuál sería la mejor opción de política económica de desarrollo con inclusión social en el actual contexto regional e internacional?


Yo empezaría recuperando algo que habían propuesto los gobiernos progresistas de la región: que las transacciones entre los países sudamericanos no se hagan más en dólares e intentar armar intercambios favorables intrarregionales más allá del precio de las commodities, con valor agregado que es sinónimo de industrias y trabajo. Porque aunque puede haber problemas de colocación de deuda para obtener dólares es factible generar un intercambio virtuoso. Por ejemplo, Brasil, en reales, y Argentina, en pesos, pueden comerciar con dos balances de cuenta controlados por los bancos centrales de cada país. Incluso, en su momento, se había hablado de generar un banco de desarrollo sudamericano con la idea de apalancar una moneda regional para realizar el intercambio intrarregional.


Alicia Barcena, la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, hace poco habló en Davos de que la región latinoamericana tiene que buscar cómo generar valor agregado de las commodities para complementarse con China. Planteaba que el PBI per cápita está aumentando en China sobre una población altísima y que, en ese sentido, Latinoamérica tiene una complementariedad importante para poder trabajar.


La integración regional productiva implicaría, entonces, una independencia financiera a partir de la sinergia en sectores estratégicos. Para generar intercambios positivos, más allá del dólar, hay que retomar ideas como el banco de los BRICS (bloque que reúne a Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), que ahora han caído en el olvido. Sería interesante para tener alternativas en vez de seguir endeudándonos con el Fondo Monetario Internacional.


¿Qué implica el reemplazo de Carlos Melconian en el Banco Nación por Javier González Fraga en términos de ciclos económicos? En todo caso, ¿Cuáles deberían ser las políticas centrales del organismo?


-Hay una tendencia de subestimar a Macri pero él demuestra que gobierna como quiere, sobre todo a través de Peña y Quintana (1° y 2° en la cada vez más poderosa Jefatura de Gabinete), a quienes expone para él poder quedarse resguardado. Lo que está claro es que en Economía manda Macri. Ese mito de la diversidad, y de que Cambiemos es un espacio amplio y plural es un cuentito de la puerta para afuera pero, en realidad, Cambiemos gobierna de forma clásica, homogénea y hegemónica.


El Banco Nación desde que asumió este gobierno se centró en la banca individuo y dejó de priorizar a las PYMES. Sobre la salida de Melconia, desconozco algunos detalles, pero tengo entendido que su autorreferencialidad no era bien vista en La Rosada. Sí me resulta raro que, a un año de iniciado el gobierno, Macri tenga que reconfigurar tanto todo el equipo económico.

Yo empezaría recuperando algo que habían propuesto los gobiernos progresistas de la región: que las transacciones entre los países sudamericanos no se hagan más en dólares e intentar armar intercambios favorables intrarregionales más allá del precio de las commodities, con valor agregado que es sinónimo de industrias y trabajo


Por último, ¿cómo impacta la distribución de la riqueza a colectivos afectados por la distribución inequitativa del poder como es el de las mujeres?


El ajuste tiene un sesgo femenino en la medida en que lo primero que se ajusta en el “gasto público” son los servicios como salud y educación. Si no hay una cama en un hospital la que se queda cuidando al enfermo, generalmente, es una mujer del grupo familiar. Si no hay cupos en el colegio y hay que llevar a estudiar al hijo lejos de casa es, en general, la mujer la que tiene que pasarse todo el día en un transporte público para llevar y traer al hijo de la escuela. Eso sumado a que la inflación de productos de consumo básico, que es aproximadamente del 40% anual, se da con mayor impacto en las personas que menos tienen por el peso del IVA. El ajuste, en definitiva, afecta sensiblemente a la renta disponible de las mujeres para llegar a fin de mes, ya que parten de una desigualdad salarial de casi el 30%.


Y eso se monta sobre otro aspecto del ajuste con sesgo femenino que vemos en los números del Indec (órgano estatal argentino a cargo de las estadísticas públicas): el aumento del desempleo es mayor en mujeres que en hombres, también el nivel de subempleo y precariedad laboral. Otro informe de investigadores del Conicet nos decía como los despidos afectan la autoestima y la salud mental de las mujeres que quedan mucho más presionadas en sus puestos de trabajo, y con muchas más tareas a cargo en el hogar y en el trabajo. Además, durante las crisis económicas las situaciones de violencia aumentan y las primeras afectadas somos las mujeres, en el hogar y afuera. Por todas estas cosas, la crisis indudablemente tiene un sesgo femenino.

El ajuste, en definitiva, afecta sensiblemente a la renta disponible de las mujeres para llegar a fin de mes, ya que parten de una desigualdad salarial de casi el 30%

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