“EE.UU. busca ser el gran paraíso fiscal del mundo”

 

La lucha contra el lavado de activos no implica pensar en una fría planilla de Excel para Roberto Feletti, actual ministro de Hacienda de La Matanza, el municipio más poblado de la Argentina. Durante los dos gobiernos de la ex presidenta Cristina Fernández y el mandato al frente del Ejecutivo de Néstor Kirchner, Feletti ocupó roles significativos en el combate contra los flujos ilícitos tanto a nivel doméstico, desde la presidencia de una comisión bicameral legislativa encargada de investigar la fuga de capitales, como a nivel regional, representando al país en el Grupo de Trabajo sobre Integración Financiera de la Unasur (GTIF). En ninguno de los casos, la tarea implicaba monitorear todo desde un escritorio. Había que poner el cuerpo.

 

Durante su tarea en el Congreso, el ex Viceministro de Economía argentino tomó en persona testimonios de arrepentidos que fueron claves en el despape de filtraciones periodísticas con repercusión global, viajó al exterior para comprobar la hoja de ruta de los sospechosos movimientos de capital operados por la banca global; además, en el marco regional del GTIF, Feletti trabajó con otros pares sudamericanos en la edificación de una nueva arquitectura financiera zonal en pos de ganar autonomía monetaria y crediticia frente a los EE.UU.

 

En este reportaje Feletti repasa con el capítulo Integración y Desarrollo de la Fundación SES los aspectos más sensibles de la actual geopolítica financiera global. Un tablero trazado, al entender de Feletti, por el peso del libre comercio y el unilateralismo internacional. Dos aspectos que, desde la óptica del entrevistado, refuerzan la opacidad fiscal de las fortunas que manejan el destino del mundo.

 

-¿Qué pasos institucionales se pueden dar desde los Estados para frenar la opacidad fiscal?

 

-Puedo dar tres recomendaciones. Son las conclusiones que saqué luego de haber liderado en Argentina una comisión bicameral legislativa encargada de investigar el lavado de activos en la Argentina. Primero, monitorear con mucho celo la red de actuación financiera de los bancos extranjeros en el país. Era muy notorio en ese momento, y lo sigue siendo ahora con mucha más fuerza, cómo la banca global desmembraba la titularidad de sus activos en diferentes capas societarias para imposibilitar el monitoreo fiscal de sus cuentas. Este punto también es necesario para disminuir la extranjerización del ahorro interno.

En segundo lugar, es fundamental que los bancos globales transparenten su listado de clientes. Desde la comisión legislativa tomamos nota cómo la banca global no sólo incumplía las normas estatales que reglamentan en este capítulo sino que también hacía caso omiso las recomendaciones del GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional), que se supone es un organismo más en línea con el mercado. Los bancos presentaban notorias falencias en su personal destinado a investigar el lavado de activo y en sus auditorías contables internas a la hora de informar, por ejemplo, los legajos de los clientes que operaban con el exterior.

 

Para finalizar, y me parece una recomendación central, aparte de estar vinculada con las dos cosas que mencione, es necesario desde el Estado unificar los organismos de contralor. En Argentina, muchas veces, el cruzamiento de datos entre los distintos estamentos del Estado que deben velar por el control de los flujos financieros ilícitos no se hacía con la celeridad y la eficiencia que se debía. Cuando, del otro lado del mostrador, vos lidias con un solo operador de cuentas Es importante establecer, entonces, un vértice gubernamental encargado de conducir estratégicamente la investigación de los lavados de activos.

 

-¿A nivel regional se pueden establecer consensos zonales para limitar la circulación de los flujos financieros ilícitos?

 

-Muchos pensábamos que, tras la gran crisis económica global del 2008, la comunidad internacional se encaminaba a tomar una serie de medidas precautorias para limitar el poder de actuación de los paraísos fiscales. Esa preocupación apareció, originalmente, en el G20 pero, luego, esa decisión política fue dejándose de lado por presiones del Fondo Monetario. Además, a nivel internacional si se avanzó fue con la instrumentación de medidas muy tímidas como las orientaciones globales conocidas como BEPS (Plan de acción contra la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios). Los intercambios de información tributarios nunca se implementaron con la eficiencia y la celeridad que se necesita para limitar la opacidad fiscal. Entonces, tras esa ida y vuelta de los organismos internacionales en su plan contra el lavado de activos, aparecen los famosos arrepentidos.

 

Muchos pensábamos que, tras la gran crisis económica global del 2008, la comunidad internacional se encaminaba a tomar una serie de medidas precautorias para limitar el poder de actuación de los paraísos fiscales.Esa preocupación apareció, originalmente, en el G20 pero, luego, esa decisión política fue dejándose de lado por presiones del Fondo Monetario

 

-Lo dice de una forma irónica. ¿Por qué?

 

-Para contestarlo es necesario hacer un cuadro de situación del actual estadio capitalista. En la actualidad, comienza a haber una tensión entre las economías más desarrollados ante la avasallante fuga de capitales hacía las guaridas fiscales. Gobiernos muy poderosos de la eurozona, caso Alemania o Francia, están muy molestos con el rol preponderante que en la Unión Europea están acaparando países como Luxemburgo, Andorra o Suiza, muy laxos en el monitoreo fiscal. Es decir, ese drenaje de dólares hacia zonas offshore no sólo afecta a países en desarrollo sino a naciones que son miembro, incluso, de espacios claves de la economía global como el G7. En síntesis, los países más poderosos de Europa, evidentemente, no van a permitir que sus grandes fortunas no paguen impuestos y giren su renta hacia los paraísos intrarregionales. Conclusión, el poder de circulación y camuflaje del capital financiero está restructurando la capacidad soberana de los Estados como hace mucho tiempo no se veía.

 

-¿Y cómo se relaciona las grandes filtraciones periodísticas sobre el lavado de activos de los últimos tiempos, LuxLeaks o PanamáPapers, con lo que usted refiere sobre la crisis administrativa global del capital?

 

-Se vincula porque considero poco casual el surgimiento de los arrepentidos. Creo que hay una intención de Estados Unidos de poner en la agenda internacional la discusión de los paraísos fiscales, no para clausurarlos como opción evasora, sino para controlarlos y monitorearlos más de cerca. Desde la óptica de Washington, las zonas offshore del Caribe comienzan a ser caracterizadas como zonas donde clanes narco o grupos islámicos radicalizados pueden camuflar su dinero. Entonces, Estados Unidos quiere manejar ese mercado porque es un mercado que se ha hecho grande.

Por eso, en la medida que avance la desregulación del mercado, y en la medida que los países emergentes pierdan capacidad de regulación, y sólo sean vistos como escenarios de renta especulativa (tal como posicionó Macri a nuestro país en el llamado mini Foro de Davos), lo que se va a potenciar es la salida de capitales.

 

-Específicamente, ¿Cuáles son los sectores de poder de Estados Unidos que hacen lobby para rediscutir la arquitectura financiera de las offshore? ¿Entiende que hay un cabildeo de Wall Street sobre este tema?

 

-No me parece que haya una puja de un sector interno estadounidense para influenciar en la Casa Blanca. Considero, en todo caso, que Washington lo está tomando como una política de Estado. Su mira está puesta en controlar a los paraísos fiscales y concentrar esa fuga puertas adentro, hacia sus propias guaridas como el Estado de Delaware. Estados Unidos quiere ser el gran paraíso fiscal. El objetivo de la Casa Blanca es que haya menos caudales de dinero opaco depositado en las Islas Caimán, Bahamas o Suiza. Primero, para cortar el financiamiento del terrorismo internacional, así lo plantean oficialmente. Dos, porque pierden el control de varios negocios financieros.

Recapitulando, el surgimiento de las filtraciones y arrepentidos evidencia la necesidad política europea de poner más contralor gubernamental contra la fuga de capitales. Porque, además, ya no pueden justificar más el ajuste interno del gasto público. Si un país da dos pasos en simultáneo, como poner fin al Estado del Bienestar y en paralelo permitir que los capitales tiren manteca al techo en Suiza, lo más probable es que se produzca una severa crisis social y de representación. Además, los países europeos ya no controlan su moneda. Por lo tanto, todo el capital que se migra es moneda pura y dura. Se trata de una sangría financiera importante.

 

En el caso de Estados Unidos es distinto, porque emerge triunfante de la crisis global del 2008. Por lo tanto, se encuentra en una posición de fuerza para reordenar el tablero de las guaridas fiscales para maximizar su captación de renta financiera global. Su interés, repito, no pasa por regular dicho mercado sino que pasa por controlarlo.

 

No considero casual la aparición de arrepentidos. Creo que hay una intención de EE.UU. de poner en la agenda la discusión de las offshore, no para clausurarlas sino para controlarlas

 

-Según su lectura, los gobiernos sudamericanos, hoy más proclives en seguir los lineamientos de los organismos internacionales, buscarán entonces una salida más reguladora de los capitales tóxicos como está planteando Europa.

 

-No, todo lo contrario. Si tomamos el caso de Brasil y Argentina, en pos de poner las economías más significativas de la región, y donde se evidenciaron los giros políticos más evidentes, las restricciones que existían a la fuga de capitales se han dejado de lado de una manera muy notoria. Argentina tenía una restricción, no sólo cuantitativa, sino cualitativa al control de cambio. Por eso, durante el gobierno kirchnerista se buscó regular cómo las grandes corporaciones entraban y sacaban sus dólares del país. El presidente Macri lo explicitó muy bien en su discurso ante la Bolsa de Comercio: “Ya no tenemos más necesidad de escondernos”. Y (Michel) Temer va también por ese camino.

 

-Usted participó dentro de la Unasur del intento de plasmar, mediante una moneda común y la articulación del llamado Banco del Sur, una nueva arquitectura financiera regional. ¿Qué se logró y que faltó para avanzar en ese capítulo?

 

-A ver, pude representar a la Argentina en la Comisión de Integración Financiera de la Unasur, así que me gustaría aclarar varios puntos. ¿Qué ocurrió con la arquitectura financiera? Después del no al ALCA (en referencia a la Cumbre de las Américas de Mar del Plata del año 2005) como región logramos un gran objetivo: EE.UU. no pudo transferir su crisis económica colocando saldos exportables con valor agregado a bajo precio en Latinoamérica. En ese momento, también gracias al auge de los commodities, como región comenzamos a hacer superavitaria en divisas. Además, el no al ALCA potencia el intercambio comercial intrarregional. Sudamérica multiplicó por diez el volumen de sus transacciones domésticas entre fines de los años 90 y el año 2015. Entonces, la Patria Grande tenía su correlato concreto en las relaciones comerciales. El Mercosur tuvo en esos años un perfil distinto al de los noventa, era un mercado de Estados.

 

Conclusión, ese cambio político y económica puja la necesidad de establecer una nueva arquitectura comercial en dos vías: financiamiento y sistema de pagos. En el primer punto, la región tenía un banco pequeño, la Corporación Andina de Fomento (CAF), que integraba sólo a unos países. La CAF estaba interesada en plantarse como un banco de crédito regional. Por eso, una de las metas de la Comisión Financiera de la Unasur pasó por capitalizar al CAF, para apalancarlo como banco de crédito, potenciar su capacidad de tomar plata del exterior y su posibilidad de prestarlo de forma barata dentro de la región. Ese fue el primer paso, contar con un banco de desarrollo propio donde Estados Unidos no esté sentado en el proceso de toma de decisiones.

 

-¿Esa medida fue exitosa, terminó siendo sólo un paliativo o no gravitó en lo más mínimo?

 

-Yo fui representante por Argentina en el BID, en el Banco Mundial, y en la CAF. En los dos primeros casos, cuando te prestan dinero, los créditos para el desarrollo aparecen muy condicionados. Si Argentina proponía hacer, por ejemplo, un ferrocarril transpatagónico, el Banco Mundial no lo iba a financiar porque no refuerza los planes de infraestructura que necesita el G20 para desarrollar sus negocios. En cambio, dentro de la CAF estaban sentados los representantes sudamericanos. El tono de las reuniones del directorio de la CAF era diametralmente opuesto a la agenda y el diálogo desarrollo en la mesa del Banco Mundial.

 

Además, se impulsó la creación del Banco del Sur. ¿Por qué no se avanzó? Primero, porque Brasil nunca estuvo muy interesado, ellos cuentan con el BNDES y, por lo tanto, pensaban que dicho banco tenía que apalancar el desarrollo de la región. Por otro lado, Brasil era partidario de impulsar al real como moneda de transacción común. Entonces, no se avanzó más con el Banco del Sur porque Brasil buscó consolidar su hegemonía monetaria con el real y de desarrollo con el BNDES. Por supuesto, que era mejor pedir préstamos a Brasil que al Banco Mundial. En ambos casos, el órgano crediticio te condiciona la llegada de transnacionales propias. La tan mentada licitación internacional es un mito. Cuando alguien te facilita un crédito, te impone qué sectores del capital van a llegar a tu país. El Banco Mundial te otorga dinero a cambio de que desembarquen transnacionales europeas. Lo mismo pasa con China. En el caso de Brasil, lo que cambia es que vos como socio regional podes colocar proveedores locales con capacidad de generar valor agregado. Pero, con el Banco del Sur en rigor de verdad, sacando los países bolivarianos, el conjunto de los gobiernos sudamericanos no quisieron avanzar mucho en su fortalecimiento.

 

Con respecto a los medios de pago, la región tenía históricamente un mecanismo que era la ALADI, un medio de compensación entre Bancos Centrales para sus operatorias. Ahora, cuando relevamos dentro de la Comisión de la Unasur el peso de la ALADI verificamos que sólo el 8% del comercio regional pasaba por ahí. Por eso, los países bolivarianos plantean el SUCRE (Sistema Unitario de Compensación Regional) como salida porque la gran apuesta era la desdolarización del comercio común. Pero, con el correr de los años, fueron perdiendo fuerza estos mecanismos y no se pudo ganar cuotas de autonomía frente al dólar como patrón monetario.

 

La tan mentada licitación internacional es un mito. Cuando una potencia facilita un crédito te impone siempre qué sectores del capital van a llegar a tu país. Por eso, impulsamos el Banco del Sur

 

-Dio a entender que el libre comercio promueve la evasión fiscal. Ahora bien, la perdida de multilateralidad refuerza la fuga de capitales y la incapacidad de regular los flujos tóxicos. ¿Cómo incide la pérdida de influencia de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica) en este punto?

 

-Para ser sinceros, los BRICS nunca tuvieron una agenda en este tema. Esas cinco naciones convergen porque, a principios de los años 90, reunían sólo el 8 % del producto bruto internacional. Pero, hacia el 2010 las cinco economías implicaban el 30% del mismo índice. Contaban con un tercio de la demanda global. En un mundo en crisis, me refiero a los años 2008 y 2009, los BRICS se planteaban como una salida interesante. Aparte eran países demandantes de materias primas; por lo tanto, tenían una economía complementaria con los países de la región. Ahora, en términos estratégicos, los BRICS no plantearon una matriz de crecimiento y desarrollo opuesta al actual patrón de acumulación capitalista. Sí, es cierto, que existieron reconversiones exitosas hacia un capitalismo de tinte nacional dentro del BRICS, como sucedió con China. Pero, no estamos hablando como en la época de la vigencia del bloque soviético, de una contraposición total de modelos económicos e ideológicos. El BRICS en todo caso, en su momento de mayor esplendor, intentó disputarle campo de decisiones al G7 dentro del Banco Mundial pero, evidentemente, nunca se propusieron revertir la situación anómala de desarrollo que implica la propagación de los paraísos fiscales.

 

El BRICS en todo caso, en su momento de mayor esplendor, intentó disputarle campo de decisiones al G7 dentro del Banco Mundial pero, evidentemente, nunca se propusieron revertir la situación anómala de desarrollo que implica la propagación de los paraísos fiscales

 

 

-Crisis en Europa, declive de los BRICS, todas buenas noticias para los Estados Unidos.

 

-Sí, evidentemente, se está reforzando la unilateralidad en el balance de poder global. Además, Estados Unidos avanzó muchísimo en la autosuficiencia energética y con eso ganó competitividad comercial. Eso pone en jaque a Europa y a China. El otro punto es que esa ganancia de competitividad se está traduciendo en medidas proteccionistas. EE.UU. está dejando de a poquito de comprarle al mundo. Por eso, son muy inconsistentes las medidas de los actuales gobiernos conservadores de Sudamérica de querer abrirse al mundo cuando el mundo se está cerrando. El avance de la derecha nacionalista, la victoria del Brexit, la amenaza electoral de Donald Trump en Estados Unidos son síntomas de un retorno del aislacionismo comercial.

 

-¿El resultado de las elecciones en Estados Unidos pueden funcionar como un reordenador de la economía internacional?

 

-Sí, totalmente. Además, si Estados Unidos prolonga su estadio ganando competitividad comercial, y además profundiza su esquema de sustitución de importaciones, va a ser muy complicado para el resto de las economías del sistema mundo. Por último, ese esquema unilateral puede tensionarse si avanza un diálogo que, por ahora es incipiente, entre Alemania y Rusia. De alguna manera, Berlín y Moscú avizoran que si la supremacía económica norteamericana se afianza no va a haber lugar para el crecimiento sostenido de sus economías. Históricamente, son dos potencias enfrentadas por el control de Europa del Este pero la actual coyuntura creo que va a borrar esas diferencias. Recapitulando, el Brexit también es una contestación del Reino Unido a los Estados Unidos. Por eso, creo que el mundo va a un reordenamiento de los actuales bloques económicos regionales.

 

Los Estados deben establecer y unificar un vértice gubernamental encargado de conducir estratégicamente la investigación de los lavados de activos (...) Ante la estrategia homologada de evasión y opacidad, el Estado no puede responder con fragmentación política e institucional

 

-Por último, fue muy insistente en la idea de unificar el control estatal sobre el lavado de activos. ¿Por qué?

 

-Porque desde los gobiernos soles enfrentarte contra una sola cabeza que está decidiendo alternativas de valorización y de fuga que involucra operar en el mercado de capitales, en la Bolsa, operar en el mercado financiero, en los bancos, operar en el mercado de las commodities, operar en el tema fiscal. Entonces, ante esa estrategia homologada de evasión y opacidad el Estado no puede responder con fragmentación política e institucional. Por ejemplo, en Argentina la Comisión Nacional de Valores se ocupa del mercado de capitales, el Banco Central opera como superintendente de bancos, pero entre ellos no existe la coordinación técnica suficiente para monitorear como el mismo grupo financiero surfea de un lado al otro de la economía para camuflar su titularidad y evadir impuestos. Debería existir un directorio conjunto conformado por las cabezas de esos organismos que, en mi opinión, debería funcionar dentro de la Jefatura de Gabinete. En una palabra, el Estado no puede contar con reguladores fraccionados de mercado.

 

 

 

 

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