Las decisiones económicas que afectan a millones de personas se toman en mesas donde la ciudadanía no tiene asiento. Los organismos internacionales, los ministerios de finanzas, los bancos centrales: todos estos espacios donde se definen las políticas que determinan el bienestar de las mayorías operan con escasa participación ciudadana.
Esta "mesa vacía" es una metáfora de la exclusión democrática en la toma de decisiones económicas. Mientras que en otros ámbitos de la política pública existen mecanismos de participación ciudadana, las decisiones fiscales y monetarias se consideran demasiado técnicas para ser sometidas al escrutinio público.
Sin embargo, no hay nada más político que la economía. Las decisiones sobre impuestos, gasto público, deuda y política monetaria tienen ganadores y perdedores. Presentarlas como decisiones puramente técnicas es una forma de despolitizarlas y de excluir a quienes más las sufren de la posibilidad de influir en ellas.
La democratización de la política económica requiere múltiples estrategias: mayor transparencia en la toma de decisiones, mecanismos de participación ciudadana en la elaboración de presupuestos, fortalecimiento de los parlamentos en el control de la política fiscal, y una sociedad civil informada y organizada.
Llenar esa mesa vacía es un desafío democrático fundamental para América Latina. Solo con una ciudadanía activa y participativa podremos construir economías que sirvan a las mayorías.


