La profesora Juliana González Jauregui es Titular de la Cátedra "Estudios sobre China en el mundo actual" en los programas del Área de relaciones internacionales de FLACSO Argentina. Su tesis doctoral indagó en la relación comercial bilateral y de inversiones entre China y Argentina. González Jauregui habló con SES América Latina sobre la actual agenda vincular entre América Latina y el gigante asiático.
-¿China es una metrópoli amigable con América Latina?
-Primero, no comulgo con la autodefinición china de considerarse parte del sur global. Prefiero más pensar a China como una potencia mundial económica. En el plano militar, incluso, el país asiático también se está proponiendo erigirse como un líder global. Por ejemplo, está fabricando sus propios porta-aviones y ha anunciado el emplazamiento de su primera base militar extraterritorial, en Yibuti (África).
Aunque es muy evidente el cambio discursivo del actual presidente Xi Jinping en relación a la narrativa manifestada por sus predecesores en el cargo. En lo concreto, Xi no utiliza la noción de ascenso pacífico en el entramado de su política exterior; es decir, el actual gobierno es más ambicioso e intenta ponerse en un plano de igualdad con las demás potencias.
-¿Qué otros sesgos distinguen a China como hegemón global con respecto a los EE.UU.?
-Bueno, en términos discursivos, repito, China se asume parte del sur global. Pero, me parece una percepción fallida. Muchos académicos de la región coincidimos en eso. Aunque, el rol de China rompe la clásica lógica centro-periferia. Hay que hacer la salvedad de que China está siendo artífice de una reconfiguración global, que desafía la unipolaridad tal como la sostuvo Estados Unidos en su momento.
Luego, China comienza a acercarse en el siglo XXI a la región desde una cooperación abarcadora, con una agenda de diálogo que busca trascender lo económico. Además, China siempre se compromete a no inmiscuirse en los asuntos internos del país con el que traba un acuerdo. Sólo exigen de su contraparte el reconocimiento diplomático de "una sola China" para cercenar el reclamo de soberanía de Taiwán.
-A pesar del trato respetuoso por la autodeterminación latinoamericana, ¿La región pudo modificar la matriz deficitaria y primarizante que rige en el trato comercial con China?
-Argentina y Brasil, durante las presidencias de Cristina Fernández y del lulismo, intentaron ejercer una presión en ese sentido. Por ejemplo, impulsaron medidas antidumping; a veces, de forma unilateral, y otras de forma coordinada, sobre todo para frenar el ingreso masivo de productos industriales chinos. Ahora, esas políticas proteccionistas no pudieron modificar el perfil del vínculo económico, que reproduce el rol periférico asignado a nuestras economías desde el siglo XIX en la división internacional del trabajo.
En la actualidad, la canasta exportadora de los países latinoamericanos a China viene descendiendo en la incorporación de valor agregado. Pensemos en el aceite de soja. Argentina vendía cuantiosos volúmenes de ese bien hasta que en el año 2010 China presenta un reclamo porque aduce exceso de solvente en el producto, una acusación que luego fue demostrada como falsa por investigadores locales.
-¿Cómo es el vínculo en el plano financiero donde Beijing viene tendiendo líneas de crédito internacional propias?
-En esa agenda el comportamiento chino difiere del estadounidense. Por ejemplo, la potencia asiática exige menos condicionalidades a los países deudores del sur. A través del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, un proyecto estratégico donde China centra muchas expectativas, la potencia asiática edifica una obligación contractual más amable a la exigida por el Banco Mundial, el FMI y el BID, entidades con la que intenta competir.
Esa política es muy atractiva para los países en desarrollo. Ahora, en los proyectos de infraestructura solventados por el Banco Asiático, China exige en la letra chica del contrato que las empresas involucradas sean locales, y lo mismo estipula sobre el origen de la mano de obra calificada a emplear. Además, se muestran cerrados en el capítulo de transferencia de tecnología.
-¿En qué consiste el proyecto China 2025?
-Ese objetivo surge durante la presidencia de Xi Jinping. Beijing pretende alcanzar el status de constituir una sociedad plenamente desarrollada en el año 2049, cuando se cumpla un centenario de la fundación de la República Popular. Por eso, China está elevando el porcentaje de su presupuesto en Innovación y Desarrollo a una cuota similar a la que destinan los países centrales en esa área.
Entonces, con el proyecto China 2025, la potencia asiática quiere erigirse en una referencia global tanto en robótica, aeronáutica, electrónica, electromecánica. También en tecnologías de la información, equipos de energía marítima, aeronavegación, ferrocarriles de avanzada (alta velocidad), vehículos bajo consumo, biomedicina, equipamiento agrícola.
-¿Qué lecciones a tomar deja la presencia china en África?
-África es una región más complicada en el siguiente aspecto: si las condicionalidades chinas en América Latina para desembolsar inversiones de infraestructura han sido pocas; en África, al tratarse de países más pobres, el tutelaje de Beijing ha sido mucho más notorio.
En líneas generales, la presencia de China en África resalta lo que se denomina "la trampa de la deuda" porque esas naciones tienen mucha dificultad en devolver en tiempo y forma los abultados préstamos recibidos.