“Arbizu era un bicho raro entre los banqueros”

 

El banquero argentino del JP Morgan Hernán Arbizu amaneció un día empapado de sudor. La noche anterior no había podido conciliar el sueño. Sus maniobras sucias de lavado de dinero operadas desde la entidad en la que trabajaba lo habían acorralado hacia un punto ciego de su vida. Él era una pieza clave en el engranaje de evasión fiscal que la firma norteamericana ofrecía a su selecta cartera clientes de Argentina. A su vez, Arbizu había realizado maniobras turbias sin reportarse a sus jefes.

 

En concreto, esa mañana el banquero senior argentino, una rara avis dentro de sus colegas ya que provenía de una familia de clase media, decidió contarlo todo: quiénes y cómo lavan y evaden dólares desde el país hacia el exterior. Sin embargo, para cerrar filas con la élite local, la Justicia Federal y los medios más influyentes del país no dieron crédito a lo dicho por Arbizu, quién actualmente presta declaración en la Justicia norteamericana para detallar cómo el JP Morgan fue clave durante la crisis del 2008 para hacer desbarrancar a su competidor Lehman Brothers.

 

Sin embargo, sí existieron periodistas que levantaron el oído para escuchar las filtraciones de una persona que parecía tener encima suyo una mochila de culpa y remordimiento muy grande. Leandro Renou e Ignacio Chausis, dos jóvenes periodistas especializados en economía del semanario cooperativo Tiempo Argentino, rechazaron hacer un examen moral sobre Arbizu, prefirieron no prejuzgarlo. Simplemente, hicieron periodismo con su caso. Tomaron su testimonio. Hablaron muchas veces con él, contrastaron sus denuncias con documentos oficiales y, finalmente, lograron realizar un libro que es una de las grandes apariciones del mercado editorial argentino durante el 2016. “Morgan Papers- confesiones de un empleado infiel” es, al igual que Arbizu, un bicho raro dentro de la narrativa local. Escrito en tono de crónica, y con un lenguaje para nada inasible, Renou y Chausis lograron armar una pieza que podría catalogarse como un “thriller financiero”. A continuación, un breve reportaje con uno de los autores sobre los hechos claves del libro.

 

-Hernán Arbizu fue la principal fuente de su libro. Seguramente, habrán compartido no sólo entrevistas, sino muchas charlas. ¿Qué lectura final hace de él como personaje? Y, en función de esa consideración, ¿Por qué, en la mayoría de los casos, la figura del arrepentido es denostada por la opinión pública?

 

-A ver, sin la aparición de los arrepentidos hoy estaríamos privados de conocer muchos casos significativos vinculados al lavado de dinero. En todas la causas abiertas que hay en este estilo, casos HSBC, JP Morgan PanamáPapers o Lux Leaks, tienen su origen en la declaración de un quebrado. Eso te da la primera pauta que el sistema bancario está preparado para que nade pase, para que no se filtren ese tipo de historias.

 

Ahora, por qué aparecen personajes como Arbizu. A veces, por una cuestión personal. En algún momento de su vida, funcionarios bancarios de alto rango u operadores financieros pueden caer en la cuenta de que están haciendo las cosas mal, de que su vida corre por fuera de los márgenes de la ley. Ahora bien, ¿Cómo actúan ahora las empresas para evitar la aparición de nuevos arrepentidos? Tratan de contener a la alta gerencia con buenos salarios, tratan de contenerlos por ese lado.

 

En definitiva, los arrepentidos son un factor clave para echar luz en la cuestión de la evasión fiscal porque es muy difícil que la Justicia federal avance en estos temas. Por ejemplo, Arbizu se autoinculpó ante la Justicia en el año 2008, prácticamente dijo: “llévenme presos señores”, pero la causa nunca se movió. Salvó él, nadie declaró ante la Justicia. Ninguna de las personas señalas por Arbizu fue llamada a indagatoria. Un hecho raro teniendo en cuenta que otros arrepentidos, caso Falciani (que destapó el caso HSCB) en Europa, si fueron puestos tras la rejas para luego, sí, prestar colaboración para la Justicia o el gobierno. Pero, en el caso de Arbizu no paso nada.

Por eso, sin ellos, no hay nada. Por eso, las personas que filtran una historia desde el interior de un banco saben muy bien que están jugando un rol importante. Los bancos también, por eso tratan de que no haya nuevos Arbizu. Pero, claro, el problema es que el personaje todavía es más débil que la corporación.

“Para evitar que surjan nuevos arrepentidos, los bancos tratan de contener ahora a su alta gerencia con grandes sueldos y compensaciones económicas”

 

-El pantano en el que entró el caso Arbizu resulta incomprensible en una coyuntura supuestamente favorable para él  ya que sus dichos señalaban a empresas enfrentadas con el kirchnerismo.

 

-Eso es relativo. Siempre en esos enfrentamientos públicos entre el sector político y el privado hay que ver cuánto hay de representación, y cuánto de realidad. La propia AFIP jugó bastante mal en el caso Arbizu. Hubo una gran disociación investigativa entre lo realizado por las fiscalías antilavado, la unidad de información financiera, y lo que hacía la AFIP.

 

-¿Cortocircuitos políticos?

 

-A ver, paso lo que ocurre en todos los países. Nuestra AFIP opera como todos los organismos recaudatorios. Su fin último pasa por recaudar dinero. En las denuncias de ese tipo, la AFIP juega como organismo recaudador. Busca cobrar impuestos, y no investigar la ruta del delito.

En otros países, como Estados Unidos, las denuncias de lavado de dinero se arreglan pagando una multa. Cuando el JP Morgan es señalado por ser parte activa de una operatoria de lavado o evasión de dinero, el organismo equivalente a la Comisión Nacional de Valores de Argentina impone a la entidad una multa que está tipificada con determinado monto. Luego, el banco abona la infracción y listo el caso. Así se resuelven las cosas en los países ricos.

 

 

Arbizu no estudió en los colegios donde concurren los banqueros argentinos que terminan trabajando para Wall Street. Él era de clase media"

 

 

-Y, en Argentina, no suelen tener grandes consecuencias esas denuncias por lo que usted dice, ni siquiera gatilla el pago de una multa. Ahora, ¿Parecería que el caso Arbizu sí se jugó fuerte en los medios?

 

-Sí, tuvo un despliegue en los medios de comunicación. Hubo grandes forcejeos políticos por el caso. Además, como Arbizu denunció corporaciones de todos los rubros, grupos de interés heterogéneos llegaron a sentirse parcialmente beneficiados con sus señalamientos. Lo que fue un problema para él en el campo de la Justicia. Las grandes empresas de la Argentina estaban envueltas en el caso Arbizu. Y la Justicia Federal argentina es muy permeable a la presión del poder político y económico. Además, la mayor parte de los jueces federales argentinos son muy sensibles a lo que dice la embajada norteamericana. Nosotros en el libro contamos como el FBI intervino localmente para que las denuncias de Arbizu no prosperaran.

 

-Queda pendiente su lectura sobre Arbizu. ¿Por qué un banquero tan importante un día decide terminar con lo que fue su vida hasta entonces?

 

-Arbizu tenía una particularidad. Es muy diferente al resto de los banqueros de su especie. Él no viene de una familia de cuello blanco, no se crío en las altas esferas. No estudió en los colegios donde concurren los banqueros argentinos que terminan trabajando para Wall Street. Arbizu fue al Liceo Militar, porque su padre tenía un origen castrense. Consiguió su primer trabajo buscando un aviso en el diario. Para nosotros, su historia, conducta y tipo de versatilidad, que es propio del argentino de clase media, es la que también termina llevándolo a la ruina.

Porque, recordemos, Arbizu asciende, gracias a su capacidad técnica, muy rápido dentro de la estructura de mandos del Morgan. Él llega a trabajar para la Unión de Bancos Suizos (UBS), que es un peso pesado, en el año 2006. Deja UBS después de trabajar un año y medio para ellos, y entra al JP Morgan, otro pez gordo del sistema financiero. Pero, mientras estaba en el JP Morgan seguía manteniendo lazos con la UBS, y jugando a dos puntas. En síntesis, Arbizu no era un tipo común para ese tipo de ambientes. Sin ir más lejos, Facundo Gómez Minujin, el titular de la entidad en Argentina, e hijo de la famosa artista, está en las antípodas de Arbizu. Minujin vive en la burbuja de la gente de clase alta. Se mueve en ciertos eslabones y cuando sale de esa zona de confort tiene problemas para relacionarse. No es un banquero común que atiende clientes detrás de un mostrador. Por eso, cuando surgen filtraciones desde adentro del sistema bancario, banqueros como Minujin se sienten dolidos con la situación. No sólo no la comprenden sino que estiman que no están incurriendo en un delito porque están totalmente naturalizados en trabajar con la cuestión del lavado de dinero.

 

Lo importante, en todo caso, es entender que personas como Arbizu son el brazo ejecutor de un plan financiero articulado por un banco. Los mails y mensajes tomados del Blackberry de Arbizu confirman que la entidad estaba totalmente al tanto de unas operatorias catalogadas back to back, que son movimientos estipulados a nivel internacional por el GAFI como operatorias de lavado de dinero. El JP Morgan supo en todo momento lo que Arbizu estaba haciendo.

 

-Pasemos a hablar, entonces, del jefe de Arbizu y no tanto de él. ¿Qué peso global tiene la entidad a nivel global en el lavado de activos?

 

-El JP Morgan tuvo y tiene mucha influencia. Vayamos a este año, y olvidemos lo denunciado en el libro. El JP Morgan es el banco que gestionó el 99% de las colocaciones de deuda que se hicieron en Argentina. No solo del gobierno nacional, sino de los gobiernos provinciales de distinto signo político. De hecho, Entre Ríos, que está conducido por una administración peronista, gestionó su deuda con el JP Morgan. Por lo tanto, es un banco que tiene fuerte injerencia en las altas esferas privadas, pero gubernamentales también.

 

Ahora, ¿Cuál es el fuerte del JP Morgan? La llamada banca privada. Todos los bancos grandes tienen una división llamado banca privada. ¿Qué hace dicho segmento? Fugar dinero a los grandes capitales y empresas sin registrarlo tributariamente en los países.

 

-Ahora Arbizu fue extraditado a los Estados Unidos para colaborar con la Justicia en una investigación que apunta al JP Morgan como responsable de la caída de Lehman Brothers. ¿Esto es así?

 

-Durante la gran crisis económica del 2008 Lehman Brothers estaba en una situación hipercomplicada. Nosotros contamos en el libro como la directiva del JP Morgan aprovecha esa situación utilizando información sensible para acelerar la caída del gigante financiero con el fin último de arrebatar clientes a su competidor. Arbizu estuvo en las reuniones donde se urgió ese plan, por eso la Justicia de EE.UU. está interesada en tomarle testimonio. En definitiva, en los últimos años, la administración Obama parece dispuesta a ponerle un freno a ese tipo de operatorias. Por eso, la reactivación de la denuncia contra el Morgan por Lehman Brothers y, por eso, el surgimiento del caso FIFA.

 

 

-¿Por qué menciona el caso FIFA?

 

-Porque hace muchísimo tiempo que vienen ocurriendo maniobras de lavado de dinero en el mundo del fútbol pero, recién ahora, cobra relevancia jurídica. Entiendo que Estados Unidos decidió que las Fiscalías tenían que avanzar en ese sentido.

“Todos los bancos grandes tienen una división llamado banca privada, desde ese espacio no declarado trabajan para fugar dinero de los grandes capitales”

-Después de haber estudiado el caso del JP Morgan me gustaría conocer su conclusión sobre las operatorias de lavado de dinero. ¿Un gran empresario que acude a los servicios de Arbizu es alguien que está dispuesto a hacer una jugada riesgosa o, por el contrario, se trata de un comportamiento habitual para esa casta del capital financiero?

 

-Se trata de una modalidad de negocios totalmente común. Y esa modalidad de negocios se basa en una red y una comunión de intereses entre medios, grandes empresarios, porque todos piensan más o menos lo mismo: no se trata de una operatoria ilegal.

 

En el llamado caso BNP Paribas quedo muy claro: los grandes patrimonios de acá se administran merced a los ofrecimientos de servicios que hacen estos bancos. Es un mecanismo muy aceitado, no hace falta escarbar demasiado. Ese grupo selecto de empresarios fue, es y seguirá administrando su riqueza evadiendo dólares fuera del país. Es decir, para que quede claro, los grandes capitales no pueden acrecentar su poder sino son capaces de fugar su dinero.

 

Porque no estamos hablando de evitar pagar 100 pesos del ABL (un impuesto capitalino) si no que se trata de esconder muchísimo, un monto de plata que es vital para seguir generando otro tipo de negocios. Y lo que es más grave es que todo se desarrolla en carriles formales e institucionales. Aparentemente, nada está fuera de la ley. Se trata de operaciones limpias, mayormente electrónicas. Por eso, el mito de que el dinero robado viaja en valijas o es arrojado por arriba de ciertos muros es falso. Eso no pasa porque, sencillamente, es imposible desde lo físico. Acarrea mucho esfuerzo y deja mucho rastro transportar cientos de millones de dólares. Los movimientos del capital fugado se hacen detrás de un escritorio y con los ojos puestos en una computadora. 

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